Freakonomics




Autores: Stephen Dubner y Steven Levitt

"Asociamos la verdad con conveniencia, con lo que más se acerque a nuestro bienestar personal o prometa evitarnos esfuerzo, situaciones incomodas o cambios radicales en nuestra vida.  También encontramos aceptable todo lo que ayude a nuestra autoestima"
John Kenneth Galbraith (Economista Americano)

Tanto en el mundo de los negocios como en nuestra vida diaria, los seres humanos tendemos a hacer aseveraciones sin tener evidencia alguna o sin mirar los datos necesarios.  Es simplemente, como dice Galbraith, más cómodo.  El año pasado un político republicano aseguró que un viaje de Obama a India costaba doscientos millones de dolares por día; en otra ocasión, un website publicó un artículo en el que se decía que un estudio de la universidad de Berkeley constataba la existencia de los niños índigos (niños más inteligentes que los otros y cuya "aura", se dice, es de color azul índigo —nunca hubo tal estudio), y no son pocas las familias que tienen en su casa un libro que dice como interpretar los sueños.  Lo grave no es que haya gente pregonando necedades —todo el mundo es libre de decirlas y tontos han habido desde el principio de los tiempos—, lo triste es que la sociedad, incluso gente con cierto nivel de educación, comience a absorberlas como si fueran verdades absolutas, repitiéndolas luego y contagiando a los demás.
Este libro, como todos los libros de referencia, serán valiosos dependiendo del conocimiento que ya se tenga sobre la materia a tratar.  Freakonomics es escrito por dos americanos, Stephen Dubner (periodista) y Steven Levitt (economista) y busca ilustrar al lector de cómo, ciertos eventos y acciones aparentemente no relacionadas, tuvieron grandes repercusiones en nuestras vidas.  Busca también, y a través de sus demostraciones, despertar en sus lectores la curiosidad y el escepticismo.  Los dos americanos buscan decirle a la gente: oiga, pregunte un poco más, analice cómo pudo haberse obtenido ciertas cifras o ciertos enunciados.  
Los ejemplos del libro están ligados directamente temas actualmente debatidos en los Estados Unidos.  El texto habla desde el aborto (y su relación con la disminución del crimen en los Estados Unidos), hasta la educación y las ideas erróneas que rigen el mundo de la literatura parental.  Nuevamente, el libro no aporta mucho si el lector es ya una persona escéptica, con un olfato agudo para detectar cuando, en una conversación, le están metiendo los dedos a la boca.  Pero si por el contrario, el lector considera que muchas veces peca de inocente, el libro mostrará procedimientos científicos que le ayudarán a construir un modelo de cuestionamiento. El libro, por lo didáctico y lo entretenido, fue un best-seller desde su publicación y sus autores continúan mostrándonos, basados en cifras, lo equivocados que podemos estar algunas veces.
Paris, Febrero 20, 2011

