El olvido que seremos

Autor: Héctor Abad Faciolince
Yo recordaba que muchas veces mi papá me había dicho que todo ser humano, la personalidad de cada uno, es como un cubo puesto sobre una mesa.  Hay una cara que podemos ver todos (la de encima); caras que pueden ver algunos y otros no, y si nos esforzamos podemos verlas también nosotros mismos (las de los lados); una cara que sólo vemos nosotros (la que está al frente de nuestros ojos); y una cara oculta a todo el mundo, a los demás y a nosotros mismos (la cara en la que el cubo está apoyado).   Abrir el cajón de un muerto es como hundirnos en esa cara que sólo era visible para él y que solo él quería ver, la cara que protegía de los otros: la de su intimidad.
En Colombia y en general en Latino-américa, pululan con frecuencia y en los periódicos, voces insensatas que defienden ideologías, sustentan agendas de gobierno, y proclaman necedades.  Héctor Abad, leído columnista, periodista, y escritor colombiano, ha sabido diferenciarse de esa bulla algunas veces por la humildad con la que proclama sus ideas, otras veces por su vocación para culturizar, y en ocasiones por denuncias que avergüenzan tanto a quien las escribe como a quien las lee.  Antes publicaba sus columnas a través de la revista Semana ―la revista más importante de su país―, ahora lo hace desde un periódico que podría ser mucho mejor.
El escritor colombiano publicó El olvido que seremos hace un año o dos, ocasionando uno de esos raros y modestos éxitos editoriales en nuestras tierras.  Podría decirse que se trata de un relato autobiográfico, pero la verdad es que es más un exorcismo.  El libro narra la relación con su padre ―médico y defensor social asesinado por ideas dizque comunistas― y varias anécdotas de su vida unas trágicas y otras nostálgicas.
El libro es muy bueno.  Quien escribe esta reseña lo leyó  en dos sentadas y no porque  fuese corto: la manera de narrar y la intimidad con la que el autor cuenta lo que vivió  mantiene al lector adheridos a sus páginas.  Su sinceridad y humildad purga su relato de cualquier egotismo. 
Si su libro es difícil de leer ―por lo emotivo―, debió haber sido dolorosísimo de escribir.  Uno puede leer en sus hojas su adoración hacia su padre, ese amor que nos es familiar a muchos, pero desafortunadamente no a todos.  
Pese a las diatribas contra la religión ―que aunque son compartidas, son, en número, un poco excesivas en el comienzo―,  Abad escribe bien.  A veces con una redacción normal y pausada, otra veces con el estilo del Proust que tanto le gusta.  Sus capítulos son cortos y enfocados en diferentes eventos, lo que le da al libro una cualidad que podría catalogarse como masoquista, pues aunque se sufre, se quiere  seguir leyendo.
Pese a su éxito editorial, El olvido que seremos no es un libro escrito pensando en el público como muchos otros que se publican ahora.  Es un libro que su autor necesitaba escribir, un texto que talvez fue arrancado de sus entrañas, un último grito de indignación y rabia ―respaldado por muchos colombianos― y que debió haberle otorgado sino un gran descanso, por lo menos cierto alivio.   Una cosa sí queda: Abad se aseguró que el padre ―y quizás él mismo― obtuviese gracias a su historia, una prorroga de esa terrible e inexorable sentencia del olvido.
Madrid,  abril 15, 2011

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si alguien esta interesado en un ejemplar en excelente estado

http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-149170622-libro-el-olvido-que-seremos-hector-abad-faciolince-_JM

Raquel Heffes dijo...

Hace un tiempo comenté algo de este libro en mi blog, http://raquelheffes.blogspot.com.ar/2008/08/el-padre-revisitado.html

ynisfrito dijo...
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