Motivación, la sorprendente verdad sobre lo que nos motiva

Autor: Daniel H. Pink
La más grande libertad para un grupo creativo es la libertad de experimentar con ideas nuevas.  Algunos escépticos insisten que la innovación es costosa.  A largo plazo es barata.  La mediocridad es cara —y la autonomía puede ser la solución.
El libro Drive fue publicado en el 2009 con la intención de explicar a sus lectores un poco de la historia de la motivación y los nuevos descubrimientos científicos hechos al respecto.  El tema llama la atención de inmediato pues tanto padres, como profesionales y gerentes, invierten horas tratando de descifrar qué cosas pueden hacer para motivarse ellos mismos, sus hijos, o las personas que dirigen.
El libro tiene como base dos conceptos: la motivación extrínseca y la motivación intrínseca.  Para dar una muestra de lo que la segunda puede hacer en comparación a la primera, el autor comienza su libro con un ejemplo de la vida real que ilustra la fuerza de las dos teorías: Wikipedia vs. Encarta.  Dos proyectos similares pero manejados de manera diferente: el primero, sin dinero y sin pagar a nadie; el segundo, con el respaldo económico —inmenso— de Microsoft.  Ningún economista hubiera podido predecir hace 10 años que Encarta naufragaría ante la bastedad de la famosa enciclopedia gratuita.  La pregunta que el autor hace entonces es:  ¿Cómo fue esto posible?  ¿Qué es lo que hace que la gente, sin ganar un peso, ayude a construir cosas más grandes que ellos mismos?
Haciendo entonces la analogía con sistemas operativos, Pink nos enseña un poco sobre la historia de la motivación.  El autor denomina como Motivación 1.0, la motivación de la supervivencia y las necesidades biológicas (la misma motivación que mueve a los animales: uno caza para comer, y camina porque hace frío).  Después viene Motivación 2.0 que es el sistema mejor conocido como “la zanahoria y el garrote”.  Este tipo de motivación es el más común de todos y es el que se ve en la gran mayoría de ambientes laborales: si trabajas bien, te doy un bono, sino, pues te echo.  Si usted, querido lector, ha estado aburrido en algún trabajo que es bien remunerado —incluso mal remunerado—, usted entenderá entonces que el sistema no funciona a la perfección.  A gran cantidad de empleados les tiene sin cuidado lo que pase en la empresa siempre y cuando tengan trabajo.  A gran cantidad de estudiantes les tiene sin cuidado lo que aprenden con tal que pasen el año y no sufran castigos.  El ejemplo de los estudiantes es el mejor pues muestra aquello que los impulsa a hacer trampa —fácilmente puede hacerse analogía a la crisis mundial cuando las agresivas metas de crecimiento en bancos y otras instituciones financieras llevaron al fraude y colapso del sistema financiero—.  Poniéndonos entonces en los zapatos de estas posiciones, ¿qué haría entonces que nosotros actuásemos de la mejor manera y bajo nuestra propia voluntad?
Estoy seguro que muchos lectores escucharon de sus padres la famosísima consigna: “uno en la vida tiene que hacer lo que le guste”.  Claro, la frase era casi lógica en teoría, pero difícil en la práctica.  Afortunadamente Pink piensa que hay varias maneras para solucionar la encrucijada y argumenta que la motivación intrínseca —hacer lo que se quiere— puede cultivarse. 
