Pensando, lenta y rápidamente

Autor: Daniel Kahneman
La incapacidad de un individuo de deducir lo particular de lo general es únicamente igualada por su capacidad de inferir lo general de lo particular.
Daniel Kahneman, psicólogo y economista israelí-americano, ganó el premio nobel de economía en el 2002 por su trabajo en el área de behavioral economics –algo así como la influencia del comportamiento individual humano en la economía–.  Su trabajo combina sus dos carreras, lo que le ha ayudado a explicar y cuestionar las excepciones en las leyes económicas que tan sagradamente se tuvieron por mucho tiempo.  Su trabajo es brillante y nos ayuda a comprender la manera cómo funciona nuestro cerebro y cuestionar las decisiones que tomamos todos los días.
Thinking, fast and slow comienza explicando cómo los seres humanos utilizamos dos tipos de sistema en nuestra toma de decisiones.  El sistema 1, origina sin trabajo impresiones y sentimientos que nos ayudan a actuar rápidamente.  Este sistema sondea, genera y computa grandes cantidades de información proveniente de nuestro entorno y nos da una respuesta rápida a lo que necesitamos (2+2=4, reconocer cuando alguien está enojado, conducir sin esfuerzo, etc.).  El sistema 2, por el otro lado es el sistema que nos ayudaría a resolver 758x345, a reflexionar sobre un problema complejo, y a entender, por ejemplo, un poema.  Cuando alguien nos dice “ponga atención” nos están diciendo, ponga a funcionar el sistema 2.  El sistema 1 es rápido, el sistema 2 es lento.  El sistema 1 es crédulo, el sistema 2, duda.  Y sin embargo, nos explica el laureado, los dos sistemas no son independientes el uno del otro.  La percepción del sistema 1, es con frecuencia influenciada por los raciocinios del sistema 2.  Es por eso que la misma pregunta tiene dos respuestas diferentes dependiendo del pasado o de quien responda.  Y es esta variable del punto de observación –the prospect theory– lo que se obvió durante mucho tiempo y lo que ahora Kahneman alega que es imprescindible.  Un ejemplo de esto se dio recientemente en un debate del partido republicano por la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos.  Mitt Romney, sin pensarlo dos veces, quiso apostar $10,000 por una pregunta tonta hecha por otro tonto del mismo partido.  Los Estados Unidos quedó paralizado ante la apuesta –hecha en vivo en televisión nacional– pues obviamente para el candidato republicano el monto de su apuesta era una ardite, mientras que para un americano promedio es el 30% de su salario anual.  Una desconexión total de la realidad –la de los americanos que el candidato quiere gobernar–.
Con el pasar de las páginas el libro va ahondando más y más en aspectos ya científicos de nuestro raciocinio y nuestras reacciones casi químicas ante situaciones diarias.  Nos explica nuestro miedo ante el terrorismo, aunque este sea poco probable donde estemos; nuestra aceptación de las opiniones de otros, aunque sepamos que “el experto” con seguridad tampoco tiene idea de lo que está hablando, y hasta nuestra evasión a la responsabilidad a un llamado de ayuda, cuando sabemos que muchos otros también lo han escuchado.  Tendemos entonces a construir narrativas, a explicarnos situaciones, que cuando se miran objetiva y matemáticamente, carecen de sentido.  Pero somos humanos y necesitamos meternos el cuento. 
Kahneman, nos lleva entonces por un viaje por nuestras debilidades, por nuestra naturaleza: un viaje curioso y porque no decirlo, un poco loco de la matemática y física de nuestros cerebros.  El nobel nos dice que son pocas las cosas predecibles en un ambiente variable –la vida–, y que la suerte, que muchos tienden a menospreciar, juega un rol crucial en nuestra existencia.  En alguna de sus páginas, el nobel nos dice:
Nuestra cómoda convicción de que el mundo tiene sentido, descansa sobre fundamentos robustos: nuestra casi ilimitada habilidad de ignorar nuestra ignorancia.
Barcelona, Enero 29, 2012

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