El entenado

Autor: Juan José Saer

Por venir de los puertos, en los que hay tantos hombres que dependen del cielo, yo sabía lo que era un eclipse.

Entre aquella lista de los mejores libros escritos en los últimos 25 años se encontraba El entenado del argentino francés Juan José Saer.  Hasta que el libro fue conseguido (con mucho esfuerzo, valga la pena aclarar) quien escribe estas reseñas jamás había escuchado hablar del escritor.  Ha sido todo un descubrimiento.
El entenado es un libro pequeño con una historia que comienza también humilde pero que con el pasar de las páginas se va convirtiendo en mar, luego en selva, luego en indios caníbales y después abarcando un mundo mágico acompañado de una prosa que deja al lector con la boca abierta:

Esa vida me dejó —y el idioma que hablaban los indios no era ajeno a esa sensación— un sabor a planeta, a ganado humano, a mundo no infinito sino inacabado, a vida indiferenciada y confusa, a materia ciega y sin plan, a firmamento mudo: como otros dicen a ceniza. Durante años, me despertaba día tras día sin saber si era bestia o gusano, metal en somnolencia, y el día entero iba pasando entre duda y confusión, como si hubiese estado enredado en un sueño oscuro, lleno de sombras salvajes, del que no me libraba más que la inconsciencia nocturna.  Pero ahora que soy un viejo me doy cuenta de que la certidumbre ciega de ser hombre y sólo hombre nos hermana más con la bestia que la duda constante y casi insoportable sobre nuestra propia condición.

La historia es narrada en primera persona y de manera poética por un anciano que de joven se embarcó huyendo de su tierra.  En la rivera de un río, los marinos caen bajos las flechas de unos indios que luego se los comen asados.  La tribu, por una razón incierta, perdona la vida al joven y le dejan viviendo entre ellos (entenado significa adoptado), deformándole la vida para siempre.  Este libro perfecto termina con una frase maestral:

A lo que vino después, lo llamo años o mi vida —rumor de mares, de ciudades, de latidos humanos, cuya corriente, como un río arcaico que arrastrara los trastos  de lo visible, me dejó en una pieza blanca, a la luz de las velas ya casi consumidas, balbuceando sobre un encuentro casual entre, y con, también a ciencia cierta, las estrellas.

¡Que libro!
Paris, Diciembre 4, 2013
 Jose Antonio Velasco

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