Caliente, plana y abarrotada

Autor: Thomas Friedman
“Pobreza de energía” concluye Freling, cubre cada uno de los aspectos de nuestra existencia y erradica cualquier esperanza de salir de la “pobreza económica” hacia el siglo XXI.
La frase con la que comienza esta reseña resume la problemática tratada en Hot, Flat, and Crowded, el libro del ganador del premio Pulitzer Thomas Friedman.  En Caliente, plana, y abarrotada, el americano construye sobre las premisas ya establecidas en The World is Flat —el mundo es plano, por su traducción al español— y describe la problemática ambiental en la cual se encuentra nuestro planeta.
El libro está dividido en cinco partes que nos muestran con suficiente profundidad varias facetas del problema climático, y que no sólo nos retrata la gravedad y la grandeza del reto a superar, sino también las grandes ventajas que sacaremos si triunfamos en él.
La primera parte del libro puede traducirse como “Cuando el mercado y la madre naturaleza se encuentran”.  Esta parte es una descripción de la dualidad que actualmente vivimos.  Los seres humanos consumimos cantidades desmesuradas y creamos políticas que, en algunos casos, tienden a proteger el ser humano, pero no a su ambiente —en algunos países ni siquiera protegen al ser humano—.  Los Estados Unidos, por ejemplo, han evitado tomar medidas adecuadas con respecto al medio ambiente argumentando que leyes severas podrían tener un impacto en la economía, o que la tecnología que puede mejorar nuestra formas de producción están aun muy lejos de ser desarrolladas.  Friedman alega que si no se cuida el medio ambiente —si no se toman acciones severas o se desarrolla la tecnología— no habrá economía alguna que cuidar.  Ejemplos como el huracán Katrina le dan la razón.  
Hoy en día, el reto de energía-clima es el típico caso de lo que John Gardner, el fundador de Causa Común, una vez describió como “una serie de grandes oportunidades disfrazadas como problemas irresolubles”
Lo mismo ha pasado con países como China e India, que tratando de competir mundialmente y tratando de tener niveles de vida parecido al americano, consumen y construyen sin pensar mucho en el ambiente que los rodea —China ya está saliendo de ese letargo—.  El punto que Friedman trata de hacer entender a sus lectores es indiscutible: la naturaleza no entiende ni argumentos, ni religiones, ni intenciones; ella es sólo química y matemática.  Con la naturaleza no se puede debatir.  
La segunda parte del libro se llama “Donde estamos”.  Aquí Friedman nos educa sobre las tendencias de consumo en los países en vía de desarrollo, el aumento de los niveles de vida a nivel global, la pobreza energética, y la necesidad de tener una conciencia ecológica.  Uno de los capítulos más impactantes de esta parte es el referente a las petro-dictaduras.  El americano describe como caudillos ignorantes son sostenidos en el poder por el dinero que el petróleo les da, mientras estos acaban con sus países.  Friedman es extenso y detallado en este segmento y muestra la idiotez del mundo que pelea contra países a los cuales, comprándoles su petróleo, les da el dinero para que compren las armas con las que estos contra-atacan.
En la tercera parte “Como salimos adelante”, Friedman narra las cosas que ya están pasando, los esfuerzos aislados de miles de personas que, conscientes del problema actual, ya están trabajando. 
La cuarta parte del libro es dedicada a la China.  Friedman es un asiduo visitante del país y reconoce no sólo los avances que han hecho en materia ambiental —los chinos tuvieron que cambiar, pues ya comenzaban a sufrir las consecuencias de algunos de sus actos—, sino también el inminente liderazgo que van a tomar precisamente por producir energía por medios alternativos.  El periodista explica claramente por qué ha sido más fácil para China tomar medidas y también los retos que tendrán en el futuro si no cambian su modelo totalitario.
La última parte del texto, Friedman la dedica a su adorado país.  Aquí Friedman fantasea con que los Estados Unidos pudiera ser China sólo por un día para tomar las medidas necesarias sin que se tomen años en ser debatidas en el congreso.  El periodista americano no lo menciona explícitamente, no dice la palabra, pero es aquí donde más se nota su frustración con la corrupción que carcome el congreso americano, y con la inocencia de la juventud que, como la rana en la olla, no se da cuenta que se está cocinando.  Los siguientes parajes muestran algunos de sus puntos:
Sin un precio serio por el carbono no habrá una revolución verde.  No habrá consumidores demandando nuevas tecnologías, y no habrá nuevos productores que los incentiven.  Lo que tendremos serán compañías que van a tratar de apropiarse de los fondos que el gobierno dé para incentivar energía renovable.
La revolución verde podría aprender de dos antecedentes: el movimiento de los derechos civiles, y la movilización americana para luchar la segunda guerra mundial.  El movimiento de los derechos civiles forzó a los americanos blancos a tratar americanos negros del mismo modo que ellos quisieran ser tratados.  Pero ese movimiento no solamente pidió a la gente de ser amables con sus vecinos africano-americanos o voluntariamente abrir el acceso a las piscinas locales.  Finalmente el movimiento consistió en cambiar leyes para que nadie tuviera la opción de discriminar, y fueron las leyes lo que finalmente cambió el comportamiento y las actitudes de decenas de millones de personas.
Friedman es un periodista que polariza.  Muchos lo quieren, muchos lo detestan.  Para quien escribe esta reseña, el ganador del Pulitzer informa y explica.  Educa.  Sus libros muestran ciertas realidades, y aunque muchos son los que dicen que sus soluciones son simplistas, se le agradece el hecho que las proponga.  En las últimas páginas, el optimista americano nos deja con una reflexión tan real como aterradora, una reflexión que quizás haga que el lector de esta reseña, se le mida a la actividad de leer el libro:
El reto más grande que tenemos hoy en día en energizar una real revolución verde consiste en que la gente más afectada por el cambio climático no seremos nosotros.  Las personas que serán más afectadas por el abastecimiento de energía y de recursos naturales, por las petro-dictaduras, por el cambio climático, la pobreza energética, y la pérdida de bio-diversidad no pueden votar —ellos todavía no han nacido.
Si la re-Generación quiere jugar un papel importante, tiene que salir de Facebook y plantarse en la cara de alguien.  Tiene que salir del chat e ir al congreso, donde las leyes se escriben.  La gente que se que beneficia de la contaminación, no atiende conciertos del día de la tierra.
Paris, Enero 5, 2011

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