Viaje al fin de la noche

Autor: Louis-Ferdinand Céline

Por más viejas o deterioradas que ellas sean, las cosas, ellas logran aun, uno no sabe de dónde, la fuerza de envejecer.  Todo había cambiado a nuestro alrededor.  No la localización de las cosas en sí, pero las cosas en profundidad.  Ellas son otras cuando uno las reencuentra, poseen, uno diría, más fuerza para ir dentro de nosotros tristemente, aun más profundamente, más dulcemente que antes, ellas se funden en esa especie de muerte que se hace lentamente en nosotros, gentilmente, día a día, cobardemente delante de nuestra resistencia que es cada vez menor que la de la velada pasada.  De un momento a otro, uno la ve enternecerse, arrugarse en nosotros, la vida y los seres y las cosas a las que uno renunció, preciosas y dudables talvez.  El miedo de terminar ha marcado todo con sus arrugas mientras uno camina por la ciudad detrás de su placer o de su pan.

Generalmente cuando se piensa en la noche, se piensa en su transcurso, en las horas que pasan hasta que ésta cede a la luz del día.  Pero el título que le da Céline a su novela es apropiado: él habla de la vida como de la noche, y no aludiendo a su transcurso, sino a su profundidad, un adentramiento que va más allá de la miseria y de la pobreza, por no decir también de nuestras  debilidades humanas.  Ésta es una reseña difícil de hacer pues quien escribe este blog jamás ha leído obra semejante, algo tan caótico, tan maestral, tan patéticamente chistoso y tan diciente del ser humano.
Y es que tiene que tomar cierto tipo de persona para escribir algo como Voyage au but de la Nuit: Céline conquistó el pesimismo con su ida a la guerra, desenmascaró la crudeza humana quizá a través del ejercicio de la medicina, y ya acostumbrado a decir lo que pensaba —y no excusarse ante nadie por ello— apoyó el movimiento nazi aun después de la ocupación.  No la mejor persona del mundo, Céline.  Pero no se está aquí para juzgar el carácter de nadie sino para admirar una obra.  La producción de la belleza y lo maestral no es exclusivo de los santos.
Viaje al fin de la noche, cuenta la historia de Ferdinand, un médico mediocre francés que fue a la guerra (y regresó), fue al África (y regresó), y que cuenta con una honestidad incuestionable sus pensamientos y experiencias.  Ferdinand tiene todas las características de cualquier ser humano: es cobarde, egoísta, traidor, mezquino; y aun así, uno lo adora.  El libro no tiene una linea narratoria clara, no hay una trama, es más bien la vida caótica de su personaje principal que va y viene dando tumbos, sobreviviendo como puede, hasta que la muerte encuentra a su compañero que era igual de salado a él; el personaje siente como suya, la muerte de su paralelo.
Viaje al fin de la noche es un libro que cualquier amante de la literatura debería leer.  No sólo es una ruptura en la narración tradicional (el libro maneja, en Francés, un lenguaje coloquial delicioso), sino que también es un homenaje a nuestra humanidad, una humanidad que puede ser con frecuencia no muy bonita. 
Barcelona, Noviembre 21, 2011

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