Las armas secretas

Autor: Julio Cortazar 
—¿Llovía? 
—Aquí —dice ella, tocándose la frente—.
El argentino publicó sus Armas Secretas en 1959, dejando entre sus páginas uno de sus cuentos más conocidos.  Aunque los dos libros anteriores en la antología —La otra orilla y Bestiario— son de buena calidad, es en éste donde la madurez del autor y su arduo trabajo comienza a mostrarse: Cortazar va más lento, pacientemente paseándonos por el Paris que vivió, deleitándonos con sus descripciones y jugando con el tiempo, que es el verdadero protagonista de los cinco cuentos que conforman el pequeño texto.
El libro comienza con Cartas de mamá, un relato en primera persona de un emigrante argentino casado que recibe cartas de una madre abandonada a su suerte en Argentina.  La situación, ya desde el comienzo, es oscura y mete al narrador en una perspectiva de canalla.  El asunto empeora cuando se sabe que el tipo dejó a su madre no solamente abandonada sino también lidiando con un hermano tísico.  El colmo se da cuando aprendemos que la actual esposa del susodicho, era la antigua novia del hermano enfermo y que los dos salieron de Argentina no mirando al futuro, sino huyendo del pasado.  Esto cualquier autor lo hubiera podido haber escrito, pero sólo a Cortazar se le ocurre poner a la madre a informar que el hermano —el muerto—, ira a visitarlos en una fecha determinada.  Tanto el hombre como su esposa piensan que la madre se ha enloquecido, y bueno... el lector tendrá que leer el cuento para saber el final.
Los buenos servicios es una narración trágico-cómica de esas que pueden pasar en la realidad.  El cuento es narrado desde el punto de vista —comiquísimo— de una mujer a la que le pagan por ir a cuidar perros, y luego, por ir a llorar un muerto que no conocía.  
En Las babas del diablo, Cortazar juega con una foto.  En sus inicios, la fotografía revolucionó al mundo porque congelaba el tiempo, atrapaba situaciones.  Siguiendo esta lógica, el autor se inventa un personaje que toma una foto, la reproduce a proporciones de afiche y la cuelga frente a su escritorio.  Luego, el maestro del cuento, reversa la realidad.  La fotografía, como una película, muestra la situación que debió haber sido, mientras que la realidad  queda quieta, clavada en una silla mirándola.
El perseguidor es uno de los cuentos más conocidos del argentino.  En este se narra la relación entre un crítico de Jazz y un genio del saxo —Johny Carter que en la vida real era Charlie Parker—.  Aquí Cortazar hace reflexiones sobre la música, sobre el tiempo, la genialidad, y la autodestrucción.  El cuento es casi la mitad del libro y no muestra giros sorprendentes como sus otras típicas narraciones.  Es quizás aquí donde el autor comienza a mostrar una gran madurez y a explorar conceptos e ideas que luego plasmaría en Rayuela.  Es un gran cuento, con dos personajes tristes, pero encantadores.
El libro se cierra maravillosamente con Las armas secretas, cuento donde nuevamente se juega con un tiempo que viene y que va, con un pasado que acecha —y finalmente separa— a una parejas de enamorados que no se conocían.
Las armas secretas es un libro delicioso, que se lee en una semana —o tres días—, y que sirve para distraer de esa otra realidad que, a veces, puede llegar a abrumar.
Barcelona, Marzo 26, 2011

