La educación sentimental

Autor: Gustave Flaubert

Flaubert se quejó de que su Educación sentimental no hubiese sido entendida.  Y aunque en su época fue una de sus obras más criticadas, el tiempo y aquellos que la comprendieron, supieron reponerle la grandeza robada.
L’Éducation sentimental puede ser descrita simplemente como la historia de un joven a la que la vida quiso tratarlo bien, pero él no se dejó.  El gran escriba francés estructura su novela en tres partes: la primera empieza con nuestro héroe, Frédéric Moreau, llegando a París con sueños grandes, intelectuales y nobles, pero no por ello, imposibles.  Los comparte con su amigo Deslauriers, quien a su vez fantasea con un gran futuro político.  En el transcurso de su llegada, Frédéric conoce a Madame Arnoux, mujer mayor que él y casada, de la cual se enamora perdidamente —con sólo verla y ayudarle a escapar de un tropezón— hasta el fin de sus días.  Durante esta primera parte, el joven se hace amigo de su esposo y frecuenta el negocio donde ella aparece esporádicamente, convirtiéndose en la patética imagen del perro que vela por comida.  Los lazos entre los dos personajes principales se estrechan, pero manifestándose más bien como una hermosa amistad que el joven mal interpreta a cada instante. 
En la segunda parte Frédéric desarrolla otras características, siendo la inocencia 
—o la estupidezla más aguda de todas.  El tipo derrocha la ayuda financiera de su madre —quien tampoco es muy brillante—, y se ve obligado a volver junto a ella en un ambiente rural que nada tiene en comparación con la vida agitada y cosmopolita de Paris.  Ahí conoce a otra de sus mujeres, Louise —en ese momento una simple niña—, hija del tipo que desvalija con prudencia a su progenitora.  Debido a la ruina económica, Frédéric echa al olvido sus sueños y anhelos, hasta que la vida le regala una segunda oportunidad: un tío muere y le hereda una fortuna decente que podría garantizarle un buen comienzo.  El joven inmediatamente regresa a París con la naturaleza juvenil más ferviente que nunca —es decir la irresponsabilidad—.  En esta parte ocurren muchos otros eventos, incluyendo el encuentro con Rosanette, quien era la amante del señor Arnoux, y con quien empieza a competir por el amor de ésta.  El duelo más ridículo de la historia tiene lugar.
La tercera parte tiene un desenlace encantador: en una especie de ciclo Frédéric y Deslauriers, después de sus múltiples fracasos, desilusiones y desengaños, terminan juntos hablando de la vida que pudo ser y no fue.  Los otros detalles serán dejados al lector que quiera conocer esta gran obra.
Para quien escribe esta reseña, el final, difícilmente pudo ser mejor.  Es aquí donde se puede apreciar la grandeza de la obra.  Flaubert repitió hasta el cansancio que quería retratar su época.  Fue más allá y dijo también que esa era su historia y que de todo lo que había escrito antes, esto era lo que había querido hacer —él había escrito una primera versión en 1845, pero la final, muy diferente, fue publicada en 1869—.  El lector no va a enamorarse de Frédéric, seguramente habrá de considerarlo un idiota, pero en ningún momento dejará de cuestionarse —o reconocer— que ha o pudo haber cometido la misma tontería.  Con La educación sentimental, Flaubert, que no carecía de ironía, se pone él mismo en el banquillo, pero lo hace encarnando su mundo, sus amigos, su sociedad; lo hace, de alguna manera, remplazándonos a todos.  Hace una semana, un buen amigo preguntó que tal era el libro.  La respuesta fue que aunque en pocas ocasiones había leído un libro con tantas ridiculeces, la obra estaba lejos de ser ridícula. 
—Como la vida —dijo él. 
—Sí —le respondí—, como la vida…
Paris, marzo 24, 2010

2 comentarios:

song ji ae dijo...

Me gusta como lo escribió, invita mucho a leerlo. Es un hecho, lo leeré. Gracias por la publicación. Saludos :)

song ji ae dijo...

Me gusta como lo escribió, invita mucho a leerlo. Es un hecho, lo leeré. Gracias por la publicación. Saludos :)

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