Un mundo para Julius


Autor: Alfredo Bryce Echenique
Siempre creía tener razón y siempre la tenía porque era más alto y hablaba muy bien, pero él no podía pasarse la vida sin tener razón hasta alcanzar la estatura de Juan Lucas, y tampoco le interesaba tener nunca esa voz, porque con esa voz tienes razón mientras hablas y después ya no.
La versión de Un mundo para Julius sobre la cual se hace esta reseña tiene halagos tanto de García Marquez, como de Vargas Llosa y no será quien la escribe quien vendrá a desmentirlos.  Efectivamente, como dijo García Marquez, es una de las novelas más importantes escrita en América Latina, y como dijo Vargas Llosa, una de las más divertidas y sutiles.
Alfredo Bryce Echenique publicó su novela en 1970, dejando una huella y elevando —aun más— los estándares en la literatura latinoamericana.  El peruano nos cuenta la historia de una familia de clase alta en Lima, cuyo personaje principal es Julius, el hermano menor de tres hijos —cuatro, contando a la hermana muerta—, huérfano de padre, e hijo de una mujer hermosa que vivía en las nubes gracias a las alas que le proporcionaba su dinero.  A través de las vivencias del niño, Bryce Echenique desarrolla su novela.  Plasma con increíble fidelidad y sarcasmo la clase alta limeña —o de América Latina en general—, y sus comportamientos tan banales como racistas.  Todo esto con la sutilidad aguda e inteligente que alabó su Nobel compatriota.
Desde el punto de vista literario, la novela es innovadora y fresca.  El peruano mezcla la narración en tercera persona, saltando de vez en cuando a la primera, logrando matices deliciosos y fluidos.  Su lenguaje es actual, utilizando expresiones típicas peruanas que de vez en cuando se oyen en otras partes del mundo, y que pueden partir de risa a cualquiera.  Si quien lee esta reseña pregunta cuál es la trama de la novela, pues aquí se tendrá que decir, que fuera de contar el mundo que rodeaba al niño, no hay otra historia.  Pero eso ya es libro, y contarlo con la elegancia, la riqueza de lenguaje, la ironía y agudeza con la que se hizo, ya es demasiada proeza.
Barcelona, Mayo 23, 2011

Don Juan


Autor: Molière
Sganarelle: Quiero saber un poco lo que piensa.  ¿Es posible que usted no crea para nada en el cielo?  Don Juan: Dejemos eso así.  Sganarelle: Eso quiere decir que no.  ¿Y en el infierno?  Don Juan: Sí, sí.  Sganarelle: Más bien poco.  ¿No cree tampoco en la otra vida?  Don Juan: ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!  Sganarelle: He aquí un hombre que debería convertirse. Entonces dígame, ¿En qué cree usted?  …  Don Juan: Yo creo que dos y dos son cuatro, Sganarelle, y que cuatro y cuatro, son ocho.
Para quien escribe esta reseña, leer a Molière fue todo un descubrimiento.  Uno es sorprendido en cualquier lugar partido de la risa con algo escrito casi cuatrocientos años antes de nuestros días.  Porque el francés, aunque antiguo, es actual.  Sus personajes son los mismos que vemos hoy.  Con excepción de la medicina —hoy ya una disciplina, pero entonces creída por muchos como charlatanería—, la hipocresía, la religión, y los hombres “nobles” todavía se ven entre nosotros.  Nos sorprende entonces que en el pasar de las páginas de sus obras, asociemos ciertos personajes a personas que conocemos.
El Don Juan de Molière es otra de las muchas versiones sobre el mito.  El francés nos muestra en su obra a un personaje principal cuyo deporte era el de casarse y el de la buena vida.  Su paje, Sganarelle, juega un papel crucial en la obra, actuando como la conciencia del rico hedonista.  Don Juan, también de cierta manera, actúa como la voz de Molière que se burla de médicos, curas, “nobles” y los extremos morales.  Al final el autor condena al personaje quizás aceptando que tampoco se puede llevar una vida tan desenfrenada.
Molière creo la obra en 1665 quizás basándose en el escrito del español Tirso de Molina publicado unas décadas antes.  La obra no duro mucho en los carteles.  La obra fue implacable con la iglesia y la religión —como casi todas las otras obras de Molière—, y la censura actuó con rapidez.  La obra no se volvió a ver hasta casi doscientos años más tarde, en 1841 cuando fue representada en el Teatro de Odeón en Paris por la Comedia Francesa.  Una buena colección del dramaturgo francés es bien sugerida en cualquier biblioteca respetable...  o simplemente para reírse un rato.
Barceclona, Mayo 19, 2011

