La reina muerta

Autor:  Henry de Montherland
¡O mi Dios!  Que en este respiro que me queda, antes de que la arena me cubra y me aplaste, hagas que ella corte este horroroso nudo de contradicciones que yacen en mí, para que un instante antes de dejar de existir, sepa finalmente quien soy.
En noviembre de 1942, recién empezada la segunda guerra mundial, Henry de Montherland escribió La Reine morte a petición de un amigo que trabajaba en teatro.  El francés la escribió en 5 semanas dejando así una de sus obras más conocidas.
La reina muerta tiene cuatro personajes principales: el Rey Ferrante, el príncipe Don Pedro, la Infante de Navarra, e Inés de Castro.  Los tres últimos son jóvenes haciendo del rey el único curtido en cuestiones de amor y gobierno.
La trama es una de las más viejas del mundo, pero no por eso deja de ser interesante —y dolorosa—.  El rey quiere casar a su hijo con una mujer dueña de otro reino que le pueda otorgar tierras, poder, y dinero.  El hijo, que con toda razón y sensatez se rehúsa a aceptar el sacrificio de su vida, se adelanta y se compromete con una mujer buena, mas de origen humilde.
Todo esto se sabe en las primeras páginas de la obra, pues no era esto de lo que el francés quería hablar.  Entrando en lo que sería la segunda guerra mundial, Montherland quiso tratar el tema del abismo humano.  Por abismo debemos entender la tendencia de saber la decisión correcta y, a pesar de esto, tomar la errónea; estar cansados de todo, incluyendo la situación y la vida, incitándonos a mandar todo al carajo.
El rey, tratando de hacer entrar a su hijo en razón, intenta utilizar la influencia de Inés —la mujer que su hijo ama— sobre éste.  En el proceso el monarca conoce su talante bueno y noble y admite en ella un ser digno de su admiración.  Pero la salida aparentemente fácil es el asesinato.  El rey debate con sus asesores y consigo mismo.  Al final, echándole la culpa a sus obligaciones como gobernante, mata a la mujer matando también en si, la última pizca de bondad  que le mortificaba las entrañas. 

Soy prisionero de lo que he sido.  Una de las damas de honor de la Infanta me dijo que ella estaba siempre crucificada sobre ella misma.  Yo también, de otra manera, estoy crucificado sobre mí mismo, sobre los deberes que para mí no son menos reales.  Ya no estoy dentro mi armadura de hierro.  ¿Entonces en dónde estoy?
La edición sobre la cual se hace esta reseña tiene como valor agregado la narración de unos prisioneros de guerra que decidieron revivir la obra en medio de su reclusión.  El relato es conmovedor.  La obra fue puesta en escena en frente de soldados alemanes que quizás, como el monarca, se debatían en el dificilísimo campo de la moral.
Julio 22, Barcelona, España

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Las más populares