Cuentos fantásticos


Autor: Guy de Maupassant
Si fuéramos dos en mi casa, ¡yo siento, sí, siento, él cesaría de existir!  Porque él está ahí porque estoy solo, ¡unicamente porque estoy solo!
Es difícil decir que el autor francés de La Horla es conocido más por sus cuentos de terror que por sus otras obras.  Pierre et Jean es una novela deliciosa y no son pocas las recomendaciones que quien escribe esta reseña ha recibido de Bel ami.  Igual, en Francia el escritor es toda una institución, y fue en su tiempo amigo y protegido de escritores de la talla de Flaubert y Zola. 
Tanto sus cuentos como sus novelas, reflejan una mezcla de simpleza y calidad.  Todas son narradas con encanto, reflejando de forma más natural las costumbres francesas a finales de 1800 —las velas, los mandados, los esporádicos teléfonos—.  En sus relatos, el francés usa casi siempre la misma estructura: un hombre, en diversas situaciones, le cuenta a otro —o a muchos— una historia de horror.  Usualmente explica lo que para él fue el miedo: no algo que viene de afuera, sino algo interior: lo que hoy llamaríamos con más puntería “la angustia”.  Maupassant retrata en sus historias las cosas que existen pero que ni vemos ni sentimos, las cosas que nos rodean y que viven con nosotros, pero las cuales ignoramos completamente. 
La colección de cuentos, es entonces entretenida a leer aunque no recomendable de hacer de una sola sentada.  Los cuentos son bastantes y deben distribuirse a través del tiempo para que no pierdan su sabor.  Maupassant logra en uno que otro relato sorprender al lector; en otros casos lo lleva con sus simples palabras a experimentar escabrosas situaciones —una muerta que pide que la peinen; un tipo que en frente de su hermano muerto, le pide que mire como él mata al lobo que lo asesinó; una muerta que vuelve a la casa de su padre—.
En cuanto a La Horla, quizá el cuento más conocido del autor, Maupassant relata la experiencia de un hombre que siente que tiene a otra persona adentro.  Se podría hablar de una posesión, pero la palabra está teñida de una significación religiosa que no fue la que Maupassant intentó darle.  Es mejor hablar de un Dr. Jekill, un hombre invisible que acecha,  y que de vez en cuando maneja, cual titiritero, los impulsos de su huésped.  El relato es narrado a manera de diario —un poco como Drácula— lo cual le da veracidad y una cronología que permite ver el agravamiento de la situación.  Es de verdad, un gran cuento.
Maupassant, vale la pena aclarar, sufrió al final de su vida demencia y esquizofrenia.  El célebre escritor intentó quitarse la vida sin éxito, y murió un año después en 1893, en un manicomio.  Para referencia de todos, La Horla fue escrita en 1885 y re-escrita en 1887.
Barcelona, Junio 14, 2011

1 comentario:

ortopedia dijo...

El cuento más extremecedor de Maupassant es "Quién sabe"
un gran cuento donde se adentra en su trajedia

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