Moonwalking with Einstein


Autor: Joshua Foer
Hablando en los términos fisiológicos más básicos, una memoria es un patrón de conexiones entre neuronas.  Cada sensación que recordamos, cada pensamiento que tenemos, transforma nuestro cerebro a través de la alteración de conexiones en nuestra vasta red.  Cuando usted termine de leer esta frase, su cerebro ya habrá físicamente cambiado.

Si alguien de una época antigua pudiese ver la manera en la que hoy actuamos diariamente, nos preguntaría por qué estamos tan empecinados en olvidar.  Ya no recordamos nuestros teléfonos, no sabemos cómo llegar a ninguna parte, tenemos listas de cosas para hacer, y alarmas que nos recuerdan las citas a las que nos comprometemos.  “Es que hoy en día estamos más ocupados”, argumentarán algunos adhiriéndose al engaño popular y generacional que cree que sus problemas son nuevos. 
Moonwalking with Eistein es un libro sobre la memoria.  La traducción más cercana al español sería algo como “Bailando con Einstein”, pues moonwalking fue el paso que hizo famoso a Michael Jackson (o más bien, al revés).  Es la fascinante historia de una persona normal, que con mucha dedicación aprendió técnicas mnemonistas y ganó el concurso nacional de memoria de los Estados Unidos.  
Joshua Foer, periodista de profesión e hijo de un editor y una novelista, publicó éste, su primer libro, este año, recibiendo  un adelanto de 1,2 millones de dólares por parte de la editorial Penguin.  Cuando lo recibió —hace tres años—, tenía 23. Fue dinero bien invertido.  
El libro es exquisitamente narrado, con humor, humildad, y con la frescura que sólo un joven puede darle.  La historia es personal, pero el libro cumple todos los requerimientos del periodismo narrativo, utilizando la historia real, hechos e investigación.
Foer comienza su historia haciendo un reportaje para Slate, una publicación de internet —americana o francesa— sobre los concursos de memoria.  Uno de estos atletas mentales le dice que, en serio, cualquier persona puede hacerlo, ofreciéndole entrenarlo para el campeonato del año siguiente.  Foer, apostando contra sus propios talentos, acepta.
Y es que el periodista es el primero en decir que él no es un super humano, de hecho todo el tiempo mantiene una prudente desconfianza sobre sus capacidades.  Esta sana inseguridad le obliga a hacerse preguntas que cualquier ser humano debería hacerse: 
Pasé dos décadas y media de mi vida con una memoria que funcionaba tan correctamente que nunca me detuve a pensar sobre su mecánica.  Y ahora que reflexionaba sobre ella me daba cuenta que quizás no funcionaba muy correctamente.  Que tenía inexplicables caprichos.  Esa misma mañana mi cerebro había sido raptado por una inaguantable canción de Britney Spears, lo que me obligó a pasar la mayor parte de mi recorrido en el metro, tarareando propagandas para sacármela de la cabeza.  ¿Por qué eso?  Unos días antes traté de hablarle a un amigo de un autor que admiraba y sólo logré decirle la primera letra de su apellido.  Además, ¿por qué no recuerdo nada antes de los tres años?  De hecho, ¿Por qué no puedo decir lo que desayuné ayer, y sí lo que estaba desayunando cuando me dieron la noticia del avión que se estrelló contra las torres gemelas?  ¿Y por qué es que siempre olvido lo que quiero cuando abro la puerta de la nevera?
Lentamente, el asunto de la memoria comienza a fascinar al periodista.  Y con su fascinación va contagiando a sus lectores contándoles el rol que jugaba la memoria en la antigüedad y la repercusión que la tecnología ha tenido desde el papel y la tinta, en nuestras vidas.
La externalización de la memoria no solo cambió como la gente piensa; tambien provocó un cambio profundo en la noción de lo que significa ser inteligente.  La memoria interna se devaluó.  … Lo que antes era un pilar de la cultura occidental, hoy es, en el mejor de los casos, una curiosidad.
Basado en casos y las últimas investigaciones, Foer nos cuenta cómo funciona nuestro cerebro y las asociaciones qué éste hace entre ideas, palabras, imágenes, y lugares.  Nos explica a grandes rasgos y someramente las técnicas que los mnemonistas utilizan, pero lo hace únicamente como herramientas para narrar su historia.  Luego pasa al plano filosófico donde sus ideas se tornan aun más interesantes, citando no solamente estudios clínicos y casos reales, sino incluso a Borges que en su cuento “Funes, el memorioso” nos dice que para entender el mundo, debemos filtrar la información que éste nos da.  “Pensar es olvidar”.  
Foer visita tanto genios de la memoria como amnésicos con casos extremos, incluyendo algunos que perdían su memoria cada cierto determinado tiempo y se quedaban estancados en recuerdos de hace cincuenta años.  Si de un momento a otro no puedes recordar, si no tienes un pasado, entonces ¿quién eres?  El periodista habla de lo que significa ser un experto y la relación con la memoria.  ¿Se puede ser un experto sin tener una buena base de experiencias sobre la cual acceder?  El escritor llega a la conclusión que una buena memoria no es un producto de ser experto en algo, es la esencia de ser ser un experto en cualquier cosa.
Quien compre este libro con la intención de mejorar la memoria se verá desilusionado.  Quien escribe esta reseña, en cambio, encontró tanto la historia como la investigación detrás de ella fascinante.  El joven autor no sólo ha hecho un gran libro, sino que también logra generarnos una deliciosa sensación: la de la curiosidad.
Barcelona, mayo 11, 2011

