Inquieta compañía

Autor: Carlos Fuentes

- ¿Sobre qué escribes, Calixta?
- No se escribe sobre algo –dijo en voz muy baja–.  Sencillamente, se escribe.
Respondió jugando con un cuchillo de mantequilla.
            Yo esperaba una respuesta clásica, del estilo «escribo para mí misma, por mi propio placer».  No sólo la esperaba.  La deseaba.
Ella no me dio gusto.
- La literatura es testigo de sí misma.
- No me has respondido.  No te entiendo.
- Claro que sí, Esteban -soltó el cuchillo-.  Todo puede ser objeto de la escritura, porque todo puede ser objeto de la imaginación.  Pero solo cuando es fiel a sí misma, la literatura logra comunicar…

Quien escribe esta reseña siempre pensó que Carlos Fuentes debía ser un tipo muy serio.  Sus novelas como Los años con Laura Díaz, La muerte de Artemio Cruz, e Instinto de Inéz son libros pulcramente escritos, fieles -como dijo Fuentes en el extracto del cuento en el encabezado-, a la literatura misma.  Y luego se encuentra uno al otro Fuentes, al mexicano aun pulcro, pero que juega con su imaginación.
La primera vez que quien aquí escribe leyó Inquieta compañía fue en el 2005.  Las impresiones de casi todos los cuentos fueron olvidadas, pero no la de aquél que lleva el título del libro.  Se durmió mal durante dos noches.  Siete años más tarde se vuelven a retomar los mismos cuentos encontrándoles a los otros la deliciosa narrativa del mexicano.
Inquieta compañía tiene seis cuentos.  El primero es sobre un joven mexicano que vive en Londres, que trabaja en la industria del cine, y a quien el destino le da una vecina que le obsesiona.  El joven es amante del teatro y lentamente la realidad se funde con las tablas llevando el cuento a un final imprevisible.  En el segundo cuento, Fuentes encarna una mujer entrada en los treinta que conoce el amor por primera vez sólo para darse cuenta que era con un espíritu.  El tercero es Inquieta compañía, uno de mis cuentos favoritos y que trata sobre macabramente sobre dos hermanas ancianas, que atienden sospechosamente bien a un sobrino llegado del extranjero.  El cuarto, quizás uno de los más disfrutados en esta lectura, es sobre una mujer que escribe, y escribiendo se va yendo sin que su marido logre alcanzarla.  El quinto es La bella durmiente, una muerta que va resucitando con la rencarnación de su asesino.  Los dos muertos se aman, y el asesino toma el cuerpo del narrador que no entiende hasta el último momento lo que le está pasando.  El último es un cuento de vampiros, excelentemente narrado y con un final estresante.  Todos excelentes cuentos que se leen en una semana en los recorridos cortos y diarios de cualquier metro.
Barcelona, Marzo 10, 2012

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