El otoño del patriarca



Autor: Gabriel García Márquez
“…carajo, si al menos me quitaran lo bailado que es lo que más me duele, suspiró…”
Gabriel García Márquez escribió El otoño del patriarca entre 1968 y 1975.  Dicen algunos —quizás él mismo— que fue la novela en la que más trabajo y esfuerzo invirtió.  Se nota: la novela es perfecta.
En El otoño del patriarca el Nobel colombiano nos cuenta los últimos años de un dictador, años que pueden ser veinticinco, cien o doscientos por todas las cosas que pasan o porque el peso del poder va moliendo cada día a quien lo carga.  García Márquez utiliza la voz de muchos para contar esa historia increíble, esa trágico-comedia que despierta una especie de compasión por un hombre “grande”, solo, fuerte, e ignorante enfrentado a manejar un país armado de su poder de mando y de la compasión que le brinda su pobre, noble, y anciana madre.
El colombiano muestra en el dictador el retrato de un niño: caprichoso, tierno, cruel, y necesitado de amor.  Todo eso en medio de sucesos exagerados, irreales, pero que no sería extraño encontrar en los libros de historia de algún país latinoamericano.  El dictador es más grande que la vida misma: ve las carabelas llegar a América, muere dos veces, para diluvios, cura enfermos, y “hace que se arrepientan los eclipses”. 
“…de modo que asumió el mando personal de la operación de rescate con la orden irrepetible de que un plazo máximo de cuarentiocho horas lo encuentren vivo y me lo traen y si lo encuentran muerto me lo traen vivo y si no lo encuentran me lo traen, una orden tan inequívoca y temible que antes del plazo previsto le vinieron con la novedad mi general de que lo habían encontrado en los matorrales del precipicio con las heridas cauterizadas por las flores de oro de los frailejones, más vivo que nosotros, mi general…”
Al mismo tiempo García Márquez nos muestra un anciano decrepito —un viejo guanabano— que arrastra sus pies de elefante por la casa presidencial, se orina en las reuniones, y literalmente, de vez en cuando, se caga cuando hace el amor. 
“…cantaba con ellos la canción de Susana ven Susana de sus tiempos de gloria, se asomaba por las claraboyas del granero a las cinco de la tarde para ver la salida de las niñas de la escuela y se quedaba extasiado con los delantales azules las medias tobilleras, las trenzas, madre, corríamos asustadas de los ojos de tísico del fantasma que nos llamaba por entre los barrotes de hierro con los dedos rotos del guante de trapo, niña, niña, nos llamaba, ven que te tiente, las veía escapar despavoridas pensando madre mía Bendición Alvarado qué jóvenes que son las jóvenes de ahora..
Alguien podría decir que la obra es una parodia del poder, pero las parodias pocas veces son tan elegantes o tan bien escritas.
La estructura de la obra es una gran parte de su grandeza.  El otoño del patriarca puede no ser la novela insignia del escritor colombiano, pero en la humilde opinión de quien escribe esta reseña, es aquella que demuestra su gran talento artístico, su gran capacidad para manejar el idioma.  García Márquez no utiliza un sólo narrador para contar los últimos años de su dictador.  Él nos cuenta la historia, usando pocos puntos seguidos u aparte y encarnando las voces de quienes participan en la novela.  El autor cuenta su historia sin confundir, deleitando al lector con lo variopinto de los cambios, con los diferentes ángulos de los personajes, todo esto sin interrumpir el flujo y más aun, desafiando una cronología.  La obra es entonces un collage, una pintura llena de imágenes dislocadas, pero que de igual forma cuenta la historia adecuada y cuerda del otoño de un patriarca.
El asunto con Gabriel García Márquez es que es difícil decidir cual de sus novelas es la mejor.  El Nobel colombiano es un maestro de la historia, es decir, de la capacidad de meter al lector en una historia que, aunque es obviamente ficción, tiene algo que nos hace pensar “yo he escuchado antes algo así” o nos lleva a tiempos pasados —no muy pasados— que juegan en nuestra cabeza con la traicionera y engañosa nostalgia.  Es un autor difícil de reseñar pues su impacto depende mucho de quien lo lea.  Todos podemos leer a Dickens y transportarnos a la Francia o a la Inglaterra antigua; o a Mark Twain e imaginarnos los Estados Unidos del siglo pasado.  Pero es diferente si se es latinoamericano y se lee a García Márquez: la Latinoamérica ficticia del colombiano es hoy, y un norteamericano, un asiático o un europeo, jamás podrá entenderlo hasta que haya pasado una buena temporada en nuestra amada tierra.  Para ellos la obra de García Márquez será ficción, 100%.  Para nosotros es una exageración de una realidad que aun vive en los rincones de nuestros países.
…cuando yo me muera volverán los políticos a repartirse esta vaina como en los tiempos de los godos, ya lo verán, decía, se volverán a repartir todo entre los curas, los gringos y los ricos, y nada para los pobres, por supuesto, porque ésos estarán siempre tan jodidos que el día en que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo…
Fuera de eso —es decir, la historia— está el idioma que maneja el colombiano, un español latinoamericano, original, que demuestra toda la grandeza, diversidad, y riqueza del continente.  Un lenguaje sonoro que combinado con la historia que cuenta explota en nuestras mentes haciéndonos esbozar una sonrisa o a veces una carcajada.  El otoño de patriarca es frecuentemente lectura obligatoria en ciertos colegios.  Por su complejidad literaria, ésta puede no ser la mejor opción y sin embargo es un deber para alguien que ame las letras.  Con este libro se conoce la gran capacidad de García Márquez, la combinación perfecta de su capacidad artística y su casi improbable imaginación.
Paris, septiembre 24, 2010

José Antonio Velasco
PS: Anexo, un pequeño video de cómo y por qué surgió El otoño del patriarca.

1 comentario:

Alejandro Cernuda dijo...

Sin dudas la novela de dictadores ha sido uno de los mayores aportes de las letras hispánicas al acervo. Desde que Sarmiento escribió Facundo no han parado de escribirse estas novelas y por cierto, tampoco las dictaduras. El otoño del patriarca es una de las mejores. Un abrazo.

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