El castillo

Autor: Franz Kafka
Usted fue contratado como topógrafo, pero no necesitamos uno.  No tendríamos ni el menor trabajo para una persona así. … “¿Pero cómo es eso posible?” exclamó K. “Después de todo, no he hecho todo este viaje solamente para ser enviado de vuelta ahora”. “Eso es un asunto diferente”, dijo el director, “y es uno en el cual no es mi deber decidir, aunque puedo explicar cómo se pudo dar esta equivocación”.
La semana pasada quien escribe esta reseña llegó a su lugar de trabajo y dejó El castillo sobre su escritorio.  Un colega se acercó y quedó aterrado al leer el nombre del autor.  No es posible aquí aludir a la educación del tipo, ya que es una de esas relaciones someras establecidas en ambiente laboral, pero la pregunta que vale la pena hacerse es ¿por qué  la gente se siente intimidada frente a ciertos autores o ciertos títulos?  En Rusia es tan común leer a Dostoievski y a Tolstoi como en America Latina se lee a Garcia Márquez o a Cortazar.  Nadie lo ve a uno aterrado por eso.
Y no es que se diga en esta reseña que Kafka es superficial (nadie podría decir esto de ninguno de los escritores mencionados), lo que se quiere decir es que ni los autores ni sus libros deberían espantar. Sobre todo porque, en este caso, Kafka es quizá el escritor mas humilde, grande, humano y de cierta forma y por esta misma razón, inseguro, que nos dejó el siglo pasado.  ¿Por qué espantarnos de un ser así, de un ser que plasmó nuestra naturaleza humana con novelas que tratados filosóficos, pensadores, y gente normal no se cansan de desollar?  Y es por este miedo y/o pereza que nos perdemos de experimentar el vértigo ante estas obras, de ahondar en nuestras profundidades y sentirnos pequeños y por esto mismo, valiosos.
Entrando en materia, El castillo es, desafortunadamente, una obra que la muerte interrumpió.  Es más larga que El proceso, pero trata la misma problemática (o siendo más claros, la misma situación: un problema tiene solución, una situación carece de ella).  En esta novela, K., el personaje principal, se debate contra algo que existe pero que es demasiado grande para siquiera vislumbrarlo y mucho menos alcanzarlo
el castillo—.  Al igual que en El proceso, K. un tipo que explora terrenos, ¡ni más ni menos!— se debate contra organismos burocráticos, absurdos y vagos que significan todo y al mismo tiempo  no significan nada.  Kafka entonces nos pone en la situación de su personaje: a pelear contra una vida que jode, pero a la que no se le puede joder: contra una vida que significa mucho y al mismo tiempo no significa nada.
Al contrario de lo que pudo pensar mi compañero de trabajo, Kafka no es un ladrillo.  No es triste, no es monótono, ni siquiera es largo.  Kafka es uno de esos seres sensibles que murió sin darse cuenta o siquiera sospechar— que cambiaría la manera de ver la vida de todas las personas que leyeran sus libros.   No haberlos leído aun, querido lector, es una problemática que vale la pena solucionar.
Barcelona, Agosto 3, 2011

1 comentario:

PatoX dijo...

Hola,

Tu reseña de este libro me llamó la atención y definitivamente lo pienso leer.

Comparto la idea de que ciertos autores y libros a veces espantan a la gente que me rodea. Una verdadera lástima porque muchas veces son excelentes libros. :-)

Saludos

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