El principe y el mendigo



Autor: Mark Twain
Los perros distantes aullaban, las vacan melancólicas se quejaban, y los vientos pasaban rugiendo mientras furiosas sabanas de lluvia corrían por los techos; pero su majestad de Inglaterra dormía imperturbado, y el ternero hacía lo mismo, él siendo una simple criatura difícilmente atormentada por las tormentas o avergonzada de dormir con un rey.
The Prince and the Pauper vio la luz del día en Canadá en 1881.  La historia es familiar a muchos y es, junto con Huckleberry Finn y Las aventuras de Tom Sawyer, una de las historias más reconocidas del autor americano.  Para muchos expertos en la obra de Twain, El príncipe y el mendigo es una obra menor, una obra para niños, pero personalmente, quien escribe esta reseña, alega que el libro cumple con la única condición que un buen texto debe tener: la de agarrar el corazón.
El príncipe y el mendigo narra la ficticia historia de dos niños: Tom Canty —el mendigo— y Edward Tudor —el príncipe—, quienes un día, anhelando cada uno la realidad del otro y aprovechando su parecido físico, cambian lugares jugando a experimentar sus anhelos. 
Una vez afuera y vestido en harapos, el noble es catalogado de loco al proclamar su título como Príncipe de Wales.  Por su parte, el mendigo es también tachado de enfermo al olvidar el griego y el francés, y a duras penas reconocer a quienes lo cuidaron durante los últimos años.  La gente cercana a la corte pensó que el heredero sufría de una demencia que ya se había presentado antes en la familia real.
Las páginas transcurren y la historia se enfoca más en la historia del príncipe que en la del mendigo.  Igual, la última no es descuidada: Twain nos cuenta cómo el mendigo, con la lógica de la bondad y la generosidad de sus pocos años, iba arreglando los yerros cometidos por las absurdas leyes de la época. 
En cuanto a la historia del monarca, debemos decir que es simplemente deliciosa.  El joven príncipe no abandona nunca su espíritu noble.  Con su porte y dignidad, el joven logra aunque no convencer a quienes los rodean, sí impresionarlos con su imponencia.  El joven heredero pasa por manos de bandoleros, es golpeado y llega incluso a ir a la cárcel.  En ninguno de estos momentos, pierde su dignidad o su porte.  Más o menos en la mitad de la historia entra Miles Hendon, un soldado que se apiada del heredero a quien cree loco.  Con un aire paternal, lo acoge bajo su protección esperando que la satisfacción de sus extraños caprichos, tarde o temprano le devuelvan la cordura.  Para muchos este personaje pasará como un simplón, uno de esos afortunados que sin saber y guiado por su gran corazón protegió un infante que para el final del libro sería rey.  Pero, nos gustaría aquí dar ciertas luces sobre ese sucio y pobre soldado: a través de él Twain nos enseña algo que hoy en día perdemos de vista: que no somos especiales para el mundo o para el destino, sino para aquellos a quienes nos rodean.
¡Ahora estoy finalmente adornado!  ¡El supuesto Rey de los sueños y las sombras me ha hecho un supuesto Conde! —¡Vaya vuelo para esta ala callosa!  Si todo esto continua, seré colgado  con trajes fantásticos e inventados honores.  Pero yo los valoraré, todos despreciables como ellos son, por el amor que él les infiere.  Mejor estas pobres y falsas dignidades mías, que vienen de una mano limpia y un espíritu recto, que las reales que vienen de la servidumbre de un rencoroso e interesado poder.
Este personaje puede, querido lector, sacarle lágrimas.  Aquella historia que el testarudo y viajero Twain escribió para sus hijas en una mezcla de inglés moderno y antiguo, es un libro que nos pone calor en el pecho, y nos deja con la impresión de un mundo de hadas oscuro y complicado; un mundo donde, de vez en cuando, y como dijo el autor al comienzo de la historia, las cosas buenas no pasan, pero pueden pasar.
Barcelona, marzo 13, 2011

