Belle du Seigneur


Autor: Albert Cohen

Julieta, ¿es que ella habría amado a Romeo si a Romeo le hubieran faltado cuatro incisivos y hubiera tenido un hueco negro en la mitad?

Cohen comenzó a escribir su obra maestra en los los años treinta, la suspendió por la segunda guerra mundial, y la terminó en 1968.  Junto con Viaje al fin de la noche es considerada como una de las mejores novelas francesas escritas el siglo pasado.  Después de haber leído las casi mil páginas del texto se debe ratificar la calificación.  Es un libro impresionante y único —adjetivo poco utilizado en la literatura—.
Albert Cohen nos cuenta una historia de amor.  La de un tipo llamado Solal, y una susodicha llamada Ariana, casi miembros de la realeza de la época que caen a los niveles más bajos, cursis, trágicos, dementes y hermosos de cualquier amor convencional.  Un amor cualquiera.  El lector se equivoca si piensa que se encontrará con Corín Tellado o una historia digna de una telenovela  latinoamericana.  No.  Solal —porque tenía que ser llamado Solal, como el sol, esplendoroso y todopoderoso casi presidente de la Unión de Naciones— es consciente de las subidas y las bajadas del amor y las sufre como quien se monta por enésima vez y casi aburrido a la mejor de las montañas rusas.  Belle du Seignor se convierte entonces en la ridiculización del amor.  Una ridiculización que como todos sabemos es deliciosa y necesaria.  Cohen, entonces, maneja el sarcasmo como pocos.

Yo adoro las mujeres, pero no les perdonaré nunca de amar a los hombres

Desde el punto de vista literario, la novela es un experimento jamas visto.  Es narrada en múltiples estilos (con comas, sin comas, sin puntos aparte, con puntos aparte, en primera persona, personaje omnisciente, etc.) y muchos capítulos tienen una construcción específica que ayuda la trama de la narración.
Pero el tamaño de la narración y las descripciones excesivas en las que el autor entra, hacen del libro un texto más aptos para literatos que para el consumo masivo.  Las primeras quinientas páginas pasan rápido, pero las últimas trescientas son más bien lentas con descripciones que aunque perfectas se tornan repetitivas.  Sí usted, querido lector, es como yo y adora diseccionar los libros, entonces Belle du Seigneur es lectura obligatoria —hay tipos de narración raramente vistos—; si usted es más bien un lector casual, se encontrará con un libro impresionante y atractivo en las primeras páginas, pero seguramente lo dejará después de la mitad. 
 Paris, Noviembre 22, 2012

José Antonio Velasco

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