El fantasma de Canterville, La balada de la cárcel, De Profundis


Autor: Oscar Wilde

Nunca vi a un hombre mirar con tanto anhelo esa tienda de azul a la que los prisioneros llaman cielo

Si alguna vez el lector se pasea por el cementerio de Père Lachaise quizá se tope con la tumba de Oscar Wilde.  Sobre ella, esculpido, vuela un hombre alado con cierto aire egipcio, lleno de besos.  Los besos siempre intrigan.  Wilde era homosexual y fue atrozmente condenado por ello.  ¿Sería esa la razón de los besos?  Quizás.  Las obras más conocidas de Wilde son El retrato de Dorian Gray, El fantasma de Canterville, y La importancia de llamarse Ernesto; todas obras geniales sin duda alguna, pero ninguna meritoria de la ternura de todos esos labios sobre su tumba.  Quien escribe estas líneas le gustaría pensar que la respuesta se encuentra leyendo La balada de la cárcel y sobre todo, De Profundis, donde se aprecia hasta qué punto el inglés fue un hombre sensible y genio no únicamente en el sarcasmo y la ironía, sino también en su capacidad de conmover.

El fantasma de Canterville fue publicado por primera vez en 1887 y con más de un siglo encima, el cuento no ha envejecido un día: uno lo lee con el placer de un niño.  La trama es sencilla y perfecta: una familia de americanos compra a unos ingleses un castillo azotado por el espíritu de un fantasma.  Los ingleses previenen a los nuevos propietarios, pero estos deciden no hacer caso.  La relación entre el fantasma y los compradores es entonces la delicia del más exigente de los lectores.
The Ballad of Reading Gaol (La balada de la cárcel) fue publicada en 1897 después de que Wilde salió de la cárcel condenado por “ofensas homosexuales”.  El texto es hermosísimo.  Wilde escribe en versos, la vida de la cárcel, y de quien ve a alguien condenado a la pena de muerte:

Él no crispó sus manos ni lloró,
No miró, ni anheló,
Pero bebió el aire como si éste fuese medicina,
Con la boca abierta bebió el sol como si fuese vino

Los versos en inglés son sublimes y más de una vez lograrán sacar lágrimas a cualquier lector de piedra.
No bastándole escribir The ballad of  Reading Gaol, escribió también De Profundis, un ensayo y hasta una confesión sobre sus impresiones sobre la cárcel.  Quien aquí escribe lo leyó y no ha parado de reflexionar sobre palabras tan sinceras, verdaderas y conmovedoras. 

Porque la vida de la prisión, con todas sus ilimitadas privaciones y restricciones, hace de uno un ser rebelde.  La cosa más terrible no es que te rompa el corazón —los corazones fueron hechos para ser rotos—, sino que convierta tu corazón en uno de piedra.

Wilde habla de la tristeza y la eleva al grado del sentimiento más sincero (el dolor, a diferencia del placer, no viste máscara alguna).  Habla de arte y habla de Cristo, no con la angustia del desesperado, sino con el ojo clínico de un crítico.  Uno esperará del inglés algunas frases sarcásticas ante el sagrado personaje, pero inteligente como pocos Wilde lo compara con una obra de arte, homenajeándolo como ninguna iglesia lo ha hecho nunca.  Cualquiera pensaría encontrar entonces un texto lleno de odio, pero la sorpresa es lo contrario.  Uno, conmovido, se verá inclinado al llanto y querrá, él también, ir a besar la tumba del ser que dejó un testamento tan profundo.
Paris, Diciembre 18, 2013

1 comentario:

Memorias De una lectora dijo...

Hola!decirte que nos encanta tu blog!siempre es interesante conocer distintas opiniones sobre obras que ya has leído.
Acabamos de empezar y nos gustaría que te pasaras por nuestro blog y le echaras un vistazo!. Un saludo

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