La parte inventada

Autor: Rodrigo Fresán
La parte inventada que no es, nunca, la parte mentirosa, sino lo que realmente convierte algo que apenas sucedió en algo como debió haber sucedido.

La parte inventada es el primer libro de Rodrigo Fresán que lee quien escribe estas reseñas.  ¿Cómo es esto posible?  No hay más respuesta que una cara de vergüenza y echarle la culpa a la prensa, que claro, no habla sino de los best-sellers.  Pero creo sinceramente que todos los autores en español tienen que tener una mezcla extraña de emoción y envidia cuando leen al argentino.  En serio.  Después de haber perdido a los grandes del siglo pasado (Borges, Cortazar, Mutis, García Márquez, Fuentes, etc.) y luego a Bolaño a comienzos de la década pasada (dios santo, qué pérdida, cómo íbamos a hacer para recuperarnos), leer a Fresán es encontrar otro héroe, otro artista de la lengua.  Y para que no digan que exagero, inserto aquí varias frases de este increíble libro:
Y el amor puede ser tanto el pozo como aquello con lo que llenas el pozo sin nunca llenarlo del todo
¿Qué se puede decir de La parte inventada?  Que es un libro para literatos o para escritores.  Es decir, que hay que saber (o pretender saber) de literatura para disfrutarlo.  Hay que más o menos conocer The Great Gatsby, o Tender is the night, o Wutherting Heights.  Hay que haber leído una cantidad decente (Hemingway, Fitzgerald, Melville, Bradbury, Joice, James), para saber las referencias hechas a lo largo de la quijotesca novela -mi edición tiene 566 páginas.  La otra alternativa es que un novato en la literatura  agarre el texto para anotar todos los libros que hay que leer.  O para aprender a escribir - ¡que viva la ambición!
En el final de Corrección, una madre le pregunta a su hija -a la vez que se response a sí misma; porque es una de esas preguntas que en realidad son una afirmación con apenas una sola y última palabra entre signos de interrogación- un "Tú no tienes nada para reprocharme, ¿verdad?".  A lo que la hija responde: "No te reprocho nada; lo que no es lo mismo".
Pero como demostrado arriba, uno se encuentra párrafos que le arrancan la carcajada.  O nuevos modelos de voice en off como simplemente escribir en otra fuente, lo que le da una nueva dimensión (una más profunda) al narrador.  
Hay otra cosa que hace de Fresán un escritor original y es quizás su modernidad.  Nos habla de Pink Floyd y del internet, Facebook, Twitter, sin que esto le dañe el texto.  Otros escritores lo intentan, pero uno siente algo raro cuando lee esas palabras en una novela (cómo si no pertenecieran al mismo medio o fueran ya una gran contradicción).  A veces incluso, como un inglés mal pronunciado.  A Fresán, en cambio, le da una sensación de cercanía, de estar leyendo, hablando, con una persona de hoy.  A uno, de verdad, le da ganas de ser amigo del tipo, ir a tomarse un trago con él, porque se siente que el tipo no nos va a marear hablando sólo de libros.
Hiriz no es feliz porque para ser feliz hay que relajarse primero
La novela tiene un comienzo absurdo de bueno:
Cómo empezar.

O mejor todavía: ¿Cómo empezar?

(Añadir los signos de interrogación que, nada es casual, tienen la forma de anzuelos, o de garfios.  Curvas afiladas y punzantes ensartando tanto a quienes leen como a quienes son leídos.  Tirando de ellos, trayéndolos desde el claro y calmo fondo hasta la turbia e inquieta superficie.  O haciéndolos volar por los aires hasta caer justo dentro de la playa de estos paréntesis.  Paréntesis que más de uno criticará o juzgará ortográfica y estéticamente innecesarios pero que, en la incertidumbre de la partida son, ah, tan parecidos a manos juntándose en el acto de rezar rogando por un buen viaje que ya comienza...
y una historia extraña que se muerde la cola y vuelve a empezar.  Es un libro que, sin duda, muchos literatos leerán varias veces, que encontrarán puertas escondidas, y lineas que inicialmente decían una cosa, pero que re-leídas decían otra.
El que lo lea una sola vez (el caso de quien escribe) igual lo disfrutará.  Encontrará al personaje de Ismael Tantor (que se presenta "llámame Ismael" - madre santa...), hombre enorme, con memoria paquidérmica para los chistes y que, literalmente, se muere de la risa.  Se verá atacado por las descripciones obvias pero nunca antes vistas:
Pero al chico le parece que esos seis meses son como terribles y definitivos, seis meses.  Como esos meses de tanto tiempo atrás: como si él tuviese aún diez años y ella ya hubiese cumplido los once y lo contemplase desde la otra orilla, con algo creciendo a la altura del pecho, bajo su vestido.  Un pecho que se está pluralizando: pechos.
y encontrará otras frases, de verdad, extraordinarias:
Una vez que los idiotas consiguen convencerse de algo así ya no hay retorno posible.  Lo único que queda es soportarlos con paciencia o con amor, que es lo mismo, porque el amor siempre termina siendo una de las tantas variedades de la paciencia, Penélope...
En fin.  Mucho libro.  Mucho escritor.  Por favor: no se lo pierdan.
Paros, Grecia, Septiembre 2015

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