Soldados de Salamina

Autor: Javier Cercas
—¿Y qué es un héroe?La pregunta pareció sorprenderle, como si nunca se la hubiese hecho, o como si se la hubiera estado haciendo desde siempre; con la taza en el aire, me miró fugazmente a los ojos, volvió la vista hacia la bahía, por un momento reflexionó; luego se encogió de hombros. 
—No lo sé —dijo—.  Alguien que se cree un héroe y acierta.  O alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud, y por eso no se equivoca nunca, o por lo menos no se equivoca en el único momento en que importa no equivocarse, y por lo tanto no puede no ser un héroe.  O quien entiende, como Allende, que el héroe no es el que mata, sino el que no mata o deja matar.  No lo sé.
En el 2001 Javier Cercas publicó Soldados de Salamina, una obra que cuenta la historia de un escritor español quien fue perdonado por un soldado después de haber escapado de un pelotón de fusilamiento a finales de la guerra civil española y que sirvió como ideólogo del fascismo en la época de Franco.  El libro tuvo merecido éxito y fue alagada por escritores de la talla de Mario Vargas Llosa y J.M Coetzee.  En el 2003, la historia fue llevada al cine.
Esta excelente novela tiene tres partes: la primera, en la que Javier Cercas narra en primera persona cómo comenzó su pesquisa sobre Rafael Sánchez Mazas —el escritor español y núcleo del texto—; la segunda, en la que cuenta la historia reconstruida de Rafael Sánchez Mazas y su famoso escape; y la tercera, en la cual plasma la búsqueda del hombre que perdonó la vida del ideólogo fascista.  Esta última parte incluye conversaciones con el autor chileno Roberto Bolaño, quien por casualidad le da la mejor pista para encontrar al casi imposible y misericordioso soldado.
La novela está muy bien escrita, y si usted, querido lector, desconoce por completo la historia del último siglo del país ibérico, no se verá impedido de gozarla hasta la última página.  Incluso ésta le educará en más de un aspecto.
Quienes consumimos libros sabemos que, como las comidas,  hay unos inolvidables y otros, que ni recordamos.  Las novelas de Javier Cercas, están dentro de la primera categoría.  Sus textos son pequeños, pero sustanciosos.  En ellos hay momentos que pelean contra el olvido, conversaciones o personajes tan encantadores o interesantes, que pese a que los detalles de la historia se desdibujan con el tiempo, algunos fragmentos de inteligencia quedan… nutren.
Soldados de Salamina es un libro que muestra la vida íntima de su autor y esa fascinación que todos tenemos de comprender a los hombres que, habiendo hecho —o en este caso, escrito— cosas bellas, se prestan luego a causas atroces.  Nos pinta también la vida de los héroes, esos hombre cuya obra es la grandeza y cuyo destino, como el de todos, es el olvido.
Y entonces el periodista mira su reflejo entristecido y viejo en el ventanal que lame la noche hasta que lentamente el reflejo se disuelve y en el ventanal aparece un desierto interminable y ardiente y un soldado solo, llevando la bandera de un país que no es su país, de un país que es todos los países y que sólo existe porque ese soldado levanta su bandera abolida, joven, desharrapado, polvoriento y anónimo, infinitamente minúsculo en aquel mar llameante de arena infinita, caminando hacia delante bajo el sol negro del ventanal, sin saber muy bien hacia dónde va ni con quién va ni por qué va, sin importarle mucho siempre que sea hacia delante, hacia delante, hacia delante, siempre hacia delante.
Barcelona, marzo 1, 2011

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