Morir con papá

Autor: Óscar Collazos
«Como si sólo existiera el pasado» —ha repetido para sí el padre.  Es como si midiera la exactitud y las razones de esa réplica, como si buscara los motivos que tiene el hijo para decir que la tristeza y el pasado son una misma cosa.
    —Todo lo que se va es triste —dice al fin el padre—.
Mucho se ha escrito sobre la violencia en los barrios de Colombia.  Rosario Tijeras y La virgen de los sicarios, son sólo ejemplos.  En las páginas de estos libros se encuentran testimonios, ambientes, y situaciones, que si no sucedieron tal y como fueron narrados, fue por falta de imaginación o investigación del escritor.  Luego vinieron otros libros, los de los mismos sicarios y mafiosos que comenzaron a contar sus historias, a documentarlas como pudieron.  A estos no puede dárseles el título de literatura —pues la literatura es un arte y estos carecen de la dedicación que se requiere—, pero no por esa razón deben ser desdeñados de la memoria social.  Al fin y al cabo ellos cuentan una realidad, la realidad de quienes la vivieron, y ¿de qué más pueden hablar cualquier persona?  ¿No es la realidad de un país una suma de realidades individuales?  ¿Y de que más puede nutrirse entonces una literatura nacional?
Sin embargo Morir con papá, puede ser original dentro de todo lo anteriormente descrito.  El libro tiene aproximadamente 140 páginas y quien escribe esta reseña se sentó dos veces a leerlo: en una leyó las primeras 80 y en la segunda lo terminó.  El texto habla del sicariato, sí, mas es planteado desde la perspectiva de una relación padre e hijo.  Un hombre viejo que no sabe qué otra cosa hacer, que intentó ser honrado y no pudo, se ve por casualidades del destino, trabajando con su primogénito en el negocio de matar.  El autor no especifica por cuanto tiempo lo han hecho, pero la relación, que no se desarrolló en el ambiente de familia, lo hizo en el ambiente laboral en el que el padre, con cierto paternalismo invalido, se limitó a enseñarle a su descendencia las bases de aquella labor.
En este tipo de libros las cosas siempre terminan mal —el título lo dice todo— y es mejor dejar que el lector devore sus páginas para saber el final.  Vale la pena mencionar que la narración es superior, que los personajes son elaborados, y que ese narrador omnisciente, esa persona detrás del libro y que lo cuenta con palabras más bien lacónicas, deja ver una ternura, un inmenso pesar por sus personajes y por esa realidad.  Si alguna vez alguien pidiera a quien escribe una recomendación sobre esta categoría de libros, Morir con papá sería la indicada.
Paris, mayo 9, 2010

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