Lord Jim

Autor: Joseph Conrad

Creo que nadie entiende bien sus propias evasiones maestrales para escapar de la sombra severa del conocimiento de sí mismo

Conrad escribió Lord Jim entre octubre 1899 y noviembre 1900, lo cual es casi increíble para una obra de esta talla.  Tanto la historia como la calidad literaria de la narración obligaron varias veces a quien aquí escribe a cerrar el libro y exclamar con perplejidad: ¿Cómo puede ser posible?  El libro es, simplemente, sublime.

Lord Jim cuenta la historia de un marinero joven, fuerte y seguro de sí mismo, metido en una situación que le hace actuar de una manera cobarde: en medio de un naufragio, el marinero salta en un bote junto con el capitán y otro grupo de marineros, alejándose mientras ven el barco hundirse con todos sus pasajeros.  Siendo juzgados, los otros niegan el acto y sacan excusas, pero Jim asume su acto; éste, como si fuese una mancha en su cara, le obliga a evadirse constantemente.
La historia es contada por el capitán Marlow, quizás uno de los mejores personajes narradores en la historia de la literatura—, que presenciando el juicio a los cobardes no puede dejar de compadecerse de ese marino que asume su acto vergonzoso con semejante heroísmo.  Marlow entonces hace unas narraciones que dejarán al lector boquiabierto:

Me gustaba su apariencia; conocía su apariencia; él venía del lugar correcto; él era uno de los nuestros.  Él estaba ahí en representación de los de su clase, hombres y mujeres no inteligentes o entretenidos, pero quienes su existencia estaba basada en la honestidad, en el instinto de la valentía.  No hablo de la valentía militar, o la valentía civil, o cualquier otra clase de valentía.  Hablo de la habilidad innata de mirar a la tentación directamente—una preparación no suficientemente intelectual, los cielos lo saben, pero humilde—un poder de resistencia, falto de gracia pero invaluable—una impensable y bendita rigidez ante los terrores externos e internos, ante el poder de la naturaleza y la corrupción del hombre

Conrad pone entonces a su personaje en una guerra perdida.  Hay que pensar que el tipo no cometió en sí ningún delito, pero faltó al llamado de los de su clase, a la vocación de morir en su bote y poner la vida de los demás en frente de la propia.  Con certeza fue un acto de cobardía , pero uno que cualquier persona en su lugar pudo haber cometido.  Es por eso que Marlow estima al atormentado e intenta ayudarlo dándole puestos que él marinero deja tan pronto como su vergonzoso acto es reconocido.  En la segunda parte del libro, Jim parte al oriente donde se convierte en el protector de toda una comunidad hasta que alguien del mundo de los blancos viene a acabar con el misterio de su existencia.
Queridos lectores: mentiríamos aquí si se dijese que la lectura de este texto es fácil hay varios narradores, Conrad va y viene en la cronología de la historia, algunos párrafos son enormes—, pero la recompensa es grande.  Éste libro se quedará, con todas sus marcas (aquel que lo lea con cuidado no podrá evitar subrayar muchas de sus páginas), en su escritorio o en su mesa de noche, para poder tener a la mano frases que lo transportarán o que simplemente le harán exclamar, como a mí: ¿cómo es este libro posible?


Paris, Noviembre 26, 2013
Jose Antonio Velasco

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