La teoría dada sobre la motivación tiene tres partes: la autonomía, la maestría, y el propósito.  En el capítulo sobre Autonomía, el autor explica como varias compañías han comenzado a hacer experimentos en este campo.  Algunas dejan que sus empleados trabajen desde sus casas y a los horarios que quieran siempre y cuando obtengan resultados.  Yendo más lejos, el autor pone como ejemplo Google, cuyos grandes productos (Gmail, Google Talk, Google Translate) fueron ideas nacidas de programas de tiempo libre —a los empleados les decían que podían utilizar el 20% de su tiempo para trabajar en el proyecto que ellos quisieran—.  El autor espera que esto se vea con más frecuencia en las industrias.
La maestría es, sin duda, uno de los capítulos más interesantes del libro.  El capítulo explica y aclara la relación entre la maestría, el trabajo, y el flujo.  Pink explica que es el flujo —el sentimiento de que avanzamos—, lo que nos hace felices.  Luego va más allá:
Lo más importante en el flujo, es la relación entre lo que la persona tiene que hacer y lo que tiene que hacer perfectamente.  El reto no puede ser ni muy fácil, ni muy difícil.  Tiene que estar uno o dos niveles más allá de sus capacidades, lo cual estirará las capacidades físicas y mentales del individuo haciendo que el esfuerzo mismo sea una experiencia deliciosa.
El autor aclara que el flujo no garantizará la maestría y pone entonces tres reglas: uno, la maestría es una forma de pensar.  Hay una gran diferencia entre las personas que piensan que la inteligencia es un ente —algo dado, que se tiene o no—, y aquellas que piensan que es un músculo.  Las primeras nunca se esforzarán por ejercitar su cerebro.  Dentro de esta manera de pensar está también incluida la forma en que nos ponemos metas: una meta normal es sacar una buena nota en la clase de francés, otra es la de aprender francés.  Sólo una de estas metas llevará a la maestría.  La segunda regla de la maestría es que ésta sólo se obtiene con dolor y sacrificios.  Si fuera fácil, entonces todo el mundo sería un maestro en todo —o al menos en cualquier cosa—.  El autor cita al psicólogo Anders Ericsson quien ha hecho grandes estudios y descubrimientos en el campo de la maestría: Muchas características que alguna vez se pensaron innatas en los maestros, son actualmente el resultado de una práctica intensa de un tiempo mínimo de 10 años.  Pink añade entonces: al final, la maestría requiere trabajar, trabajar y trabajar y mostrar pequeñas mejoras quizás con momentos de flujo que ayudan, y seguir trabajando y trabajando y trabajando sobre esas mejoras.  Va a ser severo y exhaustivo, pero ese no es el problema, es la solución.  La última regla es que la maestría nunca se alcanza.  Uno puede estar cerca, casi tocarla, pero ya siendo uno de los mejores usted se dará cuenta que aun queda mucho por hacer.  Los mejores artistas y científicos siempre lo han comprendido.
La última parte de la teoría sobre la motivación es el propósito.  Aquello que hace cada individuo sacrificar sus momentos libres para dar, gratis, a los demás, algo que haga de este mundo un mejor lugar para vivir.
El autor termina su libro obsequiando recomendaciones para todos sus lectores (trabajadores, padres, y gerentes).  La eficacia de estas recomendaciones serán juzgadas por todos ellos.
Motivación no es un libro de autosuperación, es un libro educativo.  Aquél que entre en sus páginas verá grandes ejemplos y aprenderá montones sobre esta área que nos concierne a todos. 
Paris, noviembre 27, 2010

