El invierno en Lisboa

Autor: Antonio Muñoz Molina

Mírame, yo soy una sombra, yo soy un desterrado.  No de mi país, sino de aquel tiempo.

La novela negra siempre ha sido un género difícil de abarcar.  Cualquier persona pensaría que hacer una historia que se mueve en ambientes lluviosos, nocturnos, de puertos, bares y prostíbulos, debe ser tarea fácil, pero la verdad es que los escritores que se lanzan a dicha empresa se encuentran siempre con un reto cuyo producto es casi siempre lamentable. 
Y es que la novela negra moderna —por  esto queremos decir, después de El halcón maltés y las películas de Bogart— es ya un cliché.  O sea: una oficina en blanco y negro, un investigador privado con su botella de Jack Daniels en el cajón del escritorio, una mujer en minifalda que fuma y entra en la oficina, con un revolver y una lágrima, pero llena de elegancia y dignidad.  Ya sabemos que va a pasar —incluso en las caricaturas de Bugs Bunny—.
Pero ya dicho lo dicho, debemos evocar aquí a Oscar Wilde: en este mundo hay libros bien escritos y libros mal escritos.  Punto.  Una buena novela tiene que tener, fuera de su ambiente, una buena trama, y personajes cuya personalidad sea honda, que no se puedan describir en tres líneas.  Tristemente estos no son atributos de El invierno en Lisboa, ganadora del Premio Nacional de Narrativa en 1988.
Alguna vez leí en alguna parte que los escritores se pasaban la mayor parte del tiempo editando las primeras cinco páginas de su libro sin darse cuenta que éste comenzaba en la página 13.  Bueno, pues en éste caso, Muñoz Molina comenzó el suyo en la página 97 —por lo menos en la edición que se utiliza para esta reseña y la cual tiene 187 páginas—.  La obra cuenta la historia de Santiago Biralbo —un pianista deprimido— que se enamora de Lucrecia, una tonta casada con un americano ordinario y traficante de arte, del cual al final huye.  Voilá toda la novela.  El traficante, no contento, persigue a la mujer que por alguna razón ignota, se rehusa a quedarse con Biralbo. 
No será aquí donde se tache a Muñoz Molina de mal escritor.  El libro tiene frases deliciosas y profundas como “Este es un país muy raro.  Aquí las cosas ocurren de otra manera, como si estuvieran pasando hace años y uno se acordara de ellas.” Lo que pasa es que la novela no corre, se queda dando vueltas y vueltas y vueltas.  La historia es pobre y lo son aun más sus personajes, con los cuales, por su insoportable levedad, es imposible identificarse.  Una biblioteca personal debe guardar los libros que nos mueven, que nos gustan; El invierno en Lisboa terminará hoy en una banca o en algun vagón del metro de Barcelona… con Premio Nacional de Narrativa y todo.
Barcelona, Agosto 12, 2011

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