La conjura de los necios


Autor: John Kennedy Toole

La vida de un escritor puede llegar a ser bastante ingrata.  John Kennedy Toole escribió A Confederacy of Dunces antes de sus treinta y tras múltiples intentos fallidos por publicarla, decidió que era mejor darle fin a sus días.  Años más tarde, cuando su madre encontró la obra en un ático, se la hizo tragar a un profesor universitario que le ayudó a encontrar una editorial.  Doce años después del suicidio,  La conjura de los necios le mereció el Premio Pulitzer.  Porque la justicia cojea pero llega...
A Confederacy of Dunces es tan difícil de describir como seguramente fue de concebirla.  Imagínese un Quijote, pero no flaco sino gordo, moderno, enchapado a la antigua —el tipo quiere un rey poderoso y un papa despiadado: adora lo medieval—.  El héroe tiene un master en una universidad ignota que es constantemente reflejado en su vocabulario —éste también elegante y medieval— y una concepción del mundo en la que la decadencia ciega a la humanidad del gran evento que es su nacimiento.  Ah, y el tipo tiene una válvula en el estomago que emite flatulencias con cierta frecuencia.  Sí, una válvula.
Y aquel hombre —como todos, claro— tiene una madre.  Pobre ella.  Medio alcohólica, pero con semejante hijo quien no.  La mujer se quebró la espalda para pagarle una universidad, inversión que fue no sólo un desperdicio sino un agravante en la desconexión de su hijo con la realidad.  Entonces, una vez puestos estos dos personaje en escena, el autor no tiene sino que ponerlos a andar y dejar que las calamidades les ataquen.  El libro es una obra maestra.
El lector se sorprenderá muerto de risa en el metro, bus, o donde sea que lo esté leyendo.  No podrá evitar pensar en el autor, una de esas personas que pueden producir cosas tan graciosas y deliciosas, pero que se derrumban por dentro.  Ahora, si el lector se empeña un poco con certeza logrará captar las minucias entre el narrador omnisciente y el personaje, podrá apreciar que de vez en cuando el lenguaje deja ver las semejanzas y nos informa que la pérdida del autor fue grande y que con su suicidio perdimos todos. 
Paris, Noviembre 15, 2012

José Antonio Velasco

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