Don Juan


Autor: Molière
Sganarelle: Quiero saber un poco lo que piensa.  ¿Es posible que usted no crea para nada en el cielo?  Don Juan: Dejemos eso así.  Sganarelle: Eso quiere decir que no.  ¿Y en el infierno?  Don Juan: Sí, sí.  Sganarelle: Más bien poco.  ¿No cree tampoco en la otra vida?  Don Juan: ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!  Sganarelle: He aquí un hombre que debería convertirse. Entonces dígame, ¿En qué cree usted?  …  Don Juan: Yo creo que dos y dos son cuatro, Sganarelle, y que cuatro y cuatro, son ocho.
Para quien escribe esta reseña, leer a Molière fue todo un descubrimiento.  Uno es sorprendido en cualquier lugar partido de la risa con algo escrito casi cuatrocientos años antes de nuestros días.  Porque el francés, aunque antiguo, es actual.  Sus personajes son los mismos que vemos hoy.  Con excepción de la medicina —hoy ya una disciplina, pero entonces creída por muchos como charlatanería—, la hipocresía, la religión, y los hombres “nobles” todavía se ven entre nosotros.  Nos sorprende entonces que en el pasar de las páginas de sus obras, asociemos ciertos personajes a personas que conocemos.
El Don Juan de Molière es otra de las muchas versiones sobre el mito.  El francés nos muestra en su obra a un personaje principal cuyo deporte era el de casarse y el de la buena vida.  Su paje, Sganarelle, juega un papel crucial en la obra, actuando como la conciencia del rico hedonista.  Don Juan, también de cierta manera, actúa como la voz de Molière que se burla de médicos, curas, “nobles” y los extremos morales.  Al final el autor condena al personaje quizás aceptando que tampoco se puede llevar una vida tan desenfrenada.
Molière creo la obra en 1665 quizás basándose en el escrito del español Tirso de Molina publicado unas décadas antes.  La obra no duro mucho en los carteles.  La obra fue implacable con la iglesia y la religión —como casi todas las otras obras de Molière—, y la censura actuó con rapidez.  La obra no se volvió a ver hasta casi doscientos años más tarde, en 1841 cuando fue representada en el Teatro de Odeón en Paris por la Comedia Francesa.  Una buena colección del dramaturgo francés es bien sugerida en cualquier biblioteca respetable...  o simplemente para reírse un rato.
Barceclona, Mayo 19, 2011

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