El arte de la ficción


Autor: John Gardner
En la mejor ficción, el sueño atrapa el corazón y el alma; no sólo respondemos a cosas imaginarias (vistas, sonidos, olores) como si fueran reales, sino que también reaccionamos frente a sus problemas como si estos también lo fueran: simpatizamos, pensamos, y juzgamos.  Revivimos por otros las aventuras de los personajes aprendiendo de sus errores y éxitos, de sus opiniones y creencias exactamente como aprendemos de la vida.  Entonces el valor de la gran ficción, comenzamos a sospechar, no es el de entretenernos o distraernos de nuestros problemas, no sólo el de expandir nuestro conocimiento de gente y conocimiento, sino el de ayudarnos a saber en lo que creemos, reforzando esas cualidades que son nobles en nosotros y que nos llevan a sentirnos incomodos con nuestras faltas y limitaciones.

¿Puede decirse que todo aquel que ama la literatura, amaría secretamente poder escribir?  Tal vez.  El arte de la ficción sería entonces un libro obligatorio no sólo para los que le gustaría escribir, sino también para los que adoran leer.  Porque querido lector, quien escribe estas reseñas les asegura que su manera de leer tiene un antes y un después de haber leído este texto.
La premisa de Gardner es simple: “la ficción hace su trabajo creando un sueño dentro de la mente del lector”.  Y cualquier detalle que traicione esa premisa es una falla de la parte del escritor.  El dramaturgo americano pasa entonces a explicarnos la diferencia entre describir y mostrar en un texto.  Nos dice que es diferente decir: “el hombre era feo”, a decir “el hombre carecía de cuatro dientes frontales y una cicatriz le atravesaba el rostro pasándole sobre el ojo izquierdo”.   Nos habla de la creación de la verdad dentro de la narrativa.  Uno le cree a Kafka cuando dice que Samsa se levantó convertido en cucaracha.  ¿Pero cómo?  Simple: los detalles no dejan dudar del suceso.  La frustración, las patas peludas, el esfuerzo de no poder voltearse.  La verdadera pregunta que uno se hace es cómo hacemos para no creerle.
Gardner habla de los errores comunes, de la importancia de la musicalidad y del arduo trabajo del escritor que es el arquitecto de hasta los más mínimos detalles de ese sueño.  También habla de lo que la literatura le otorga:

El verdadero escritor tiene una gran ventaja sobre la demás gente: el conoce la gran tradición de la literatura, que siempre ha estado a la vanguardia en moralidad, religión, política y reforma social.  Él sabe lo que las más grandes mentes literarias del pasado estuvieron orgullosas de hacer y sobre lo que no languidecieron; este conocimiento informa su práctica.  Él se hace a la compañía de aquellos a los que más respeta y disfruta: la compañía de Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare, etc.  Sus estándares se convierten en los suyos.  La mezquindad y el mal gusto desaparecen de él automáticamente; cuando él lee malos escritores, reconoce en ellos la vulgaridad.

Su libro consiste en dos partes: Notas sobre la estética literaria y Notas sobre el proceso de la ficción.  Cierto, el nombre de estas partes no es muy sexy, pero se garantiza que ninguno de los capítulos es aburrido o irrelevante.  Gardner es un excelente profesor: elocuente, demostrativo, cómico y exigente.  Los ejercicios que da al final de su obra son poderosos.  Para la muestra un botón:

Describa un lago visto por un hombre joven que acaba de cometer un asesinato.  No mencione el asesinato.

Queridos amantes de la literatura, el libro está disponible en internet y les cambiará para siempre la manera de leer y de escribir.
Paris, Octubre 2, 2013

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