La espuma de los días


Autor: Boris Vian
Solamente hay dos cosas: el amor, de todas las maneras y con niñas lindas, y la música de New Orleans o de Duke Ellington.  El resto debería desaparecer porque es feo.  Las páginas de demostración que siguen sacan toda su fuerza del hecho que la historia es completamente cierta puesto que yo la imaginé en su totalidad.
Este párrafo está incluido en las primeras páginas de L’écume des jours del escritor y músico francés Boris Vian.  El libro fue publicado en 1947 y aunque tuvo el apoyo de Jean Paul Sartré, pasó sin pena ni gloria por los estantes.  Así duro muchos años hasta que el tiempo consiguió desempolvarlo y convertirlo en uno de los libros predilectos de los franceses.
La pequeña novela cuenta la historia de Colin y Chloé.  Colin, un hombre que comienza sus veinte, tiene un capital que le permitirá vivir el resto de sus días sin trabajar.  De Chloé, en cambio, no se sabe mucho.  Quizás era una chica normal de cualquier barrio.  Colin y Chloé se casan pero la felicidad no dura —aunque el amor sí—.  Chloé cae enferma.  El resto de la historia son los sacrificios Colin por sanar a su amada.
Pero no es tanto la historia de Colin y Chloé lo que hace de esta pequeña novela algo especial.  Es más bien el mundo que los rodea y la manera como Vian lo describe.  En la historia hay ratones amaestrados, un piano que produce cocteles con el sabor de las melodías que tocan, el cuarto —o el mundo de Chloé y Colin— que se va encogiendo con el agravamiento de la enfermedad.  Sin que el lector se vaya dando cuenta, Vian se lo lleva a su planeta, un planeta que comienza alegre como su música, pero que luego se va oscureciendo, mostrando matices más profundos y sombríos.
Un buen amigo me dijo que había adorado el libro porque en la escuela, después de tanto Victor Hugo y Zola, finalmente les habían dejado leer algo medio moderno, joven, que tocaba la música y el amor en su forma más pura.  Es quizás la razón de la gran popularidad de este texto cuyo ambiente, quien escribe estas líneas, aun sigue digiriendo.
Paris, Mayo 4, 2013
José Antonio Velasco

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