En el camino (On the Road)

Autor: Jack Kerouac
…porque la única gente que me interesa son los locos, aquellos que tienen locura de vivir, anhelantes de todo al mismo tiempo, aquellos que nunca bostezan o que dicen cosas normales… pero que se queman y se queman y se queman como velas romanas a través de la noche
Jack Kerouac pasó quien sabe cuantos años viajando con su amigo Neal Cassady y On the Road es una narración, quizás una canción, sobre esos viajes.  El autor americano se sentó un día de abril de 1951, agarró 120 pies de un rollo de papel de esos que se utilizaban para las noticias, y escribió en tres semanas el contenido del que es uno de los libros más queridos en la cultura americana.  La recepción del libro fue un éxito desde el principio.
On the Road está escrito en cinco partes, todas un poco descabaladas, como el mismo Neal, compañero desenfrenado, perdido, irresponsable y siempre maravillado de Jack.  Ellos van y vienen por los Estados Unidos a veces en buses, otras veces en carros que los recogen en medio de la carretera, algunas otras por medio de servicios estatales que unían a la gente para viajar aportando todos un poco para la gasolina.  Jack cuenta sus fiestas, sus locuras, pero sobre todo también la tristeza que es el estar un poco perdido, el nadar en un mar de una melancolía que igual no le impedían apreciar las bellezas de la vida.
Yo no tenía nada que ofrecerle a nadie con la excepción de mi propia confusión.
Literariamente el libro es una obra de arte.  Las cinco partes del libro tienen cada una un único párrafo.  El texto está lleno de descripciones bellísimas —Y aquí por la primera vez en mi vida vi mi adorado río Mississippi ---seco en la neblina de verano,  con su gran olor apestoso que huele como el cuerpo crudo de la misma América, porque es él quien la lava—; la melancolía mezclada con la velocidad, es el lienzo en el que todo se pinta dejándonos con ambientes de carreteras, bares sucios, drogas y mujeres casi todas olvidables.
En cuestiones de amor, Kerouac lo reconoce como un ser de nunca alcanzar y una guerra llena de víctimas y victimarios.  Neal, su compañero se casa más o menos tres veces encontrando una nueva chica en cada viaje y enamorándose sinceramente de cada una, pasando a pedir el divorcio a la anterior.  Más o menos cuatro niños del adorado Neal  son dejados en el camino.  Nuevamente en esto Kerouac ni disculpa, ni se disculpa.  Uno de los posibles perdones para estos comportamientos hubiera sido no documentarlos, y sin embargo ahí están todos los testimonios.  El americano, a su vez, busca entre sus viajes, sus fiestas y sus vuelos de droga el amor que encuentra esplendoroso por las noches, pero que no reconoce al día o a la semana siguiente:
Comuniqué a Bea que me iba.  Ella lo había estado pensando toda la noche y estaba resignada.  Me besó sin emoción en los viñedos y caminó hacia el sur por el camino.  Nos volvimos después de doce pasos porque el amor es un duelo y nos miramos el uno al otro por la última vez.  “Te veré en Nueva York” le dije.
En el libro abundan las referencias al  jazz, que es de hecho la mejor manera de describir el libro.  Porque literariamente el estilo de Kerouak refleja dos cosas: la velocidad y la improvisación.  El texto o el rollo es entonces una larga canción, una melodía bellísima, a veces lenta, a veces repetitiva, a veces maravillosa de un viaje que no termina porque es la vida misma.  Esta canción se tiene que apreciar lentamente, porque esté seguro querido lector, usted no será el mismo después de haberla escuchado.
Paris, Agosto 30, 2013

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