Correspondencia de Gustave Flaubert

Autor: Gustave Flaubert – Edición: Bernard Masson

Yo soñé la gloria cuando estaba pequeño y ahora no tengo ni el orgullo de la mediocridad

Esta frase fue escrita por Gustave Flaubert a su amigo Ernest Chavelier en 1839 cuando no cumplía aun los veinte años y ya trabajaba en sus escritos.  Es impresionante —y al mismo tiempo refrescante— leerla de quien escribió la obra maestra Madame Bovary.  Aquella dedicación, auto-exigencia, pensamiento, y estricta estética sobre el arte de escribir le duraría toda la vida.
Vargas Llosa dijo en una conferencia o en un libro que leer La correspondencia de Flaubert debería ser tarea obligada para cualquiera que quiera ser escritor.  El nobel no se equivoca.  El escritor francés invita al futuro escritor a olvidarse del “estilo de vida del escritor”: su fama y su fortuna.  Él consideraba estas consecuencias como distracciones cuando se habla de la perfección en un arte y el legado de una vida. 
Es una verdadera lástima que la correspondencia como se entendía en esa época haya dejado de existir.  Las cartas, aunque enviadas a terceros, eran también un retrato de la época y de quien las escribe.  Dudo mucho que podamos compilar en el futuro, los correos electrónicos de alguien y hacer algo coherente.  Es más fácil, también, agarrar el teléfono y decir lo que hay que decir sin esperar días por la noticia.  Las epístolas de Flaubert nos dan entonces la oportunidad de entrar en la intimidad de uno de los escritores más grandes del siglo XIX, de sus amistades, sus pensamientos, sus miedos y sus ansiedades.
Su correspondencia es enorme y en ella se muestra su eterna juventud, su dedicación a la obra, y la dificultad enorme del arte de escribir.  No pocas fueron las ocasiones en la que él contaba que se sentaba a escribir 10 horas al día por tres meses dándole sólo como resultado una decena de páginas.  Con Flaubert reímos, nos sorprendemos, lloramos, y aprendemos.  En su juventud, sus amigos le decían que publicase, que ya era hora, que qué esperaba.   Él respondía, ¿pero y el arte? ¿y la perfección de la narración?  Claro, cuando Madame Bovary fue publicada fue un golpe inmenso para todo el mundo.  Los grandes literatos leían boquiabiertos y los religiosos lo demandaron por faltas a la moral.  Imbéciles ha habido siempre.
Su relación con Victor Hugo (el gran cocodrilo, le llamaba), George Sand, Emile Zola, Ivan Tourguéniev y otros autores de la época elevan la conversación sobre literatura y la amistad a otros niveles aun si había desacuerdo entre ellos.  
El libro es enorme (más o menos 750 páginas), pero si el lector es un aspirante a escritor, entenderá cómo están construidos los grandes escribas, los inmortales.  Podrá apreciar que fueron gente normal, pero con una gran dedicación y seriedad para con su trabajo —y no con la fama—.
Finalizo esta reseña citando a Borges: “Don Quijote y Sancho eran más reales que el soldado que los inventó, pero ninguna creación de Flaubert es más real que él.  Su obra capital son sus cartas…”
Paris, Diciembre 26, 2013

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