Germinal

Autor: Émile Zola
Daba lo mismo si él reacomodaba los cables, si él revivía el fuego, ¿dónde encontraría hombres?  Quince días de huelga, él estaba en banca-rota.  Y en esa certitud de su desastre, él no tenía odio contra los bandidos de Montsou, él sentía la complicidad de todos, una falta general,  secular.  Brutos sin duda, pero brutos que no sabían leer y se morían de hambre.
Germinal es considerada por muchos la obra maestra de Emilio Zola.  Si usted es una de esas personas que ama los libros grandes —no en tamaño— y no ha leído este, se está perdiendo de una obra de la talla de Los miserables o El Conde de Montecristo —de hecho los restos de Zola yacen junto a los de Dumas y Víctor Hugo en la misma habitación del Panteón de Paris—.  
Germinal fue publicada en 1885 y  hace parte de la zaga de veinte libros en la que el novelista y periodista francés, retrata al mismo tiempo la historia de una familia y la época que le tocó vivir.  Aunque Germinal es ficticia, fue escrita con la intención de relatar las condiciones de trabajo que se vivían en las minas de carbón a finales de 1800.  Para que el lector se de una idea del tema, la novela comienza con un hombre joven que llega a la mina en una noche helada y se pone a hablar con viejo que, en medio de la conversación, tose dejando en el suelo el carbón que venía acumulando en los pulmones durante años. 
Germinal toma su nombre de un mes del calendario republicano —calendario creado durante la revolución francesa—.  Es justo el primer mes de la primavera y la palabra está relacionada con la germinación, el renacimiento.  El autor francés escogió este nombre quizás porque quería que ese fuese el despertar de una acción obrera que le diera al pueblo más justicia y equidad.
Germinal está narrada maestralmente, tiene un ritmo rápido, y está divida en siete partes.  Los capítulos son muchos y tienen en promedio más o menos diez páginas.  El personaje principal es Étienne, un hombre joven con una educación media que buscando trabajo, lo encuentra en una mina que, como el francés dice varias veces, lleva años comiendo humanos.  Étienne, que por lo menos sabía leer, se dio cuenta rápido de las condiciones de explotación de la clase obrera —en la mina trabajan sin excepción viejos, hombres, mujeres y niños— y fue sembrando en la mente de ésta, los primeros sueños de equidad.  El resultado es una huelga brutal que acaba con la vida de varias minas y mineros.  Zola nos cuenta en esta obra, lo que quizás pudo haber sido el primer y uno de los más importantes movimientos obreros en Francia.
Quien cree que va a encontrar en el libro una defensa a las huelgas —deporte nacional francés—, se equivoca.  Zola no romantiza nada.  Los relatos de la estupidez de las muchedumbres son narrados con la claridad y la imparcialidad que el periodismo requieren.  El escritor y periodista dentro de Zola trabajan juntos mostrándonos las peleas obreras internas, la frialdad del capitalista, las vanidades y la bajeza a la que se puede llegar en los dos bandos.  La grandeza de la obra es quizás esa: la neutralidad con la que se narra todo, la nitidez de una situación en la que, por su naturaleza humana, todo el mundo se equivocaba.
Paris, Enero 14, 2010

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