Cartas a un joven novelista


Autor: Mario Vargas Llosa
La ficción es una mentira que encubre una profunda verdad
Probablemente la intención del Nobel peruano era la de escribir un manual caluroso para todo aquél que desea comenzar la ardua tarea de escribir una novela.  Él mismo dice que es un libro muy íntimo, pues muestra sus predilecciones literarias, y la manera como personalmente ve su género favorito.  El producto es un libro, que aunque no tiene el calor requerido —como talvez lo hubiera escrito, digamos, Saramago—, logra pasar los conocimientos de uno de los mejores escritores de nuestro tiempo, a uno que apenas comienza a construirse.  El libro es pequeño pero sustancioso y pone en términos fáciles, todo eso que en las aulas del colegio y con modesto éxito intentaron meternos en la cabeza los profesores de nuestra lengua.
Vargas Llosa comienza su libro con lo que significa ser escritor y las consecuencias y recompensas que esta labor trae: quien ha hecho suya esta hermosa y absorbente vocación no escribe para vivir, vive para escribir.  Aquí nos cuenta de los sacrificios requeridos y de las escasas y esporádicas recompensas.  Cualquier lector ávido de consejos encontrará este capítulo bastante cruel, pero el Nobel no quiso mentir.  Como no se cansa de decirlo durante todo su libro, la recompensa de la literatura, es interna.
En los siguientes capítulos, el peruano nos habla de los componentes y características importantes de la novela: su necesidad de persuadir —de crear otra realidad sin que nos demos cuenta—, de la eficacia del estilo —la sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético—, y de las relaciones entre narrador y espacio.  Poniéndonos como ejemplos a Virginia Wolf, a Hemingway y a Cortazar, Vargas Llosa nos habla de las mudas, los saltos cualitativos, y los datos escondidos.  Contándonos de Las mil y una noches, y de Cervantes, nos habla de las muñecas rusas y las historias dentro de las historias.
El libro entonces no es solamente una súper guía de las entrañas de la novela, sino también una excelente catálogo de libros para leer.  Al final, el Nobel decide dejarse de teoría y se despide:
Querido amigo: estoy tratando de decirle que se olvide de todo lo que ha leído en mis cartas sobr la forma novelesca y de que se ponga a escribir novelas de una vez.
Una excelente despedida de un libro de teoría que incita a la práctica.
Barcelona, Junio 27, 2011

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