José Antonio Velasco

PS: haz click aquí para ver el video de la organización RSA que ilustra en diez minutos otras facetas del libro.  Desafortunadamente el video está en inglés.

Lolita

Autor: Vladimir Nabokov
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas.  Pecado mío, alma mía.  Lo-li-ta: la punta de lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes.  Lo-li-ta.
La calidad de una obra puede medirse —dentro de las mil maneras en que puede medirse— en la dificultad que ésta dé para hacer su análisis.  Lolita es una obra exquisita y compleja: Nobokov somete al lector a incomodas reflexiones éticas en medio de un fondo inmoral, de suspenso, romántico, psicológico, inteligente, y elegante. 
Lolita, como muchos otros libros, forma parte de nuestra cultura colectiva.  Si uno pregunta en la calle de qué se trata el libro, muchos contestarán que «es la historia de una joven que seduce a un hombre mayor».  Es entonces normal hablar de una "Lolita" para referirse a una adolescente a quien le gustan los adultos.
Pero el libro es mucho más que eso.  Empezaremos por decir que, literariamente, la obra es exquisita.  Si el texto es leído en inglés —idioma en que fue escrito—, el lector se encontrará con un artesano de la palabra, un autor que debió haber medido y pesado cada frase, y cuyo producto, la densidad y estructura de cada párrafo confunde la elegancia, ironía, e inteligencia del personaje principal (Monsieur Humbert), con la del autor.  Sólo por esto, de la misma manera como alguien puede ver una foto o un cuadro bello que ilustra una situación horrenda, el libro merece ser leído.
En cuanto a la historia, Lolita es la mezcla de una adolescente sexualmente curiosa y la de un pedófilo.  La joven no es la primera experiencia del hombre con una ninfa, como él las llama —mujeres entre los 9 y los 14 años—.  Humbert es un cazador calculador, un vicioso  que reconoce su gusto como una enfermedad (su vicio son las niñas).  Con tristeza y con la resignación de una pasión que no puede controlar, una fuerza más poderosa que él, el hombre acecha sus víctimas.  Él reconoce su impotencia ante su placer, pero al mismo tiempo no pide excusas; muestra incluso arrogancia al lado de sus semejantes.
Puesto que el tema es controversial y la narrativa, maestral, Nobokov tendrá a su lector amarrado a su libro.  Éste está dividido en dos partes.  La primera cuenta cómo Humbert conoce a Lolita (Dolores), se casa con su madre —ésta le amenaza con echarlo de la casa si no lo hace, lo que significaría la pérdida irreparable de Lolita para Humbert—, la muerte de la madre, y finalmente la conquista de Lolita (aquí el conquistador es Lolita, no Humbert).  La segunda es el desarrollo de la relación entre los dos personajes y el trágico-cómico desenlace.
La ironía es reina durante toda la obra y el escritor nos reta a odiar un personaje que es, hay que aceptarlo, encantador.  Lionel Trilling, un crítico literario de la época y que gustó bastante de la novela dijo: “no encontramos en shock cuando nos damos cuenta que mientras vamos leyendo la novela, vamos virtualmente condenando la violación que ésta presenta (…) hemos permitido que nuestras fantasías acepten lo que nosotros sabemos que es intolerable”.  Otros críticos excusan completamente a Humbert.  Robert Davies escribe que el libro narra “no la corrupción de un niño inocente por un adulto sagaz, sino la explotación de un adulto débil por un niño corrupto”.
La obra vio la luz en Paris en 1955 y fue un éxito instantáneo.  Lolita es considerada por The modern library como una de las 100 mejores novelas escritas en la lengua inglesa.  Si la novela es amoral o no, la decisión recae sobre aquél que cae prisionero de sus páginas.
Paris, noviembre 21, 2010

José Antonio Velasco

Eugénie Grandet

Autor: Honoré de Balzac
—Su padre se ha volado los sesos.
—¿Mi tío? … preguntó Eugénie
—El pobre joven —exclama la señora Grandet
—Sí, pobre, repite Grandet, no posee un centavo.
Balzac escribió La comedia humana prácticamente durante toda su vida (1799 – 1850).  La obra completa, una de las más celebres creaciones literarias de todos los tiempos, comprende 95 trabajos terminados y 48 que no fueron finalizados debido a la muerte del autor.  El trabajo tiene múltiples secciones culturales, filosóficas, y analíticas, con categorías como la vida privada, parisina, provincial, política, militar, y del campo.  La creación, una obra ambiciosa, es un retrato del mundo que al escritor francés vivió.
Eugénie Grandet, uno de los libros más conocidos de toda la colección, muestra la vida de dos personajes, perfiles del mundo provincial.  El escritor francés desarrolla primero al padre, Felix Grandet, un hombre enchapado a la antigua y avaro a más no poder.  El hombre tiene buenos ingresos y aun así somete al límite de la frugalidad a su esposa e hija —él cuenta tanto las velas como el azúcar—; las relaciones con su familia y amigos son basadas en cuánto le cuestan y los ingresos que puedan traerle (con su mujer se casó por su fortuna, y su hija, está reservada para el mejor partido económico).
Una vez introducido y desarrollado este personaje, la trama de la novela comienza con la entrada del sobrino del tacaño.  El joven y apuesto parisino llega a la modesta casa con una letra de su padre avisando que se ha pegado un tiro debido a las deudas que no pudo pagar —en ese tiempo el suicidio era una prueba de honor ante los acreedores; usualmente no suficiente—.  El joven, con su porte y comportamientos, deja flechada a la hija del rico comerciante quien al mismo tiempo se apiada por la suerte de su primo.  Balzac entra entonces a desarrollar a Eugénie, una joven inocente y pura que ama eternamente a su primo.
La novela se lee rápido y Balzac muestra la psicología de los personajes principales.  El escriba francés muestra los pensamientos, planes, y cambios emocionales de sus personajes, describiendo también con elegancia y certeza aquellos momentos de amores adolescentes que reviven en el corazón de cada lector.
El final de la novela, que es a la vez real y romántica, es triste.  Balzac muestra tanto la corrupción como las consecuencias de la inocencia, situaciones que, como la gran mayoría de los episodios de La comedia humana, nunca terminarán de mostrarse en nuestra naturaleza.  Eugénie Grandet es leída hoy en día en los primeros años de educación en las escuelas francesas.
París, Noviembre 14, 2010