Las almas muertas

Autor: Nikolai Gogol
"No", dijo Chichikov para sí mismo, "una mujer es un fenómeno..."  A este punto su mano hizo un gesto de desesperanza.  "¿Qué es lo que hay que hablar?  Sólo intentemos describir todas las expresiones que resbalan por sus caras, todas esas pistas y emanaciones.  Sólo miremos los ojos de una de ellas: es un campo tan infinito, que ahí un hombre empezaría un viaje y nunca más se volvería a saber de él.  Nunca lo sacarían de ahí, ni siquiera con un garfio..."
En 1828, con 19 años, Nikolai Gogol publicó su primer poema.  Lo publicó con sus propios fondos causando una unánime opinión entre la crítica y las revistas de ese entonces: el poema era terrible.  El joven y soñador escritor recogió entonces todas las copias, las quemó y se prometió no volver a escribir poesía en su vida.
Por fortuna para todos, el ruso —¿o ukraniano?— siguió escribiendo y dejó para el deleite de la humanidad lo que sería la primera novela rusa moderna y una de las obras más importantes en la literatura mundial.  Las almas muertas no tiene ni el poder, ni la forma titánica de Ana Karenina, Los Hermanos Karamazov, o Crimen y Castigo, pero tiene algo que ellas no: un sarcasmo y un humor, que después de más de ciento cincuenta años continua vigente. 
Las Almas muertas cuenta la historia de Chichikov, un tipo normal de moral más bien cuestionable, que llega a un pueblo buscando comprar, valga la redundancia, almas muertas.  Por esto no debe entenderse la compra de cuerpos o cadáveres; en ese tiempo, los siervos eran también llamados almas —como las vacas y caballos son llamadas bestias en el ámbito agropecuario—, y el número de siervos —o almas— eran la garantía necesaria para obtener un préstamo hipotecario.  Puesto que el estado natural de los siervos —si estaban vivos o muertos— sólo se hacía una vez al año, Chichikov podía aprovecharse del sistema comprando siervos muertos y asegurarse un préstamo hasta la siguiente temporada de impuestos.
Así pues comienzan las aventuras de este tipo, un tipo que …no era seguramente un Adonis, pero su apariencia tampoco era desagradable.  No era muy gordo, ni muy flaco, como tampoco podía ser descrito como muy viejo o muy joven.  Gogol, cansado de los héroes hermosos, valientes, y de grandes valores, escoge un tipo cualquiera, uno con defectos tanto físicos como morales.  Luego, después de contar su historia llena de experiencias sobrias y mezquinas, el ruso nos pregunta —literalmente— si no tenemos todos un poco de Chichikov.  Así mismo y tácitamente, nos cuestiona si nuestros países no tienen también algo de su amada Rusia. 
Las estandarizaciones, la necesidad de capturar los comportamientos en su cultura abundan en la novela.  Gogol nos muestra a Rusia, el país que amó y criticó hasta sus últimos días, con todos sus matices.  A través de sus generalizaciones, de “los rusos somos así y asá”, de “los rusos hacemos esto y lo otro”, de “los rusos siempre tal y pascual”, Gogol revela nuestras similitudes, la materia humana que nos une a todos.  
Literariamente, el escritor ruso se atrevió a innovar.  Pocos son los escritores que se atreven a meterse en sus novelas y él lo hace con éxito.  No sólo no interrumpe el flujo de su narración, sino que le da color logrando que nos enamoremos aun más de su relato.
La narración de Gogol no aleja, ni intimida, suena más bien como el viejo amigo que nos cuenta una historia, una historia que casi parece infantil, pero que es tan aguda, tan cómica, y tan representativa de nuestra realidad —y la de esa época— que no podemos evitar reír.  Es entonces, diría quien escribe esta reseña, un libro que, a través de su arte y su narrador —¡y qué narrador!— trae felicidad.
Barcelona, febrero 15, 2011

La fascinación por lo peor

Autor: Florian Zeller
Aprendí leyendo el dossier que él era el nieto del fundador de los hermanos musulmanes, una organización creada justamente en Egipto, y que uno podría considerar como bastión ideológico del islamismo moderno.  Me acordé entonces de una emisión reciente en la que el Ramadan intentó justificar el porte del velo hablando de su famoso “pudor”.  Un filósofo, al frente suyo, le respondió calmadamente: “En ese caso, ¿por qué los hombres no portan el velo?  ¿Es que la cara de la mujer es más impúdica que la del hombre?”
 Florian Zeller, autor francés ganó el premio Interallié 2004 por su novela corta La fasination du pire.  La obra cuenta la historia de un joven escritor que viaja a Egipto a una convención de literatura.  Con él va otro escritor de personalidad más bien oscura, que demuestra una fascinación por el sexo y las prostitutas.  Los dos autores franceses llegan a la capital egipcia y mientras uno no ve la hora de volver a Paris, el otro quiere procurarse diversiones sexuales, que al final no encuentra porque, dizque en Egipto, la gente ya no se acuesta.  El resto de la trama, aunque es entretenida y corta, poco importa y es dejada al lector para que la desplume.
La fascination du pire, no causó controversia, pero si algunas discusiones.  Francia es un país con una alta influencia musulmana —la mayoría de sus inmigrantes son de países islámicos— y ciertos comentarios del autor levantaron llaga.  A esto cabe agregar que por el tiempo de su publicación se discutía —y se discutió por algunos años más— el dilema sobre si las mujeres podían o no, llevar la cara tapada con un velo.  La decisión del gobierno francés, después de extensa discusión, fue negativa.
En su novela Zeller habla sobre la religión musulmana y al mismo tiempo se lava las manos —cosa entendible—.  Él dice lo que muchos piensan —pero no expresan— a través del oscuro escritor, y luego aminora sus comentarios con las opiniones del otro personaje.  Los cuestionamientos no son xenófobos, ni racistas, son incluso justos.  Zeller cuestiona el islamismo radical, la represión sexual, la condenación de la literatura —cosa rara pues Egipto tuvo un Nobel de literatura— y claro, el velo.  El final del libro deja prístina la posición del joven autor francés.  Una posición un poco fatalista sobre una religión antigua que, como toda religión, tiene practicantes moderados como extremistas.
Barcelona, febrero 3, 2011

Las más populares