El cachalandrán amarillo

Autor: Germán Castro Caycedo
Pues en esa época don Juancho trajo a estas tierras un toro importado, pardo y brillante que bufaba siempre a las tres de la mañana.  Y bufaba con tanta potencia que no solamente todo el pueblo se levantaba creyendo que era el David Arango, sino que muchas veces comenzaba a llover como respuesta al estruendo que hacía ese animal…
Los libros de Germán Castro Caycedo se basan sobre una simple premisa: que Colombia es un país tan extraño, que no hay necesidad de inventarse nada.  Muchos dirían entonces que este periodista la tiene fácil, que literariamente hablando no tiene sino que limitarse a contar lo que sus ojos y sus investigaciones le proveen.  Y esto sería cierto si sus investigaciones no fueran tan interesantes, los lugares donde va, tan remotos, y los temas que tocan, tan candentes.  Porque Castro Caycedo, es sin lugar a dudas uno de los periodistas más importantes de Colombia, y en la humilde opinión de quien escribe estas letras, del mundo.  Habrá quien quiera entrar a compararlo con los grandes periodistas americanos: aquí se les da la bienvenida.  Cuando se leen los libros del colombiano, uno se da cuenta que aunque sus temas no cubren eventos de influencia mundial, cubren siempre y desde el nivel más raso, nuestra extraña y compleja naturaleza humana.
El cachalandrán amarillo es un libro diferente a todos aquellos del gran periodista.  Es más bien una labor de rescate de todos aquellos cuentos que viven  —o vivían— en las entrañas colombianas.  Estos relatos fueron recopilados durante sus viajes por esos lugares improbables, contados por gentes que tal vez no saben ni leer.  Algunos son cómicos, otros son más infantiles, pero todos tienen la marca del lugar de donde provienen. 
Pensó que, acaso para lucir más bella que todas las mujeres, podía estarse bañando y sintió miedo porque eso era pecado.  Los Viernes Santos nadie se bañaba ni se peinaba porque había que guardar pleno recogimiento.  La gente creía que si uno se bañaba estaba bañando a Cristo y que si uno se peinaba, le estaba tironeando el cabello a Cristo, y que si uno bailaba, estaba bailando los dolores de Cristo.
Con seguridad todos los países tienen los suyos —los famosos cuentos de los hermanos Grimm son exactamente el mismo esfuerzo: una catalogación de todos los mitos y leyendas de la cultura germánica de entonces—.  Valdría la pena entonces comenzar esa urgente labor de rescate en todos nuestros países; que cada uno de ellos se ponga en esa importantísima labor de recolectar esas historias que andan por ahí muriéndose con sus dueños.  Al final estamos hablando nada más y nada menos que de la identidad de cada país.  Una identidad que, pese a todas las ventajas de la globalización, no podemos darnos el lujo de perder.
Barcelona, Agosto 1, 2012

5 comentarios:

Miguel Olaya dijo...

concuerdo con usted en que castro caycedo es un excelente periodista. no obstante, para el caso colombiano, el recopilador de mitos y leyendas por excelencia fue javier ocampo lópez.

Wilmar Vélez Vaca dijo...

Insólitas narraciones, tal vez anécdotas, mitos o leyendas, en las que su autor, GERMÁN CASTRO CAICEDO, refleja la idiosincrasia de las gentes humildes, campesinos y lugareños, de los distintos caseríos, poblados y ciudades que visitó durante su periplo por esas alejadas, discriminadas u olvidadas regiones de nuestra geografía colombiana. Es, en una palabra, todo el Imaginario colectivo de nuestro pueblo, disgregado por toda geografía patria o país de países, pues como se dicen las cosas aquí, no se dicen en toda parte o mejor, en cualquier parte. Comenzando desde el nombre de la magistral colección de historias: ELCACHALANDRÁN,haciendo alusión regionalista a un torete traído de otra parte, amarillo y brillante, que para más calificativos de su autor o de su propietario, bufaba tan estruendosamente, que cuando lo hacía despertaba a todo el pueblo y para colmo, traía la lluvia. ¡Qué privilegio para esas gentes, que haciendo bufar al cuadrúpedo, conseguían que lloviera sobre las áridas tierras cuando el estío las azotaba! ¡¡Vaya, imaginación!! Sobre la etimología de este vocablo, no hemos obtenido una fuente; tal vez en alguna raíz de una lengua indígena haya que ir a requisar.

william wallace dijo...

Amé este libro, recomendadisimo!

william wallace dijo...

Amé este libro, recomendadisimo!

La profe Diana dijo...

Sin duda, de los mejores relatos sobre nuestra idiosincracia. Reí, lloré y muchas más sensaciones con cada historia.

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