Estrella distante

Autor: Roberto Bolaño
No quiero que haya sangre, mascullé, como si alguien me pudiera escuchar aunque éramos las dos únicas personas que transitaban por la calle.  En ese momento evitaba mirar a Romero y al edificio de Wieder y me sentía como dentro de una pesadilla recurrente.  Cuando despierte, pensé, mi madre me preparará un sándwich de mortadela y me iré al liceo.  Pero no iba a despertar.
Las novelas de Bolaño son siempre una experiencia.  Sean largas o cortas a uno siempre le da la impresión de que lee algo inmenso —impresión casi siempre acertada— y que algo se está quedando, algo se está obviando.  Porque aunque el escritor nos está dando acceso a sus procesos mentales, estos aparentan ser tan simples como los nuestros, lo que en el fondo sabemos es un engaño.
Estrella distante fue probablemente escrita en las épocas injustas en las que Bolaño pasaba hambre —porque el mejor escritor de nuestra literatura en los últimos cincuenta años, pasaba hambre—.  El escritor chileno nos mete en una de sus habituales historias surreales de escritor en las que durante su juventud, uno de los tipos que atendía a sus talleres de poesía terminó siendo asesino del régimen chileno.  El tipo era apuesto, autodidacta y sobre todo buen poeta, aunque sus poemas eran más bien extraños, no parecían suyos.  Después de varios asesinatos el tipo desaparece y con una curiosidad más bien desmirriada, otros personajes intentan seguirle la pista.  Un día llega un investigador a la casa de Bolaño y ahí el asunto de encontrar al poeta asesino se pone serio.
La novela, como todas las del chileno, son una obra maestra de nuestro lenguaje.  Las palabras de Roberto Bolaño son simples, sus frases son claras e inteligentísimas, pero sus tramas son complejas.  Al final nos mete en su mundo, un mundo extremadamente sincero (y extremadamente tierno), pues nos muestra las situaciones que vivía y lo que pensaba en esas épocas en las que él era la encarnación del kamikazi de la literatura.  Es quizás ésta la principal razón para leer a Bolaño: sentir la delicia de sus frases perfectas y rendirle ese homenaje pequeño (pero inmenso para cualquier autor) que es el ser leído.
Paros, Julio 25, 2013

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