Cartas persas

Autor: Montesquieu
Me parece, mi querido ***, que las cabezas de los más grandes hombres se vuelven pequeñas cuando ellos están juntos; y que allá donde hay muchos sabios juntos, hay menos sabiduría.

El balcón en invierno

Autor: Luis Landero
En todas las casas de mi familia se comía más o menos igual.  Sólo se compraba en la tienda lo que no se podía producir en el campo o elaborar en casa.  En las casas de mi familia yo nunca vi un refresco, ni un bote de leche condensada, ni un plátano, ni un dulce de pastelería. ... En mi familia no había nadie con estudios, ni siquiera el bachiller elemental.  Unos habían ido a la escuela el tiempo justo para aprender a leer, a escribir y a hacer las cuentas.  Otros habían aprendido algo, pero por falta de práctica habían olvidado lo poco que sabían.  Había, por ejemplo, quien sabía leer pero no escribir. ...  Tampoco ninguno, que yo sepa, había visto el mar, a excepción de mi padre, que durante la guerra lo vio en Barcelona, por primera y última vez. ... Tampoco ninguno había viajado, salvo por el servicio militar.  Nadie tuvo coche, ni moto, ni bicicleta; solo burros, mulas, yeguas y caballos.  Nadie había estado nunca en un restaurante o en un hotel.

El sonido y la furia

Autor: William Faulkner
Te lo doy (un reloj) no para que recuerdes el tiempo, sino para que te olvides de él de vez en cuando y no gastes todos tus alientos tratando de conquistarlo.  Porque ninguna guerra es ganada, dijo.  Ni siquiera son peleadas.  El campo de batalla sólo revela al hombre su propia locura y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e idiotas.

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