La nieve del almirante

Autor: Álvaro Mutis
En el Crac de los Caballeros de Rodas, cuyas ruinas se levantan en un acantilado cerca de Trípoli, hay una tumba anónima que tiene la siguiente inscripción: «No era aquí».
Por allá en el 2005 quien escribe esta reseña leyó por primera vez Los viajes y tribulaciones de Maqroll, el Gaviero.  El descubrimiento fue inmenso y la lectura de sus siete novelas sirvió para fortalecer los lazos con los libros.  Maqroll es uno de esos personajes que nunca se olvidan, que se quedan con nosotros, porque ejemplifican lo que siempre quisimos ser y no pudimos.  Un amigo escritor dijo que era su personaje literario favorito porque era el único del cual sentía envidia.
Cuando se pregunta sobre la obra, son pocos los que la conocen.  Y sin embargo, aquellos que han obtenido el libro, han caído presos del encanto de la gran obra —Álvaro Mutis recibió el premio Príncipe de Asturias gracias, en parte, a ella—.  La historia de un marino moderno que navega por el mundo contándonos sus fortunas e infortunios es simplemente irresistible.  Mutis crea dicho personaje y le somete a aventuras que dejarán al lector con la boca abierta, haciéndolo pensar que era eso para lo que él estaba destinado.  El escritor colombiano, no exento de una larga vida y un conocimiento del ser humano, inocula en su personaje la sabiduría de la edad, sus desilusiones, y reflexiones.
La colección de las aventuras de Maqroll comienza con la novela La nieve del almirante, relato en el que un hombre encuentra, entre las páginas de un libro antiguo comprado en Barcelona, un diario de Maqroll.  En las páginas del diario, el marinero cuenta sus aventuras a través de la selva en busca de un negocio de madera que tuvo un triste resultado.  Mutis, al mejor estilo de Malraux y Conrad, nos cuenta aquel viaje mostrándonos con fluida narración un río que atraviesa una jungla espesa e inmisericordiosa y un planchón de cuatro personajes curtidos.
La forma narrativa utilizada por el colombiano es la narración dentro de la narración, lo cual le permite intrigar al lector con hechos que ya pasaron y que puede o no contar a continuación.  Los hechos pasan a un buen ritmo mostrando con el pasar de estos las diferentes facetas del héroe.
El libro termina con algunos relatos aislados sobre el marinero que dejan al lector con ganas de más.  En las últimas páginas Maqroll aconseja:
Sigue a los navíos.  Sigue las rutas que surcan las gastadas y tristes embarcaciones.  No te detengas.  Evita hasta el más humilde fondeadero.  Remonta los ríos.  Desciende por los ríos.  Confúndete en las lluvias que inundan las sabanas.  Niega toda orilla.
Luego se recrimina:
Hubiera yo seguido con las caravanas.  Hubiera muerto enterrado por los camelleros, cubierto con la bosta de sus rebaños, bajo el alto cielo de las mesetas.  Mejor, mucho mejor hubiera sido.  El resto en verdad, ha carecido de interés.
No para este lector.
Paris, Octubre 16, 2010

José Antonio Velasco

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