El estanque del diablo

Autor: George Sand
Feliz sería el hombre del campo si conociese su fortuna
George Sand es el seudónimo que Amantine Aurore Lucile Dupin utilizaba para publicar sus obras.  Nacida en Paris y amantes de varias personalidades —incluyendo Chopin—, Dupin logró posicionarse en el reputado y difícil círculo de escritores de su época, dejando en alto y en claro, que su sexo no le impedía ni tener ideas, ni escribir bien.
Sin duda es lúgubre de consumir sus fuerzas y sus días a perpetrar el seno de la tierra celosa, que se hace arrancar los tesoros de su fecundidad, cuando el pedazo de pan más negro y grosero al final de la jornada, es la única recompensa y la única ganancia para una labor tan dura.
Con el nombre de La Mare au Diable (nombre original en Francés) el lector se imaginaría que leería una obra caótica, imagen de conflictos sociales o de alguna guerra típica de los finales del siglo XIX, pero la obra de George Sand es una simple, bonita, y entretenida novela pastoril.  En ella se cuenta la historia de Germain, un campesino de la campiña francesa, que ya viudo, se ve en la obligación de conseguir una nueva esposa.  Su suegro del primer matrimonio le consigue una mujer que podría beneficiarle, pero al final, el humilde y trabajador campesino, escoge a otra  —una mucho más humilde, pero más persona, que la que su amado suegro le había recomendado—.
La novela es directa y sencilla, mas no por eso carente de encanto.  George Sand la escribió en una semana buscando retratar la simpleza de la vida en el campo —aspecto que logra completamente—, y retratar una historia que escuchó de los que la vivieron.  El estanque del diablo, es una novela corta, sencilla, pero importante pues retrata un modo de vida, una cultura, y unas costumbres que ya no se encuentran en nuestros días.
Barcelona, mayo 2, 2011

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