El dilema del omnivoro

Autor: Michael Pollan
¿No le parece extraño que la gente ponga más trabajo en escoger su mecánico o arquitecto, que a la persona que le cultiva la comida?
En el 2006, Michael Pollan publicó El dilema del omnívoro, un libro que abriría grandes llagas en las grandes corporaciones americanas, serviría de caja de resonancia de los gritos de los pequeños granjeros que usualmente no pasaban de la montaña más cercana, y educaría a millones de estaunidenses sobre la cultura de la comida en su país.
The ominvore’s dilemma, un título tan apropiado como traicionero, busca encontrar la respuesta a una pregunta que todos nos hacemos —o deberíamos hacernos— tres veces al día: ¿qué vamos a comer hoy?  Se dice aquí que el título es traicionero pues la indagación no es sobre el menú, sino sobre la comida en sí.  Es decir, si lo que tenemos en el plato es un pollo o una vaca, ¿qué clase de pollo o vaca estamos comiendo?
La lectura del libro es compulsiva.  El texto está dividido practicamente en tres partes: la primera, un seguimiento de la cadena de abastecimiento actual, desde el supermercado hasta el origen del alimento —o sea, la granja—; la segunda: las otras clases de abastecimiento —la comida orgánica y los granjeros “a la antigua”—; y la tercera: el ejercicio del autor por propiciarse él mismo, su propia comida —la caza, la agricultura, y la recolección de frutos—.
La primera parte del libro es espeluznante no desde el punto de vista de la trata de alimentos y animales, sino de la corrupción que se maneja en el sistema.  No es una corrupción personal, —no hay solo un individuo que se beneficia—, sino sistemática, casi social.  Pollan describe como los subsidios que deberían ir a manos de los campesinos norteamericanos, terminan en manos de corporaciones como McDonals o Coca-Cola, que son compañías públicas.  ¿Por qué Coca-Cola y McDonalds nos dan más cantidad de producto por el mismo precio?  ¿Cómo es que ellos se benefician? Hay dos respuestas posibles: una, porque ganaron eficiencias en sus procesos y quieren transmitir los ahorros al cliente (explicación bastante inocente); dos, porque los subsidios del maíz son directamente proporcionales a la producción, y porque si nos sirven más, pues comemos más.

A diferencia de otros productos —CDs o zapatos por ejemplo— hay un limite natural en la cantidad de comida que podemos consumir.  Lo que esto significa para la industria de la comida es que su crecimiento será de un 1% anual —1% siendo el crecimiento anual de la población americana—.  El problema es que Wall Street no tolerará un crecimiento tan anémico.

