A puerta cerrada y Las moscas

Autor: Jean-Paul Sartre
Yo no voy a amarte, te conozco demasiado
A puerta cerrada (Huis clos, en francés) tiene una de las frases más famosas del Nobel filósofo francés: El infierno son los otros.  De hecho, ése es el tema de la magnifica obra de teatro escrita en 1943 y presentada en las tablas en 1944.
El telón se abre mostrando un cuarto de hotel con tres muebles.  Un hombre entra en compañía de un botones, que le avisa que la puerta permanecerá cerrada y que aunque hay un botón que sirve para llamar al servicio, éste sirve sólo de vez en cuando.  Pronto dos mujeres entran en escena (encerradas ellas también en el mismo cuarto) y comienza a mostrarse los temas favoritos del francés: la insoportable existencia y la vanidad.  El concepto es brillantemente elaborado: tres personas en un cuarto encerradas para siempre.  No hubieran podido ser dos —dos personas para siempre, es normal y hasta deseado, pero cuando llega la tercera, aquella que mira y que juzga, la situación se hace insoportable.  Las dos mujeres se ayudan, se odian y hablan.  El hombre, igual, se decide, luego cambia, compadece, se enloquece.  Y el ciclo vuelve y comienza dentro de ese cuarto sempiternamente.  Un infierno más ardiente es imposible.

Las Moscas

Jupiter: Un rey es un dios en la tierra, noble y siniestro.
Egisto: Siniestro, ¿usted?
Jupiter: Mírame.  Has sido hecho a mi imagen.  Nosotros hacemos reinar el orden, tú en Argos, yo en el mundo; y el mismo secreto pesa en nuestros corazones.
Egisto: Yo no tengo ningún secreto.
Jupiter: Sí lo tienes.  El mismo mío.  El secreto doloroso de los reyes y los dioses: que los hombres son libres.  Ellos son libres, Egisto.  Tu lo sabes, ellos no.
Egisto: ¡Por Dios! Si ellos lo supieran, le meterían fuego a las cuatro rincones de mi palacio.  Ya van quince años que juego la comedia para enmascarar su poder

Las moscas (Les mouches) es una versión de la obra Electra de Sófocles.  Sus protagonistas son Jupiter (el dios) Electra, Orestes, Clitemnestra y Egisto.  Les mouches es el drama bajo una luz especial, una que muestra la tristeza de ser un dios y la cruel libertad humana.  Bajo esta luz queda reflejado entonces el hecho de que bajo una vida tan dura, para qué complacer a un dios;

Jupiter: … Ah, detesto los crímenes de las nuevas generaciones: ellos son ingratos y estériles como la cizaña.  Él te va a matar como a un pollo, el dulce joven, y después se irá, las manos rojas y la conciencia pura; yo me sentiría humillado si fuese tú.  Vamos, ¡llama a tus guardas!
Egisto: Ya le dije que no.  El crimen que se prepara le disgusta demasiado para yo no permitirlo.

Sartre adora entrar en la gran paradoja de la religión: no puede existir un Dios y al mismo tiempo el libre albedrío (¿para que sirve un Dios que no puede controlar un humano?).  Oreste le dice a Jupiter: No soy ni el amo ni el esclavo, Jupiter.  ¡Yo SOY mi libertad!  En el momento en que me creaste, dejé de pertenecerte.   En cuanto al libre albedrío, entra en una problemática interesante: que no somos tan libres como sí somos esclavos de nuestros actos, y que una vida sin actos (tan buenos como malos) es una patética existencia.  Así pues, van Electra y Orestes, cogidos de la mano y juntos hacia su debacle.  Dos obras de teatro, simplemente espectaculares.
Mayo 29, 2014

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