El péndulo de Foucault

Autor: Umberto Eco
Inventando, había creado el principio de la realidad.
El péndulo de Foucault es quizás una de las obras más conocidas de Umberto Eco, y según varia gente, una de las más intimidantes. 
De hecho sus primeros capítulos no ayudan: en ellos Eco habla de la historia del péndulo y sus atributos matemáticos; capítulos que ahuyentarían tanto a buenos como malos lectores.  Pero aparte de esto la historia toma el curso brillantemente habitual de las novelas del escritor italiano. 
El péndulo de Foucault narra la historia de tres editores de libros de ocultismo los cuales, después de conocer varios sujetos con ideas descabelladas, se dejan arrastrar ellos mismos construyendo un plan que les lleva a casi todos a la muerte.  Me imagino que si quien lee esta novela es un experto o un apasionado por los templarios, la adorará.  Encontrará en ella varios datos que corroborarán lo que ya sabía, desmentirá otros, y con seguridad le informará de nuevos.  A aquellos que no tenemos ni idea, nos recordará películas como Indiana Jones, y nos deleitará con ese lado oculto de lo sagrado que tanto nos intriga.  El libro es bueno y entretenido.   Algunos dialogos son geniales y cómicos.  Los ambientes de Roma, Paris y otras ciudades europeas nos hacen soñar. Pero la versión que tengo del libro tiene en su contraportada una frase de elogio que a mi humilde parecer constituye, entre las cualidades ya descritas, su gran defecto: es “infinitamente divergente”.  El atributo —dado por el New York Times— es preciso y lamentable.  Eco narra mil historias dentro de la suya, nos habla de los templarios, de las sectas diabólicas, de la vida de sus personajes, etc.  Esto es normal en cualquier novela y Eco logra mantener a su lector amarrado, pero se llega a un punto donde una historia sólo puede mantener unido una cantidad determinada de hilos.  Después el lector, que tiene mucho menos tiempo que el escritor para revisar la obra, comienza a perderlos de vista.  La novela pudo haber tenido facilmente ciento cincuenta páginas menos —tiene 640—.
En fin, las historias de Eco son geniales porque su autor muestra al mismo tiempo su erudicion y su lado infantil (confabulaciones, secretos, tesoros),  eso que en nuestra adolescencia nos incitaba a la lectura.   No son novelas faciles, pero tampoco imposibles, sobre todo, son relatos que uno nunca se arrepentirá de haber leido.  El péndulo de Foucault, por ejemplo, muestra que la realidad es en creación constante: la vamos haciendo con nuestros pasos y nuestras creencias.  En este caso llevan a los personajes más a la perdición que a cualquier otra parte, pero queda la sensación que la regla se aplica a todo y que si se es sensato, se tendrá un final mejor. 
Sologne, diciembre 28, 2011

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