El principe y el mendigo



Autor: Mark Twain
Los perros distantes aullaban, las vacan melancólicas se quejaban, y los vientos pasaban rugiendo mientras furiosas sabanas de lluvia corrían por los techos; pero su majestad de Inglaterra dormía imperturbado, y el ternero hacía lo mismo, él siendo una simple criatura difícilmente atormentada por las tormentas o avergonzada de dormir con un rey.
The Prince and the Pauper vio la luz del día en Canadá en 1881.  La historia es familiar a muchos y es, junto con Huckleberry Finn y Las aventuras de Tom Sawyer, una de las historias más reconocidas del autor americano.  Para muchos expertos en la obra de Twain, El príncipe y el mendigo es una obra menor, una obra para niños, pero personalmente, quien escribe esta reseña, alega que el libro cumple con la única condición que un buen texto debe tener: la de agarrar el corazón.
El príncipe y el mendigo narra la ficticia historia de dos niños: Tom Canty —el mendigo— y Edward Tudor —el príncipe—, quienes un día, anhelando cada uno la realidad del otro y aprovechando su parecido físico, cambian lugares jugando a experimentar sus anhelos. 
Una vez afuera y vestido en harapos, el noble es catalogado de loco al proclamar su título como Príncipe de Wales.  Por su parte, el mendigo es también tachado de enfermo al olvidar el griego y el francés, y a duras penas reconocer a quienes lo cuidaron durante los últimos años.  La gente cercana a la corte pensó que el heredero sufría de una demencia que ya se había presentado antes en la familia real.
Las páginas transcurren y la historia se enfoca más en la historia del príncipe que en la del mendigo.  Igual, la última no es descuidada: Twain nos cuenta cómo el mendigo, con la lógica de la bondad y la generosidad de sus pocos años, iba arreglando los yerros cometidos por las absurdas leyes de la época. 
En cuanto a la historia del monarca, debemos decir que es simplemente deliciosa.  El joven príncipe no abandona nunca su espíritu noble.  Con su porte y dignidad, el joven logra aunque no convencer a quienes los rodean, sí impresionarlos con su imponencia.  El joven heredero pasa por manos de bandoleros, es golpeado y llega incluso a ir a la cárcel.  En ninguno de estos momentos, pierde su dignidad o su porte.  Más o menos en la mitad de la historia entra Miles Hendon, un soldado que se apiada del heredero a quien cree loco.  Con un aire paternal, lo acoge bajo su protección esperando que la satisfacción de sus extraños caprichos, tarde o temprano le devuelvan la cordura.  Para muchos este personaje pasará como un simplón, uno de esos afortunados que sin saber y guiado por su gran corazón protegió un infante que para el final del libro sería rey.  Pero, nos gustaría aquí dar ciertas luces sobre ese sucio y pobre soldado: a través de él Twain nos enseña algo que hoy en día perdemos de vista: que no somos especiales para el mundo o para el destino, sino para aquellos a quienes nos rodean.
¡Ahora estoy finalmente adornado!  ¡El supuesto Rey de los sueños y las sombras me ha hecho un supuesto Conde! —¡Vaya vuelo para esta ala callosa!  Si todo esto continua, seré colgado  con trajes fantásticos e inventados honores.  Pero yo los valoraré, todos despreciables como ellos son, por el amor que él les infiere.  Mejor estas pobres y falsas dignidades mías, que vienen de una mano limpia y un espíritu recto, que las reales que vienen de la servidumbre de un rencoroso e interesado poder.
Este personaje puede, querido lector, sacarle lágrimas.  Aquella historia que el testarudo y viajero Twain escribió para sus hijas en una mezcla de inglés moderno y antiguo, es un libro que nos pone calor en el pecho, y nos deja con la impresión de un mundo de hadas oscuro y complicado; un mundo donde, de vez en cuando, y como dijo el autor al comienzo de la historia, las cosas buenas no pasan, pero pueden pasar.
Barcelona, marzo 13, 2011

1 comentario:

Los duelistas (videoblog de libros) dijo...

One of my favourites, sin duda. Mark Twain for ever!

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