La ciudad de los prodigios


Autor: Eduardo Mendoza
Hasta muy entrado en el siglo XX, y salvo excepciones contadas, toda actividad cesaba poco después de la puesta del sol: la que no cesaba podía ser calificada de antemano de irregular y sospechosa sin temor a incurrir en falta.  En la fantasía popular la noche estaba poblada de fantasmas y sembrada de peligros, cualquier cosa hecha a la luz de una vela adquiría un tinte excitante y enigmático.  También existía la creencia de que la noche era un ser vivo, de que tenía el extraño poder de atraer a las personas y de que quien se adentraba en la noche sin rumbo ya no regresaba jamás.  En todo la noche era equiparada a la muerte y el alba a la resurrección.  La luz eléctrica, que había de acabar con la oscuridad en las ciudades para siempre, estaba aún en mantillas y su uso suscitaba todo tipo de reservas.
Hacía bastante tiempo que quien escribe estas reseñas no leía una obra en español tan buena como ésta.  La ciudad de los prodigios fue publicada en 1986 y hoy en día es considerada como una de las grandes novelas escritas en español durante el siglo pasado.
Lo novela nos cuenta la historia de Onofre Bouvila, un campesino que sale de su pueblo en las últimas décadas del siglo XIX rumbo a Barcelona con ganas de mejorar su destino.  El joven encuentra una ciudad viva pero aun en pañales en cuestión de desarrollo.  El tipo es inescrupuloso y atrevido, dos características que juntas son peligrosas e interesantes en cualquier parte. 

...La idea de ganarse la confianza ajena sin dar a cambio la suya le parecía el colmo de la sabiduría.

El personaje principal comienza como anarquista, después ladrón, “evoluciona” a matón de calle, y a punta de ingenio y de estar dos pasos más delante de los otros, termina manejando los hilos invisibles que movían Barcelona.  Al final Mendoza pone a Bouvila en su sitio: rico, pero pobre: no amigos, una familia postiza, y tampoco expresa mucho interés por la ciudad que lo vio crecer.  El tipo tenía buenas ideas en cuanto al futuro de la ciudad y el bienestar de sus habitantes, pero la desidia en este campo siempre supo vencerle.  Uno se queda esperando del héroe alguna buena acción; Mendoza no cede en este punto.
Quizá lo más interesante de la novela y en lo cual, el escritor catalán tiene más mérito es en el saber mezclar la historia con la ficción.  Porque la novela, aunque no es histórica, sí logra transportar al lector al pasado de Barcelona.  No en aspectos de su transcurso político, sino en los pequeños detalles: cómo era geográficamente, cómo se hizo tal plaza o tal calle, qué comían sus habitantes o cómo se transportaban.  En este aspecto el texto es simplemente mágico.  Todo un viaje.
Al libro se le nota el trabajo.  No se encuentran en sus páginas los clichés o frases kitsch que son desafortunadamente, tan comunes en la novela hispana de los últimos años.  El lenguaje es rico y común.  Una gran obra de arte que la literatura en nuestra lengua le agradece al escritor catalán.
Paris, Enero 20, 2013

José Antonio Velasco

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