Antología Poética

Autor: Mario Benedetti
Que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
El 18 de mayo del año pasado murió a sus 88 años Mario Benedetti, después de Pablo Neruda, quizá el poeta latinoamericano más conocido.  Antología Poética, publicado en 1984 por la Editorial Sudamericana, recoge una serie de poemas que muestran al lector no sólo la obra del uruguayo sino también el tipo de hombre que era —el escriba modesto, el enamorado de su esposa, el revolucionario, el exiliado, y finalmente, el viejo—.  Walt Whitman dijo que la gran prueba de un poeta es que su país lo absorba con todo el cariño con que él lo había tratado.  En esto Benedetti se superó no sólo porque Uruguay lo adoró y le dio múltiples honores y premios,  sino porque todo un continente lo levantó en hombros.  Mario Benedetti fue Uruguayo, pero sus poemas, su discurso, y sus actos, encarnaron la voz de la Latinoamérica que le tocó vivir.
Su obra fue grande porque en sus poemas y versos cabemos todos: los jóvenes:
¿Es tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe como inmortal?
Los padres:
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
Los perdidos:
El futuro es un caleidoscopio de dudas
Las víctimas:
A Juana le amputaron el marido
Los que se van:
De todas partes llegan sobres de la nostalgia narrando cómo hay que empezar desde cero
Navegar por idiomas que apenas son afluentes
Construirse algún sitio en cualquier sitio
A veces lindas veces con manos solidarias
Y otras amargas veces recibiendo en la nuca
La mirada xenófoba
Los enamorados:
Mi estrategia es
que un día cualquiera
ni sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Y hasta los muertos:
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones
Recuerdo haber leído con tristeza que los últimos años del poeta fueron oscuros, que después de la muerte de su esposa de toda la vida en el 2006 había parado de escribir y casi de hablar.  La veracidad de esos artículos puede ser puesta en duda, pero no los poemas que él escribió a su amada.  Yo pensé que su último gran poema a su mujer fue su silencio.
París, noviembre 8, 2010

2 comentarios:

Leo Lobos dijo...

con mis saludos un agrado mirar-leer su espacio de comunicación y cultura, abrazo fraterno,

Leo Lobos

americacomparini dijo...

Me encantó este blog¡
Muy buen material: felicitaciones.

Publicar un comentario

Las más populares