Estudios muestran que gente (y animales) pueden comer un 30% más si la comida es presentada en grandes proporciones
Hay que aclarar que Pollan no es ni anticapitalista ni conspirador.  Él reconoce la complejidad del sistema y explica cómo se llegó hasta ese punto.  Pero lo que el autor busca con su libro es preguntarnos si nuestras demandas son razonables.  Es decir, ¿estamos dispuestos a pagar precios modestos por la carne y el pollo sin importar la calidad o el impacto ambiental?  (por cierto, lo que no le pagamos al supermercado, se lo pagamos al médico).  Si hay productos que dependen de las temporadas ¿podemos pedir que estén en nuestros supermercados los 12 meses del año?
La segunda parte del libro muestra las alternativas a los supermercados modernos.  Pollan nos lleva a dos granjas una “orgánica” y a una granja al estilo clásico (el de principios de siglo pasado).  En la granja “orgánica” las diferencias con los productores masivos existe, pero igual se sacrifican los mismos principios.  Con la granja clásica, la diferencia es enorme.  En los Estados Unidos y ahora en muchos países de nuestra América Latina las fincas se especializan en un sólo producto: ganado, maíz, papa, etc.  El granjero —un tipo con una educación formidable— nos muestra que la naturaleza combina todo, porque todo está ligado, y que por esa misma razón, nosotros deberíamos evitar cambiarla.  El resultado del trabajo del granjero, que ha reproducido los ambientes naturales a pequeña escala, es un ejemplo espectacular de producción, una maquinaria donde el trabajo de la granja lo hacen los animales.   La granja es un negocio muy simple.  La parte más difícil es conservarlo de esa manera —dice el finquero.  La descripción de los procesos productivos es impactante y muestra la grandeza de la naturaleza.  Pollan agrega que todo eso requirió trabajo y no estrictamente corporal.  Uno de los grandes problemas del campo es que las personas que lo trabajan, pocas veces tienen la educación que les permite analizar sus ambientes, y entender los ciclos de la tierra y la naturaleza para trabajar con ella.  Pollan queda aterrado con la productividad mostrada por el granjero y le pregunta si puede producir en cantidades masivas.  El granjero le respondió: El ratón es del tamaño del ratón por una buena razón; a un ratón del tamaño de un elefante no le iría tan bien.
La última parte del libro cuenta la experiencia del autor —un citadino— al tratar de procurarse, él mismo, su propia comida.  Cuando él habla de comida, se refiere a una cena con todos los grupos presentes: animal, vegetal, mineral, y hongos.  Su experiencia muestra lo complejo de nuestra evolución alimenticia.  ¿Podemos comer o no el champiñón que nos encontramos en el camino?  ¿Estamos dispuestos a matar —y desentrañar— el cerdo que nos comemos?  ¿Cuál es la significación de cocinar?  La experiencia de Polan es profunda, dura, y satisfactoria.
El libro fue la revelación de un secreto a voces y posiblemente lidere legislación en el futuro.  Es dirigido en su mayoría al americano —el aparato financiero y de producción descrito es el de ese país—.  ¿Por qué entonces debería interesarle a alguien en Europa o en America Latina?  Porque las mismas entidades que funcionan en los Estados Unidos, funcionan en nuestros países.  Y porque el campesino allá, hace —a veces con un diferente nivel de educación y de vida— el mismo trabajo que realizan los campesinos en nuestras tierras.  Quien escribe esta reseña se lo garantiza: después de leer este libro usted jamás mirará su plato ni verá su supermercado de la misma manera.  Esto no quiere decir que el libro sea un manifesto o argumento a favor de los vegetarianos, una galería macabra que le hará perder el apetito.  Es simplemente un texto que le abrirá los ojos y le hará demandar de su supermercado las normas más simples y de sentido común que durante el transcurso del siglo pasado y con la industrialización se fueron olvidando.  Cuando usted vaya a un mercado campesino, usted verá a la persona que le vende lo que usted come, con diferentes ojos.

Paris, noviembre 10, 2010


José Antonio Velasco

Antología Poética

Autor: Mario Benedetti
Que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
El 18 de mayo del año pasado murió a sus 88 años Mario Benedetti, después de Pablo Neruda, quizá el poeta latinoamericano más conocido.  Antología Poética, publicado en 1984 por la Editorial Sudamericana, recoge una serie de poemas que muestran al lector no sólo la obra del uruguayo sino también el tipo de hombre que era —el escriba modesto, el enamorado de su esposa, el revolucionario, el exiliado, y finalmente, el viejo—.  Walt Whitman dijo que la gran prueba de un poeta es que su país lo absorba con todo el cariño con que él lo había tratado.  En esto Benedetti se superó no sólo porque Uruguay lo adoró y le dio múltiples honores y premios,  sino porque todo un continente lo levantó en hombros.  Mario Benedetti fue Uruguayo, pero sus poemas, su discurso, y sus actos, encarnaron la voz de la Latinoamérica que le tocó vivir.
Su obra fue grande porque en sus poemas y versos cabemos todos: los jóvenes:
¿Es tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe como inmortal?
Los padres:
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
Los perdidos:
El futuro es un caleidoscopio de dudas
Las víctimas:
A Juana le amputaron el marido
Los que se van:
De todas partes llegan sobres de la nostalgia narrando cómo hay que empezar desde cero
Navegar por idiomas que apenas son afluentes
Construirse algún sitio en cualquier sitio
A veces lindas veces con manos solidarias
Y otras amargas veces recibiendo en la nuca
La mirada xenófoba
Los enamorados:
Mi estrategia es
que un día cualquiera
ni sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Y hasta los muertos:
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones
Recuerdo haber leído con tristeza que los últimos años del poeta fueron oscuros, que después de la muerte de su esposa de toda la vida en el 2006 había parado de escribir y casi de hablar.  La veracidad de esos artículos puede ser puesta en duda, pero no los poemas que él escribió a su amada.  Yo pensé que su último gran poema a su mujer fue su silencio.
París, noviembre 8, 2010