The Tipping Point

Autor: Malcolm Gladwell
 …el cambio radical es más que una posibilidad.  Es —al contrario de nuestras expectativas— algo seguro.
En el año 2000, Malcolm Gladwell publicó The Tipping Point, un libro que busca explicar cómo los pequeños detalles hacen la diferencia.  El periodista que, según él, escribió el libro con cierta prudencia, se vio abrumado por la respuesta, tanto de expertos como de gente de negocios, que apoyaban la teoría formulada en el texto.
La idea general del libro es que ideas, productos, mensajes y comportamientos se reproducen siguiendo el mismo patrón que los virus.  Estos van creciendo paulatina y proporcionalmente, hasta que llegan a un punto en el que su expansión explota.  Basado en esto, el autor canadiense explica nuestra incapacidad natural para entender comportamientos exponenciales (la rapidez o potencia con la que nos sorprenden algunas cosas) y comienza a desmembrar con ejemplos —algunos adecuados, otros controversiales, y otros cuestionables— los principios de su teoría.  El resultado es un libro que siembra dudas, confirma hipótesis que no lográbamos poner en palabras, y da luces sobre casos y situaciones sobre las cuales aun queda mucho por explicar.
Según Gladwell hay tres cosas que influyen en el comportamiento viral de nuestras ideas, productos, y comportamientos: las personas que los transmiten, el agente que está siendo transmitido, y el ambiente en el que se distribuyen.  Su libro analiza y explicar cada una de estas variables.
Al hablar de las personas que transmiten ideas o comportamientos, Gladwell argumenta que hay conectores, expertos o conocedores, y vendedores.  Ahondando en esta primera parte, el canadiense comienza hablando de nuestras relaciones y citando la teoría de los seis grados de separación de Milgram.  Se nos ilustra que nosotros no tendemos a relacionarnos con la gente que se nos parece, sino con aquellos a quienes tenemos al lado.  A esto agrega:
Seis grados de separación no significa que todo el mundo está ligado a todo el mundo en seis pasos.  Significa que una cantidad pequeña de personas está ligada a todo el mundo en pocos pasos, y nosotros estamos ligados al mundo a través de ellos.…   Mi círculo social no es en realidad un círculo.  Es una pirámide.  Y al final de esa pirámide hay una sola persona que es responsable por la abrumadora mayoría de las relaciones que constituyen mi vida.  No sólo mi círculo social no es un círculo, sino que ni siquiera es mío.  Pertenece a alguien más.  Se parece más a un club, del cual yo soy un invitado más.
El periodista del New Yorker nos explica que estos conectores, conocedores y vendedores son una pequeña cantidad, pero que hacen una gran diferencia en nuestras vidas.  Es a través de ellos que nos conectamos, que aprendemos, y que nos seducen a ciertos comportamientos.
En cuanto al mensaje, el periodista habla de lo que es el factor de apego.  Aquí, el autor pone como ejemplo el programa de televisión Plaza Sésamo, y nos explica que aquel show que todos vimos y que muchos consideramos como básico, es uno de los programas más calculados y cuidadosamente construidos.  Prácticamente, detrás de cada episodio que veíamos habían sociólogos, ingenieros, científicos y expertos de otras ramas tratando de ingeniarse la manera en que niños no sólo estuvieran pegados al televisor, sino también de que aprendieran.  ¡Un hecho verdaderamente fascinante!
Finalmente el libro explica lo importante del contexto.  Aquí los ejemplos son a la vez espeluznantes e impresionantes.  Gladwell cita por ejemplo, que todos los días se comprueba con mayor veracidad que la influencia de los padres es mucho menor que aquella ejercida por el medio en el cual los niños se desarrollan.  Gladwell argumenta que hay una gran posibilidad de que los seres humanos nos comportemos de ciertas maneras fuertemente influenciados por lo que nos rodea, y no por el carácter que tenemos.  El periodista no dice que es la regla, pero sí que hay suficientes datos y casos estudiados para ponernos a dudar.
¿Por qué niños de inmigrantes recientes casi nunca retienen el acento de sus padre?  ¿Cómo es que niños de padres sordos aprenden a hablar tan bien y tan rápido como aquellos con padres normales a quienes escuchan desde que nacieron?  La respuesta siempre ha sido que el lenguaje es una habilidad adquirida después, que lo que los niños aprenden de otros niños es tan o más importante que el lenguaje que aprenden en la casa.
The Tipping Point es desde muchos aspectos un libro interesante, uno que nos hace pensar en las cosas que pasan todos los días y en los cambios con los que el mundo de hoy parece sorprendernos.  Más que nada es un texto que nos ayuda a abrir nuestras mentes a nuevas maneras de ver las cosas. 
Barcelona, marzo 8, 2011

