El siglo de las luces

Autor: Alejo Carpentier
Cuando la Revolución le era presentada como un acontecimiento sublime, sin taras ni fallas, la Revolución se le hacía vulnerable y torcida.  Pero ante un monárquico la hubiera defendido con los mismos argumentos que lo exasperaban cuando salían de boca de un Collot d’Herbois.  Aborrecía la desaforada demagogia del Pére Duchesne, tanto como las monsergas apocalípticas de los emigrados.  Se sentía cura frente a los anticuras, anticura, frente a los curas; monárquico cuando le decían que todos los reyes —¡un Jaime de Escocia, un Enrique IV, un Carlos de Suecia, dígame usted!— habían sido unos degenerados; antimonárquico, cuando oía alabar a ciertos Borbones de España.  “Soy un discutidor —admitía, recordando lo que Victor le había dicho unos días antes—.  Pero discutidos conmigo mismo, que es peor.”
Alejo Carpentier publicó El siglo de las luces en 1962 después de haber pasado una estadía de casi 10 años en Venezuela.  Es una novela que hay que leer, una historia que atrapa, maestralmente narrada con el estilo barroco —lleno de adornos— que tanto caracterizó al autor cubano.
El texto cuenta la historia de tres personajes a finales del siglo XVIII, que se ven atrapados en el caribe en medio de los oleajes causados por la revolución francesa.  Sofía y Esteban, dos primos de menos de veinte años, criados en un mismo hogar lleno de lujos y de los libros que en ese entonces llegaban a Cuba, conocen un día a Victor Hugues, marsellés y comerciante que habitaba en ese tiempo lo que ahora es Haití.  El marsellés, partidario inicialmente de todo lo que significaba la revolución francesa, sacó del tedio a los dos primos, mostrando lo que era el sexo a Sofía y llevando a Esteban a lugares donde la revolución se estuviera dando.  El resto de esta novela histórica se desarrolla en los acontecimientos vividos por los primos, que sin querer, giran alrededor de Hugues.  Hugues, que de verdad existió, va degenerándose a través de las páginas.
En las hojas de este libro se vive —por unas descripciones del mismo estilo a las de García Márquez— un caribe exótico, salvaje, que trata de alcanzar a Europa con torpes y dolorosos esfuerzos.  Carpentier logra con sus tres personajes contar la historia de una revolución, una historia más bien triste y patética, pues la revolución —palabra vieja, pero ingastable— acaba traicionada por los mismos que la incitaron.  Carpentier nos mete entonces en barcos, en islas, en revueltas y motines.  En su historia nos muestra una guillotina que desde lo alto avisa a los habitantes del pueblo lo fatal e inmisericordioso de un castigo.
1963 fue el año de la publicación de este gran libro, sólo tres años después de la revolución cubana.  Carpentier murió en Paris en 1980 dejando un gran legado literario.  Con seguridad para esta época él ya había hecho el paralelo entre la novela que escribió, la revolución del país que lo vio morir y aquél que le vio nacer.
Paris, julio 9, 2010

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