Notre-Dame de París


 Autor: Victor Hugo
Había entre la vieja iglesia y él una simpatía instintiva tan profunda, con tantas afinidades materiales, que parecían como la tortuga y su caparazón.  Es inútil de advertir al lector de no tomar al pie de la letra las figuras que nos vemos obligados a emplear aquí para expresar ese acoplamiento singular, casi co-substancial, de un hombre y un edificio.
El nombre original de la conocida obra de Víctor Hugo es simplemente Notre-Dame de París, y no incluye, como su título en español y en otras lenguas lo indican, al jorobado.  La obra fue publicada por primera vez en 1831 de una manera incompleta, a causa —dicen muchos—, de la relación difícil entre Víctor Hugo y el dueño de la editorial.  Otros capítulos fueron anexados luego, capítulos que el autor aseguró, no cambiaban en nada la historia originalmente publicada, pero que obviamente eran importantes.
Claro que eran importantes.  La conocidísima obra de Víctor Hugo encierra en ella —y en los capítulos anexos— un gran ensayo y crítica de arquitectura.  En la primera parte del libro el francés nos describe, basado en ancianas ilustraciones, la ciudad en la época del descubrimiento, lo fino de la arquitectura gótica, y la dedicación que el ser humano le rendía a este arte.  En el capítulo “Esto mató eso” el escriba cuenta que en la antigüedad, antes de la invención de la imprenta, cada pensamiento tenía como expresión una forma arquitectónica, ya fuera ésta un edificio, un monumento, o una escultura; «la arquitectura es el gran libro de la antigüedad» dice.  El francés argumenta entonces que con la invención y comercialización de la imprenta, la arquitectura fue perdiendo sus acólitos y, así mismo, la calidad de su arte.  De la fachada de París —y la de Notre Dame— aseguró que sufrió significantes deformaciones.  Los ladrillos fueron cambiados por las palabras, dice.  Talvez Víctor Hugo estaría contento de saber que hoy en día y a través de este siglo y el pasado, el arte de construir ha tomado un nuevo impulso.
El tema de la arquitectura no sólo es tratado al principio de la obra.  Quasimodo —que viene del latín “quasi modo” o “a la manera de”— es, él mismo, un ser con una mala arquitectura,  un ser que por estar mal construido por fuera, sufre deformaciones internas.  Es simplemente delicioso —y casi increíble— sentir esa comparación escrita a través de la novela. 
La presencia de ese ser extraordinario (Quasimodo) hacía circular por toda la catedral, no sé que aire de vida.  Parecía que escapaba de él una emanación misteriosa que animaba todas las piedras de Notre Dame y hacía palpitar las entrañas de la vieja iglesia.  Basta solamente saberlo para que uno crea vivas y móviles las miles de estatuas, de galerías y de portales.  Y de hecho, la catedral parecía una criatura dócil y obediente de su mano; ella esperaba su voluntad para elevar su gran voz…

A tal punto que, para aquellos que saben que Quasimodo existió, Notre-Dame está hoy desierta, inanimada, muerta.  Uno puede sentir que hay algo que ha desaparecido.  Ese cuerpo inmenso está vacío; es un esqueleto, el espíritu la ha dejado y uno mira ahora sus restos.  Es como un cráneo que tiene aun las cavidades de los ojos, pero no una mirada.
Quasimodo es el alma de la catedral, es con él que ella adquiere valor, de la misma manera como es con el alma que el cuerpo adquiere su trascendencia.
Víctor Hugo es, talvez, uno de los escritores más lúcidos, elegantes, y entretenidos en la historia de la literatura.  El comienzo de su obra atrapa a cualquiera: un hombre de 1800 descubre tallada en una de las paredes de la inmortal catedral una palabra escrita hace trescientos años en griego antiguo; el tipo inmediatamente la descifra, quiere decir «fatalidad».  Así comienza la historia de Esmeralda, Quasimodo y Claude Frollo, una narración llena de amores imposibles cuyo final pocos conocen pues es como el Dr. Jekill de Stevenson: todos han oído del personaje, pero pocos han leído la obra.  El final, contrario a la versión de Disney y a lo que la mayoría han escuchado, es triste.
La obra se lee rápido y es, literariamente hablando, inmensa.  Hoy en día no se sabe si la catedral que se levanta en la mitad de París es famosa por ella misma, o por la novela del francés.  Uno ve que las dos obras se complementan, que los turistas la caminan tratando de encontrar en ellas vestigios de la historia escrita.  En este caso la novela no mató la catedral, todo lo contrario, la hizo más grande.
París, octubre 31, 2010

José Antonio Velasco

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