Soldados de Salamina

Autor: Javier Cercas
—¿Y qué es un héroe?La pregunta pareció sorprenderle, como si nunca se la hubiese hecho, o como si se la hubiera estado haciendo desde siempre; con la taza en el aire, me miró fugazmente a los ojos, volvió la vista hacia la bahía, por un momento reflexionó; luego se encogió de hombros. 
—No lo sé —dijo—.  Alguien que se cree un héroe y acierta.  O alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud, y por eso no se equivoca nunca, o por lo menos no se equivoca en el único momento en que importa no equivocarse, y por lo tanto no puede no ser un héroe.  O quien entiende, como Allende, que el héroe no es el que mata, sino el que no mata o deja matar.  No lo sé.
En el 2001 Javier Cercas publicó Soldados de Salamina, una obra que cuenta la historia de un escritor español quien fue perdonado por un soldado después de haber escapado de un pelotón de fusilamiento a finales de la guerra civil española y que sirvió como ideólogo del fascismo en la época de Franco.  El libro tuvo merecido éxito y fue alagada por escritores de la talla de Mario Vargas Llosa y J.M Coetzee.  En el 2003, la historia fue llevada al cine.
Esta excelente novela tiene tres partes: la primera, en la que Javier Cercas narra en primera persona cómo comenzó su pesquisa sobre Rafael Sánchez Mazas —el escritor español y núcleo del texto—; la segunda, en la que cuenta la historia reconstruida de Rafael Sánchez Mazas y su famoso escape; y la tercera, en la cual plasma la búsqueda del hombre que perdonó la vida del ideólogo fascista.  Esta última parte incluye conversaciones con el autor chileno Roberto Bolaño, quien por casualidad le da la mejor pista para encontrar al casi imposible y misericordioso soldado.
La novela está muy bien escrita, y si usted, querido lector, desconoce por completo la historia del último siglo del país ibérico, no se verá impedido de gozarla hasta la última página.  Incluso ésta le educará en más de un aspecto.
Quienes consumimos libros sabemos que, como las comidas,  hay unos inolvidables y otros, que ni recordamos.  Las novelas de Javier Cercas, están dentro de la primera categoría.  Sus textos son pequeños, pero sustanciosos.  En ellos hay momentos que pelean contra el olvido, conversaciones o personajes tan encantadores o interesantes, que pese a que los detalles de la historia se desdibujan con el tiempo, algunos fragmentos de inteligencia quedan… nutren.
Soldados de Salamina es un libro que muestra la vida íntima de su autor y esa fascinación que todos tenemos de comprender a los hombres que, habiendo hecho —o en este caso, escrito— cosas bellas, se prestan luego a causas atroces.  Nos pinta también la vida de los héroes, esos hombre cuya obra es la grandeza y cuyo destino, como el de todos, es el olvido.
Y entonces el periodista mira su reflejo entristecido y viejo en el ventanal que lame la noche hasta que lentamente el reflejo se disuelve y en el ventanal aparece un desierto interminable y ardiente y un soldado solo, llevando la bandera de un país que no es su país, de un país que es todos los países y que sólo existe porque ese soldado levanta su bandera abolida, joven, desharrapado, polvoriento y anónimo, infinitamente minúsculo en aquel mar llameante de arena infinita, caminando hacia delante bajo el sol negro del ventanal, sin saber muy bien hacia dónde va ni con quién va ni por qué va, sin importarle mucho siempre que sea hacia delante, hacia delante, hacia delante, siempre hacia delante.
Barcelona, marzo 1, 2011

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