Santa Evita


Autor: Tomás Eloy Martínez
Lo peor de la muerte era la blancura, el vacío, la soledad del otro lado: el cuerpo huyendo como un caballo al galope.
En 1995, el escritor argentino Tomás Eloy Martínez publicó Santa Evita quizás sin saber que entraría en la lista de los libros mejores vendidos del mundo.  Si el libro entraría en la famosa lista debido a su personaje principal, su historia, o sus méritos literarios es a la vez discutible e irrelevante.  La versión sobre la cual se hace esta reseña tiene recomendaciones vagas de Vargas Llosa, García Márquez y Carlos Fuentes, que hicieron su labor despertando interés por la novela.

Santa Evita habla de Eva Perón.  No tanto de su vida, como sí de su muerte.  No de la manera en que muere —porque eso también es vida— sino más bien de lo que pasa con su cadáver.  El escritor argentino nos cuenta una historia investigativa en la que la ficción se mezcla con la realidad, la superstición y hasta la locura.  A Eva Perón la embalsaman, le sacan copias y se la llevan de paseo como si fuese un tótem o una muñeca que atormenta a quien la tiene.
La novela está bien escrita y tiene buenos méritos literarios.  Hay una buena mezcla de estilos, narradores, y frases hermosas y bien construidas:

El vehículo zigzagueó, trepó a la vereda y quedó inclinado, como pidiendo disculpas.

Pero llega un momento en que la novela se para, se queda patinando y causando frustración en el lector que se va identificando con el personaje principal que no logra deshacerse del cadáver —y nosotros del libro—.  Es la opinión de quien escribe estas líneas que las recomendaciones de los tres grandes le hacen mucho bien a la ventas del libro, pero mucho mal al lector.  Al leerlas uno se queda esperando Cien años de Soledad o La ciudad y los perros, pero la novela aunque es buena y de alta calidad literaria, no es del mismo calibre.  Con seguridad, los argentinos y los seguidores de Eva Perón disfrutarán la novela más que este servidor.
Paris, Febrero 18, 2013

José Antonio Velasco

1 comentario:

Jofre Mañá dijo...

Buscando alguna crítica negativa de Santa Evita encuentro tu blog. Tu comentario es solo levemente discordante del coro de alabanzas que se encuentra por todas partes, pero me alcanza para felicitarte por expresar tus reservas. Porque Santa Evita es una novela no sólo dudosa, sino espantosa, en la que TEM despliega toda clase de vicios, desde la imitación borgiana ("quiso el azar que...", "nada es nunca una sola historia sino una red que cada persona teje sin entender el dibujo...", etc.) presente en todo lo que escribe, pasando por un efectismo del peor gusto (todo lo que tiene que ver con el cadáver y sus aventuras), hasta la composición de situaciones infantiles (el viaje intempestivo a la embajada en Bonn, en la que casualmente no hay funcionarios salvo, también casualmente, un conocido suyo; los delirios necrofílicos de uno de los militares, la entrevista con la hija del proyector, etc.) Hasta la mitad, el libro era sólo torpe, como La Novela de Perón, pero de ahí en adelante es un asalto a la sensatez. Conste que TEM me parecía un tipo encantador y un periodista notable por su honestidad y su trabajo; el problema no es él, sino esta industria cultural que vende lo que sea sin un mínimo de crítica. Un saludo.

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