La catedral del mar

Autor: Ildefonso Falcones

La catedral del mar tiene un poco más de seiscientas páginas y se lee en una semana dependiendo del tiempo que posea el lector.  Así de buena es la historia.  Si usted está en vacaciones, será el libro apropiado, uno de esos que no le dejará separarse de sus páginas. 

La novela comienza con una injusticia y prosigue después narrando la historia de Arnau Estanyol, un siervo fugitivo de nacimiento, que después se convierte en cargador de piedra, luego en soldado, luego en dueño de una mesa de cambio, luego juez, y después, bueno… se recomienda aquí que más bien se lea el final.  Todo esto alrededor de la construcción de la famosa catedral catalana.
Literariamente, hay que decir que el libro no es tan bueno como su trama.  La historia atrapa, es recreada con hechos históricos, y Falcones hace un trabajo estupendo metiendo a sus lectores en el ambiente catalán de la época.  El hilo narrador, quizás su mayor atributo, comienza con la historia del padre, enlazando al lector a los orígenes del personaje principal; continua después con todos las etapas del personaje —que siempre es bonachón e inocente— y finalmente, al mejor estilo de Víctor Hugo, consigue completar un cuadro con un desenlace que incluye a todos los personajes que no murieron en el camino.  Pero a La catedral del mar, a esta novela deliciosa le falta algo; quizás es que nos hace sufrir pero no pensar, o que la narración no es artísticamente “bonita” por así decirlo.  En sus páginas no encontraremos frases interesantes o preguntas que nos harán cerrar el libro para luego rumiarlas.  Pero esto no es requerimiento obligatorio para hacer un buen libro —es solamente las predilecciones de quien escribe esta reseña.
Es un libro muy recomendable, como una buena película que despierta pasiones, pero que no necesariamente vamos a recordar en unos años.
Barcelona Septiembre 17, 2011

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