Daisy Miller, Brooksmith, The Real Thing, and The Middle Years

Autor: Henry James

“Deberías caminar con tu madre, querida” dijo la dama de Genova, perdiendo su paciencia.
“¡Con mi querida madre!” exclamó la joven.  Winterbourne vio que ella podía sentir interferencia.  “Mi madre nunca caminó diez pasos en su vida.  Además, usted sabe,” agregó riendo “yo tengo más de cinco años”.
“Tiene la edad de ser más razonable.  Tiene edad suficiente, señorita Miller, para que hablen de usted”.
Daisy miró a la señora Walker sonriendo intensamente.  “¿Para que hablen de mí?  ¿Qué quiere decir?”
“Entre a mi carruaje y se lo explicaré”.
Daisy observó rápidamente a los dos caballeros que la acompañaban.  Mr. Giovanelli hacía venias, quitándose sus guantes y sonriendo amigablemente; Winterbourne pensó que todo eso era de lo más desagradable.  “No creo que quiera saber lo que usted quiere decir”, dijo Daisy.  “No creo que me guste”.

El aparte traducido arriba refleja la personalidad de Daisy Miller, el personaje principal del cuento de Henry James que lo lanzó a la fama.  La historia fue publicada en 1878 por una revista inglesa, después de haber sido censurada en Estados Unidos por otra publicación que argumentaba que la historia era una mala caracterización de la mujer americana.
Daisy Miller: un estudio, narra la historia de Winterbourne, un joven americano de clase alta radicado en Genova, que conoce en un hotel a Daisy Miller, otra compatriota de orígenes más simples, pero cuya personalidad le enloquece.
El cuento es narrado en el más impecable inglés y se limita a relatar los hechos como fueron.  El autor evita toda clase de juicios sobre el comportamiento de la joven —comportamientos en ese tiempo libertinos, y en los nuestros, normales— remarcando y reforzando con su tipo de narración, el título de la obra.  Esto es, quizás, lo más interesante del relato pues en ese tiempo el cuento debió escandalizar por su manera “desvergonzada” , y hoy en día por lo retrogrado.  Todo esto mientras James nos otorga al mismo tiempo su sonrisa y su silencio.  El final de la obra es trágico y otorga, al deleitado lector, lo que el autor pensaba de su personaje.
Brooksmith es, talvez, el mejor cuento de esta colección.  La narración es exquisita y sale de boca de un hombre que frecuentaba la casa de un hombre de alta alcurnia y empleado de gobierno cuyo empleado principal —el mayordomo— es el foco del relato.  El narrador, acompañado de otro grupo de visitantes, frecuenta la casa del diplomático gozando siempre de conversaciones amenas y noches inolvidables.  Con el tiempo, el tipo comienza a notar que todo ese entorno, esas veladas espectaculares, poco debían su adjetivo al dueño de la casa y mucho a su mayordomo.  El estudio se tornó minucioso una vez identificado su objeto principal, y el arte de Brooksmith fue siendo detallado.  Al final, Mr. Offord  —el diplomático— muere dejando al narrador profundamente preocupado por la suerte del empleado, hombre que como si fuese el recuerdo de su patrón, también fue lentamente falleciendo.  Sin duda, y sólo por su arte, este relato es uno de los mejores que he leído.
En The Real Thing, James nos muestra un pintor que se ve sometido —¿moralmente?— a retratar a una pareja de nobles arruinados.  Ellos son perfectos: adultos bien parecidos, con porte y elegancia, pero tanto en la vida real como en los retratos, estos salían terriblemente planos.  El pintor se cuestiona si el plano no es él, pero otros modelos menos “aristocráticos” hacen que salgan de sus manos obras de considerable calidad.  Finalmente el pintor termina echando a los pobres nobles, ya que estos no le servían ni para que le lavaran sus platos.
The Middle Years cuenta la historia de Dencombe, un autor quien pasa sus últimos días en un retiro hospitalario y quien conoce a un doctor que le admira apasionadamente.  El nombre del relato es aquél del libro de Dencombe, quien se anhela un poco más de vida para escribir una mejor obra que aquella que le volvió famoso.  El médico admirador le dice que vivirá para hacerlo, pero los días que le quedan van pasando y el escritor llega a su final conclusión:

Una segunda oportunidad —ésa es la ilusión.  Nunca hubo más que una.  Trabajamos en la noche —hacemos lo que podemos—damos lo que tenemos.  Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea.  El resto es la locura del arte.

