Partiendo las aguas

Autor: Taylor Branch 

“La justicia no va nunca separada del amor.  La justicia es una aplicación negativa del amor…  La justicia es un chequeo (por la fuerza, si es necesario) de la ambición de individuos que buscan superar su propia inseguridad a costa de otros.  La justicia es el mensaje del amor a la mente colectiva”

Un muy querido amigo me dio como regalo Parting The Waters: America in the King Years 1954-1963.  El libro es enorme –casi 1000 páginas–, pero es una lectura tan apasionante que quien comience a leerlo querrá con certeza, poder terminarlo.  La desilusión –¡y la alegría!– vendrá cuando se de cuenta que hay otros dos volúmenes que continúan la increíble narración de un movimiento que cambiaría para siempre la manera como los blancos tratarán a los afro-americanos en Estados Unidos y quizás en el mundo.

Dicen que leer es vivir, pero quizás la palabra apropiada en este caso sería revivir.  Los sucesos descritos en este libro son reales y no muy lejanos; sin embargo, cuando se visita, se vive (o se ha vivido) en Estados Unidos, nos parecen que pertenecen a otro siglo.  En 1955 Rosa Parks decidió no sentarse en la parte de atrás del bus, sino adelante.  La respuesta de los blancos a un gesto tan insignificante fue el arresto.  Los negros se organizaron entonces para no viajar en buses, hiriendo gravemente la economía de las compañías transportadoras; mis pies están cansados, pero mi alma está descansada –decían todos inspirados por la frase de una anciana.  En 1960 cuatro estudiantes decidieron sentarse en un dinner, la respuesta fue meterlos a la cárcel.  En soporte, cientos de negros marcharon entonces a la prisión para ser encarcelados voluntariamente.  En esa época ir a la cárcel por el movimiento no era un estigma, sino un honor. 


Uno a uno fueron hablando los estudiantes, siendo Bertha Gober, una estudiante diminuta con voz de niña, la última en el pulpito.  Ella describió su arresto, quienes la capturaron y los detalles sórdidos de su celda.  “Sentí que era necesario mostrarle a esta gente que la dignidad humana debe ser obtenida aunque sea a través del sufrimiento y el maltrato… Volvería hacerlo cualquier día… Después de haber pasado esas dos noches en prisión por una noble causa, siento que he ganado un sentimiento de decencia y autoestima, un sentimiento de limpieza que ni el más sucio muro de la cárcel de Albany, ni las acciones de mi institución, pueden quitármelo”

Vale la pena preguntarnos entonces si iríamos nosotros a la cárcel por un principio.  La respuesta tiene que hacernos mirar los esfuerzos hechos por los afro-americanos de esa época con humildad y admiración.

¿Y Martin Luther King?  Pues King, hombre de educación, religioso –era reverendo–, fue quien, obligado por su época, organizó la lucha.  No una lucha de armas como la del Ché Guevara, sino una de no-violencia como la de Gandhi (muchas de las prácticas del movimiento en Estados Unidos vinieron directamente de las experiencias hechas en India).  Ésta lucha fue mucho más larga y más dura: es mucho más difícil resistir una golpiza y poner la otra mejilla, requiere más valentía hacer sentir al contrincante su falta de moralidad, que responderle con un balazo.  Esta lucha aunque mucho más larga –como la historia puede constatar–, fue también mucho más eficaz.

Decir que ésta fue una guerra de blancos contra negros es simplificar el asunto.  Es (y sigue siendo) una lucha por cambiar nuestras mentes, la manera como vemos el mundo, aún si el mundo que nos rodea nos dice lo contrario.  Cuando se inició el bus boycott (la campaña para no viajar en los buses), los afro-americanos contaban en sus iglesias que algunas patronas les daban billetes de $5 para viajar en taxi con la condición que no le dijeran nada al patrón.  Luego el patrón les daba otros $5 con la condición de que no le dijera nada a la esposa.  Algunas personas querían el cambio, sentían la injusticia, pero no sólo no veían cómo solucionarla, sino que tampoco harían algo al respecto.  Si la solución tenía que venir de alguna parte, tendría que venir de la comunidad victimizada.

El trabajo de Branch es impresionante y le ha hecho merecedor del premio Pullitzer.  Quien escribe estas reseñas no puede esperar a leer los otros dos tomos de esta historia tan importante.  Ya con el primer tomo, no importa quien lo lea, podrá apoyarme en el hecho de que es un libro que hay que leer.

Paris, Septiembre 15, 2014

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