La fortuna de los Rougon

Autor: Émile Zola

Él, que en el fondo no amaba a los curas, se acordó con emoción de su primera comunión cuando creyó haberse tragado a Jesús.

Casi todo el mundo comienza los textos de Zola agarrando Germinal, aquella obra maravillosa, bandera universal de los partidos de izquierda, que es al mismo tiempo tratado social,  thriller, y una de las más importantes obras de la literatura de su tiempo.  Pero salvo, el estilo, nadie podría pensar que La fortune des Rougon, el primer libro de la zaga Les Rougon-Macquart (20 libros en total), fue vernácula de la misma mano.  Zola, aunque igual de sensible, fue bastante duro con sus personajes.

El texto tiene entre doscientas y trescientas páginas -dependiendo de la edición- y se lee en un santiamén.  Zola, a sus 31 años es ya eficaz en su prosa y rápido en el desarrollo de una historia que toma al lector y no lo suelta.  Vale la pena recalcar, que su eficacia no le quita belleza.  El escritor francés logra plasmar para siempre las delicias del primer beso y del primer amor.  Es simplemente increíble como el gran escritor expresa la intensidad y los detalles de aquello que viene moviendo nuestros corazones desde el principio de nuestros días.  Entre lineas, Zola nos susurra que nunca cambiará.
La introducción de la edición sobre la cual se hace esta reseña, dice que una de las temáticas más importantes que el francés quiso abarcar fue la herencia.  Él comienza  su historia desde los abuelos -todos carentes de carácter- que fueron dando orígenes a otras bestias y una que otra flor que no tardó en perecer.  Entonces los que no eran rufianes, eran estafadores y aprovechados, y los que no eran ni lo uno, ni lo otro eran o idiotas o egoístas.  Incluso los "héroes" del libro fueron maltratados por su creador.  No teniendo más madera para el final, el libro finaliza diciéndole al mundo lo que éste no quiere oír: que la justicia es un concepto humano, pero no natural y por ende, no obligatorio.  Verdades plasmadas en textos que sobreviven los siglos y a los que, si tenemos suerte, seguiremos teniendo acceso.
Paris, Mayo, 2015

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