Estos son sólo cuatro cuentos que muestran la calidad de Henry James, uno de los más grandes escritores ingleses de los últimos tiempos. 
Barcelona, enero 26, 2011

Germinal

Autor: Émile Zola
Daba lo mismo si él reacomodaba los cables, si él revivía el fuego, ¿dónde encontraría hombres?  Quince días de huelga, él estaba en banca-rota.  Y en esa certitud de su desastre, él no tenía odio contra los bandidos de Montsou, él sentía la complicidad de todos, una falta general,  secular.  Brutos sin duda, pero brutos que no sabían leer y se morían de hambre.
Germinal es considerada por muchos la obra maestra de Emilio Zola.  Si usted es una de esas personas que ama los libros grandes —no en tamaño— y no ha leído este, se está perdiendo de una obra de la talla de Los miserables o El Conde de Montecristo —de hecho los restos de Zola yacen junto a los de Dumas y Víctor Hugo en la misma habitación del Panteón de Paris—.  
Germinal fue publicada en 1885 y  hace parte de la zaga de veinte libros en la que el novelista y periodista francés, retrata al mismo tiempo la historia de una familia y la época que le tocó vivir.  Aunque Germinal es ficticia, fue escrita con la intención de relatar las condiciones de trabajo que se vivían en las minas de carbón a finales de 1800.  Para que el lector se de una idea del tema, la novela comienza con un hombre joven que llega a la mina en una noche helada y se pone a hablar con viejo que, en medio de la conversación, tose dejando en el suelo el carbón que venía acumulando en los pulmones durante años. 
Germinal toma su nombre de un mes del calendario republicano —calendario creado durante la revolución francesa—.  Es justo el primer mes de la primavera y la palabra está relacionada con la germinación, el renacimiento.  El autor francés escogió este nombre quizás porque quería que ese fuese el despertar de una acción obrera que le diera al pueblo más justicia y equidad.
Germinal está narrada maestralmente, tiene un ritmo rápido, y está divida en siete partes.  Los capítulos son muchos y tienen en promedio más o menos diez páginas.  El personaje principal es Étienne, un hombre joven con una educación media que buscando trabajo, lo encuentra en una mina que, como el francés dice varias veces, lleva años comiendo humanos.  Étienne, que por lo menos sabía leer, se dio cuenta rápido de las condiciones de explotación de la clase obrera —en la mina trabajan sin excepción viejos, hombres, mujeres y niños— y fue sembrando en la mente de ésta, los primeros sueños de equidad.  El resultado es una huelga brutal que acaba con la vida de varias minas y mineros.  Zola nos cuenta en esta obra, lo que quizás pudo haber sido el primer y uno de los más importantes movimientos obreros en Francia.
Quien cree que va a encontrar en el libro una defensa a las huelgas —deporte nacional francés—, se equivoca.  Zola no romantiza nada.  Los relatos de la estupidez de las muchedumbres son narrados con la claridad y la imparcialidad que el periodismo requieren.  El escritor y periodista dentro de Zola trabajan juntos mostrándonos las peleas obreras internas, la frialdad del capitalista, las vanidades y la bajeza a la que se puede llegar en los dos bandos.  La grandeza de la obra es quizás esa: la neutralidad con la que se narra todo, la nitidez de una situación en la que, por su naturaleza humana, todo el mundo se equivocaba.
Paris, Enero 14, 2010

