Cartas persas

Autor: Montesquieu
Me parece, mi querido ***, que las cabezas de los más grandes hombres se vuelven pequeñas cuando ellos están juntos; y que allá donde hay muchos sabios juntos, hay menos sabiduría.

Las lettres persanes aparecieron en 1721 publicadas desde Amsterdam.  Montesquieu en su introducción dice que él se limita a traducirlas, pero el contenido deja en claro el ya conocido estilo del pensador francés y la deja para la historia como una de las más importantes reflexiones sobre los comportamientos de la época.
El personaje principal de las cartas es Usbek, un persa rico que viaja a Paris con su compañero Rica.  Desde ahí ellos mandan cartas a varios personajes contándoles sus impresiones sobre la "modernidad occidental" mientras que ellos les responden de lo que pasa en sus hogares mientras ellos no están. 
La actualidad de algunos pensamientos de Montesquieu es aterradora.  Sobre Dios, dice: 
¿Como Dios podría prever las cosas que dependen de la determinación del libre albedrío?  Él no podría verlas sino de dos maneras: por conjetura, lo que es contradictorio con la presencia omnisciente: o bien las vería como efectos necesarios que seguirían infaliblemente de una causa, lo que es aun más contradictorio: porque el alma sería libre por la suposición y en ese caso ella no sería más libre que una bola de billar que se mueve cuando es empujada por otra.
...
Dios mete a Adán en el paraíso terrestre a condición que el no comerá el fruto prohibido: precepto absurdo en un ser que conocerá las determinaciones futuras del alma: ¿puede un ser tal,  poner condiciones a su gusto, sin hacerlas irrisórias?
Sobre el matrimonio y defendiendo el divorcio, en 1700 cuando el divorcio sino era prohibido, era sí socialmente sancionado, dijo:
(sin el divorcio) uno no tira solamente toda la dulzura del matrimonio, sino que le da su fin: queriendo apretar los nudos, estos se relajan; en vez de unir los corazones como se pretendía, estos se separan para siempre.
En una acción libre, donde el corazón debe hacer su parte, uno mete la molestia, la necesidad y la fatalidad del destino.
Sobre su opinión sobre la mujer se esconde y se muestra más bien parco.  Uno no llega a adivinar entre las narraciones de las esclavas y los castigos del persa a éstas, en qué lugar está parado el filósofo francés.
Las cartas persas son entonces aun modernas, un regalo que nos llega desde trescientos años atrás y que pueden ser leídas como el whisky puede ser bebido.  A sorbos en los buenos ratos.
Cali, Colombia, Marzo 10, 2015

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