Los revoltosos de la Bounty y El maestro Zacharius


Autor: Julio Verne

En 1879 Julio Verne publicó Les révoltés de la Bounty, un pequeño relato sobre un barco comercial inglés cuya tripulación se amotinó a finales del siglo XVIII.  Los revoltosos, hartos de los malos tratos del capitán, le dejaron en compañía de sus seguidores y los que no se amotinaron, flotando a su suerte en alguna parte cerca de Australia.  Verne nos cuenta las dos historias —la de los rebeldes y la del capitán— queriendo dejar una reseña literaria sobre los hechos.  El asunto fue bastante difundido en la época ya que el capitán logró regresar con su tripulación, y el gobierno inglés logró capturar uno que otro insubordinado.  Verne no fue el único que escribió al respecto.
Maître Zacharius es un gran cuento.  En este relato, Julio Verne muestra su creatividad, su amor por la ciencia, y su conocimiento del ser humano.  Es un cuento sobre la codicia, el amor por el trabajo, y hasta algo de religión.  El maestro Zacharius es un viejo y célebre relojero que está en el proceso de crear su obra maestra: un reloj hecho con joyas.  El hombre vive sus últimos años gozando de su reputación y del amor de su hija y de su aprendiz cuando un día, sin que él pueda descifrar cómo ni por qué, sus relojes, sus perfectos relojes, comienzan a fallar.  Y así mismo, el viejo comienza a caer enfermo, a sentir como si cada reloj que parase fuese un poco del corazón que se le muere.  El viejo, frustrado, se encierra en su taller a trabajar, a analizar la causa de la avería de sus creaciones.  Él las desarma y las vuelve a armar: las piezas y el trabajo es perfecto, pero los relojes no corren.  Intenta entonces hacer uno nuevo, el de las joyas, pero éste explota en sus manos.  Al final el viejo recibe una visita del diablo, que como el lector puede esperar, está dispuesto a solucionarle el problema a cambio de su joya más preciada.  Todos los relojes del anciano siguen fallando, muriendo, y con ellos, con la muerte de su trabajo, él muere otro poco.  Hasta que sólo queda uno.  El anciano, con toda su sabiduría pero creyendo que éste es su alma, peca de orgullo.
El cuento es corto, pero con varias capas de complejidad.  Verne, hace del viejo un reloj —¿no lo somos todos?—, y le da a su profesión la importancia del alma; nos dice, que lo queramos o no,  nosotros somos lo que hacemos.  Sin embargo al final, el francés nos propone reflexionar sobre aquello que nos ha inculcado: ¿Hasta que punto hay que llegar para proteger el orgullo sobre el trabajo hecho?  Lo que hace o deja de hacer el maestro no importa.  La pregunta queda.
Paris, Julio 4, 2010

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