Slow Man

 Autor: J.M. Coetzee
No, Paul, no podría importarme menos si usted me dice mentiras.  Nuestras mentiras revelan tanto de nosotros como nuestras verdades.
Encontré el libro hace un año en una venta de garaje en las calles de Park Slope en Brooklyn.  Miré la contraportada y aunque habían recomendaciones de otros libros del Nobel sudafricano, no había nada sobre la obra que tenía en las manos.  Pensé que talvez se trataba de una obra menor, algo que el célebre escritor había publicado tiempo después.  Ahora que el libro ha sido leído, sé que estaba equivocado.
Slow Man u Hombre Lento fue publicada en 2005 y narra la historia de Paul Rayment, un hombre solitario de sesenta años que una mañana tiene un accidente que le quita una de sus piernas.  A raíz de esto y de la vida aislada que ha llevado, el hombre entra en una depresión de la cual es salvado por la llegada de Marijana Jokic, una enfermera en sus cuarentas —casada y con hijos— de la cual se enamora perdidamente.  La trama del libro, o por lo menos la que uno puede leer en múltiples reseñas es la lucha de una persona en su otoño, “con una limitación” que trata de superarse y encontrar el amor nuevamente. 
Casi hasta la mitad de la novela, ésa es la historia.  Pero de un momento a otro —y esto sorprende bastante al lector— una tercera persona entra en la trama, alguien que no tiene nada que ver y que no justifica su existencia.  Una mujer anciana toca la puerta de la casa del hombre y le dice que él la ha llamado y ella ha venido a ayudarle sin especificarle cómo.  Este personaje —Elizabeth Costello— es enfermo, inquisidor, sarcástico, y testarudo; una mujer molesta y cizañosa que pregunta por qué, por qué, ¡por qué! hasta casi volver loco al pobre hombre. Todo esto ocurre mientras el lector, misericordioso con el personaje principal, trata de dilucidar junto a él, porque esa mujer ha venido a, literalmente, joderle la vida.
Muchos lectores han dicho que la mujer es un error literario, un personaje que como en ciertas películas, no debió existir, ni aparecer.  Sin embargo el papel es clave pues con el pasar de las páginas uno se va dando cuenta que el escriba es la mujer —que de hecho es escritora de profesión—, que ella es la conciencia que le critica y le dice la verdad en la cara.  Sería mucho asegurar que el hombre es parte de la personalidad del Nobel y que la mujer puede ser un alter-ego, ese otro ser que todos tenemos dentro y que también nos jode.  Pero para nuestras dudas, Coetzee es cruel con su personaje, talvez como lo sería consigo mismo:
Cuando él llega a la puerta, San Pablo  lo está esperando (para otras almas será talvez San Pedro, pero para él será San Pablo).  ‘Perdóneme, Padre, porque he pecado’ él dirá.  ‘¿Y cómo has pecado, hijo mío?  Entonces él no tendrá palabras para decir, sólo podrá mostrar sus manos vacías.  ‘Tú, pobre hombre’, dirá San Pablo, ‘Tú, pobre, pobre hombre.  ¿Es que no entendiste para que se te dio la vida, el regalo más grande?’ ‘Cuando vivía no lo entendí, Padre, pero ahora sí, ahora que es demasiado tarde; y créame, Padre, que me arrepiento, y bastante’. ‘Entonces pasa’ dirá Pablo y haciéndose a un lado agregará: ‘en la casa de tu Padre hay campo para todos, hasta para las ovejas solas y estúpidas’.
Al final uno se da cuenta que talvez Coetzee nunca quiso escribir una historia sobre un hombre con una sola pierna y una enfermera forastera, casada, y con hijos; que talvez quiso explorar su propia relación con sus personajes.  Es ahí cuando uno sabe por qué el sudafricano se ganó el premio Nobel de literatura.
Paris, octubre 26, 2010

2 comentarios:

Novosaurio dijo...

Precisamente lo adquirí el pasado fin de semana. Me habían recomendado este autor, pero ningún título en concreto, y estuve un rato leyendo las sinopsis de las obras disponibles. Elegí 'Un hombre lento' porque me pareció sugerente...

A ver qué tal. Saludos y letras

www.novosaurio.com

El Memo dijo...

Me he leído casi todos los libros de Coetzee, los mejores son La Edad de Hierro y El Diario de un Mal Año, ambos son preciosos.

Yo creo que Hombre Lento trata sobre superar la adverisdad y encarar la realidad de las cosas. Si mal no recuerdo Paul siente un amor más platonico que carnal por Margarita y es Elizabeth quien le da soluciones practicas, que buscan desmoronar su idealizacion de la enfermera.

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