Caliente, plana y abarrotada

Autor: Thomas Friedman
“Pobreza de energía” concluye Freling, cubre cada uno de los aspectos de nuestra existencia y erradica cualquier esperanza de salir de la “pobreza económica” hacia el siglo XXI.
La frase con la que comienza esta reseña resume la problemática tratada en Hot, Flat, and Crowded, el libro del ganador del premio Pulitzer Thomas Friedman.  En Caliente, plana, y abarrotada, el americano construye sobre las premisas ya establecidas en The World is Flat —el mundo es plano, por su traducción al español— y describe la problemática ambiental en la cual se encuentra nuestro planeta.
El libro está dividido en cinco partes que nos muestran con suficiente profundidad varias facetas del problema climático, y que no sólo nos retrata la gravedad y la grandeza del reto a superar, sino también las grandes ventajas que sacaremos si triunfamos en él.
La primera parte del libro puede traducirse como “Cuando el mercado y la madre naturaleza se encuentran”.  Esta parte es una descripción de la dualidad que actualmente vivimos.  Los seres humanos consumimos cantidades desmesuradas y creamos políticas que, en algunos casos, tienden a proteger el ser humano, pero no a su ambiente —en algunos países ni siquiera protegen al ser humano—.  Los Estados Unidos, por ejemplo, han evitado tomar medidas adecuadas con respecto al medio ambiente argumentando que leyes severas podrían tener un impacto en la economía, o que la tecnología que puede mejorar nuestra formas de producción están aun muy lejos de ser desarrolladas.  Friedman alega que si no se cuida el medio ambiente —si no se toman acciones severas o se desarrolla la tecnología— no habrá economía alguna que cuidar.  Ejemplos como el huracán Katrina le dan la razón.  
Hoy en día, el reto de energía-clima es el típico caso de lo que John Gardner, el fundador de Causa Común, una vez describió como “una serie de grandes oportunidades disfrazadas como problemas irresolubles”
Lo mismo ha pasado con países como China e India, que tratando de competir mundialmente y tratando de tener niveles de vida parecido al americano, consumen y construyen sin pensar mucho en el ambiente que los rodea —China ya está saliendo de ese letargo—.  El punto que Friedman trata de hacer entender a sus lectores es indiscutible: la naturaleza no entiende ni argumentos, ni religiones, ni intenciones; ella es sólo química y matemática.  Con la naturaleza no se puede debatir.  
La segunda parte del libro se llama “Donde estamos”.  Aquí Friedman nos educa sobre las tendencias de consumo en los países en vía de desarrollo, el aumento de los niveles de vida a nivel global, la pobreza energética, y la necesidad de tener una conciencia ecológica.  Uno de los capítulos más impactantes de esta parte es el referente a las petro-dictaduras.  El americano describe como caudillos ignorantes son sostenidos en el poder por el dinero que el petróleo les da, mientras estos acaban con sus países.  Friedman es extenso y detallado en este segmento y muestra la idiotez del mundo que pelea contra países a los cuales, comprándoles su petróleo, les da el dinero para que compren las armas con las que estos contra-atacan.
En la tercera parte “Como salimos adelante”, Friedman narra las cosas que ya están pasando, los esfuerzos aislados de miles de personas que, conscientes del problema actual, ya están trabajando. 
La cuarta parte del libro es dedicada a la China.  Friedman es un asiduo visitante del país y reconoce no sólo los avances que han hecho en materia ambiental —los chinos tuvieron que cambiar, pues ya comenzaban a sufrir las consecuencias de algunos de sus actos—, sino también el inminente liderazgo que van a tomar precisamente por producir energía por medios alternativos.  El periodista explica claramente por qué ha sido más fácil para China tomar medidas y también los retos que tendrán en el futuro si no cambian su modelo totalitario.
La última parte del texto, Friedman la dedica a su adorado país.  Aquí Friedman fantasea con que los Estados Unidos pudiera ser China sólo por un día para tomar las medidas necesarias sin que se tomen años en ser debatidas en el congreso.  El periodista americano no lo menciona explícitamente, no dice la palabra, pero es aquí donde más se nota su frustración con la corrupción que carcome el congreso americano, y con la inocencia de la juventud que, como la rana en la olla, no se da cuenta que se está cocinando.  Los siguientes parajes muestran algunos de sus puntos:
Sin un precio serio por el carbono no habrá una revolución verde.  No habrá consumidores demandando nuevas tecnologías, y no habrá nuevos productores que los incentiven.  Lo que tendremos serán compañías que van a tratar de apropiarse de los fondos que el gobierno dé para incentivar energía renovable.
La revolución verde podría aprender de dos antecedentes: el movimiento de los derechos civiles, y la movilización americana para luchar la segunda guerra mundial.  El movimiento de los derechos civiles forzó a los americanos blancos a tratar americanos negros del mismo modo que ellos quisieran ser tratados.  Pero ese movimiento no solamente pidió a la gente de ser amables con sus vecinos africano-americanos o voluntariamente abrir el acceso a las piscinas locales.  Finalmente el movimiento consistió en cambiar leyes para que nadie tuviera la opción de discriminar, y fueron las leyes lo que finalmente cambió el comportamiento y las actitudes de decenas de millones de personas.
Friedman es un periodista que polariza.  Muchos lo quieren, muchos lo detestan.  Para quien escribe esta reseña, el ganador del Pulitzer informa y explica.  Educa.  Sus libros muestran ciertas realidades, y aunque muchos son los que dicen que sus soluciones son simplistas, se le agradece el hecho que las proponga.  En las últimas páginas, el optimista americano nos deja con una reflexión tan real como aterradora, una reflexión que quizás haga que el lector de esta reseña, se le mida a la actividad de leer el libro:
El reto más grande que tenemos hoy en día en energizar una real revolución verde consiste en que la gente más afectada por el cambio climático no seremos nosotros.  Las personas que serán más afectadas por el abastecimiento de energía y de recursos naturales, por las petro-dictaduras, por el cambio climático, la pobreza energética, y la pérdida de bio-diversidad no pueden votar —ellos todavía no han nacido.
Si la re-Generación quiere jugar un papel importante, tiene que salir de Facebook y plantarse en la cara de alguien.  Tiene que salir del chat e ir al congreso, donde las leyes se escriben.  La gente que se que beneficia de la contaminación, no atiende conciertos del día de la tierra.
Paris, Enero 5, 2011

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