Los tres mosqueteros


Autor: Alejandro Dumas

Los tres mosqueteros es uno de esos libros que hacen parte de nuestra cultura colectiva.  Son pocos los que han leído la obra, pero esto no impide que a tres amigos cualquiera, se les aplique el adjetivo. 
Como en el 80% de los casos es mejor el libro que la película.  Para aclarar las dudas de quienes no han leído la obra, los tres mosqueteros no eran tres, sino cuatro —D’Artagnan, el personaje principal, se convierte finalmente en mosquetero—, y afortunadamente, la dichosa frase de “Todos para uno y uno para todos” que citan hasta el cansancio en las representaciones de Hollywood sólo es mencionada una vez en las ochocientas paginas de la obra en francés.
Dumas comienza su libro contándonos cómo nació su novela.  El celebre escritor francés, haciendo quien sabe qué en la biblioteca pública de Marsella, encuentra un libro llamado Memoirs de M. D’Artagnan, libro que le sirve para crear la que sería su segunda obra más conocida después del Conde de Montecristo.
La historia comienza en 1625 cuando el joven D’Artagnan deja sus orígenes gascones para realizar su sueño de convertirse en mosquetero del rey.  En el camino se encuentra con un hombre y una hermosa mujer más bien sospechosos.  El tipo le roba una carta de recomendación que su padre le había dado para el líder de la guarda —vernáculo de la misma región que el joven— y que era su única posesión de valor.  D’Artagnan llega a Paris se encuentra con el empleado del rey, que pese a la falta de la recomendación, le permite hacer parte de los aprendices de mosquetero.  Saliendo, D’Artagnan se topa con el hombre que le robó la epístola y persiguiéndolo caza peleas con los tres mosqueteros (Athos, Porthos, y Aramis).  En el primer duelo, los tres mosqueteros se dan cuenta que su cita es con el mismo hombre y ahí comienza la amistad.
La historia tiene varias aventuras, pero en todas ellas predomina un ente que, quizás por estar en tan altas esferas, es inalcanzable para los cuatro amigos: el  Cardinal Richelieu.  Con el pasar de las páginas se mezclan historias a niveles gubernamentales, históricos, y personales, lo que hace de la obra una lectura compulsiva.  El enemigo principal, tan macabro como inolvidable —y que trabaja para Richelieu—, es Milady de Winter, de quien sus crímenes, algunos íntimos para las cuatro amigos, se van revelando más escabrosos.  Aunque, casi al final, el encierro de Milady le quita un poco de velocidad a la novela, la conclusión es buena y Dumas logra cerrar su historia dejándola en corazón de todos sus lectores.
Aunque la historia no es de la misma calidad que el Conde de Montecristo, la obra logra llevar a un lector adulto a sus tiempos de niño —cosa difícil.  La elegancia y el charme con la que es narrada, las buenas virtudes y los excesos —sobre todo por parte de D’Artagnan y de Porthos, vistos con ojos indulgentes— logran una obra que ha sobrevivido ya más de un siglo.  El libro es simplemente atrapador, y lleva a la lectura al esplendor de su más agradecida propiedad: la de entretenernos al mismo tiempo que nos hace felices.
Barcelona, Abril 2, 2010.

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