Mirando hacia atrás: 2000 - 1887

Autor: Edward Bellamy
Una solución que deja un residuo desamparado, no es una solución; y nuestra solución al problema de la sociedad humana no sería solución si hubiésemos dejado al débil, al enfermo, y al ciego afuera con las bestias, para que se defiendan como puedan.

¿Que pasaría si el lector se decidiese un día a describir el ambiente de su ciudad 300 años más tarde?  Uno tendría que extrapolar todos los aspectos de nuestra vida actual –transporte, medios, entretenimiento, educación, trabajo, relaciones, comportamientos-.  ¿Y si evitásemos ahondar mucho en el aspecto tecnológico, enfocándonos más bien en la evolución de nuestros sistemas y nuestras relaciones?  Edward Bellamy, en 1887, se le midió al reto (solo que únicamente quiso ir 100 más en el futuro).  Más de un siglo después de su publicación, su texto sigue generando tormentosas preguntas.

Advertencia: si usted, querido lector, no tiene una mente abierta hacia las diferencias corrientes económicas, este libro le revolverá el estómago.  Es decir, el libro fue publicado 20 años después de la aparición de El Capital de Marx y el futuro que el autor americano imagina, presenta bastantes similitudes con la corriente del alemán.  Ahora, quien escribe estas líneas garantiza que aunque el lector no éste totalmente de acuerdo con aquello que Bellamy presenta, con seguridad aceptará –y quizás también la atormentará – las preguntas que hace.

Si Bellamy se levantase de su tumba y viese lo que el mundo es hoy en día, se llevaría una gran desilusión: no llevamos ni siquiera el 75% del camino que nos lleva a lo que él describe.  Estamos lejos de haber eliminado carreras como la abogacía o el representante de ventas.  El dinero aun existe y ni hablemos de las desigualdades que superan de lejos las igualdades.  Los principios del siglo XIX siguen latentes en el XXI, asunto que le hará, con certeza, volver a enterrarse.
Las críticas del autor americano sobre nuestro sistema son modernas: él autor dice que los de izquierda impiden el cambio debido a los excesos de su filosofía, y que el capitalismo no es ni siquiera lo suficientemente bueno para el capitalismo (empresas que como fieras degollan y comen otras empresas, con el único motivo de ejercer un monopolio).  Aspectos admirables del texto hay muchos, pero quizás el más impresionante de todos es su concentración en nuestra motivación –grande signo de interrogación de muchas ciencias (incluyendo la económica)–.  En el mundo que imagina no hay corrupción porque la mentira es la mayor muestra de la bajeza humana y es erradicada y castigada moralmente desde niños.  La corrupción –que no es sino una mentira que ha llegado a un nivel más elevado de putrefacción- es inimaginable.  Nuestros jóvenes tienen mucha sed de honor y no dejan pasar muchas oportunidades.
Otros aspectos son dejados a un lado.  El autor por ejemplo no considera las diferencias de ideas y asume que el gobierno tiene siempre la razón.  Muchos de los avances actuales han tenido lugar gracias a gente terca que fue contra la corriente y logró demostrar la verdad de sus razonamientos. La igualdad de la mujer existe con diferencias (es decir, no existe realmente).  Las mujeres se desarrollan intelectualmente y tienen la misma remuneración que los hombres, pero no trabajan en los mismo campos.
En cuanto a las predicciones tecnológicas, éstas son cómicas.  Bellamy imaginó la reproducción musical como una serie de tubos conectados a las casas, en los cuales había ciertos canales y dependiendo del canal, del tubo salía una música que era constantemente tocada desde algún punto remoto del planeta (sólo acertó a que podíamos subir el volumen).  La lluvia, que de vez en cuando atormenta a Boston, fue solucionada con un cápsula gigante que cubría la ciudad entera.
El libro no es un ensayo.  Es la historia de un hombre que es hipnotizado por problemas de insomnio y despierta casi ciento cincuenta años después.  Esto hace que el libro sea entretenido, pero no precisamente una gran obra de la literatura.  
Afortunada o desafortunadamente Bellamy no llegó a ver nuestros intentos de su utopía.  No vio ni la Rusia, ni la China, ni la Cuba del siglo XX, donde los ciudadanos son perseguidos por el simple hecho de expresarse.  Y sin embargo sus cuestionamientos y sus argumentos merecen tiempo.  La más grande característica de su mundo imaginario es que lo  rige la compasión y la igualdad.  Pero para esto talvez tengamos que esperar otros 300 años.
Si yo le diera, en una frase, la llave que resuelve el misterio de las diferencias entre nuestras dos civilizaciones, tendría que decirle que es el hecho de que la solidaridad de la raza y la hermandad, que para ustedes eran solo frases, son para nuestro pensamiento, tan verdaderas como una verdadera fraternidad
Paris, Septiembre 10, 2012

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